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Messi propaga su eternidad en el Camp Nou ante un Bayern débil

Una sombra macabra persigue a Josep Guardiola. Es española. El año pasado fue devastado por el Real Madrid en Baviera en una batalla en la que falló la artillería. Ahora, Lionel Messi, jefe de brigada de un Barcelona postrero, le hunde en el Mediterráneo.
Mauricio Mejía
06 mayo 2015 21:43 Última actualización 07 mayo 2015 5:0
Messi se dispuso a propagar su genialidad en las laderas del tiempo. (Reuters)

Messi se dispuso a propagar su genialidad en las laderas del tiempo. (Reuters)

Una sombra macabra persigue a Josep Guardiola. Es española. El año pasado fue devastado por el Real Madrid en Baviera en una batalla en la que falló la artillería. Ahora, Lionel Messi, jefe de brigada de un Barcelona postrero, le hunde en el Mediterráneo. La de ayer fue una noche amarga para el técnico que cambió para siempre las formas del futbol. Su recuerdo es más poderoso que su presente, por muy duro que parezca: averiado, su Bayern no estuvo a la altura de una trascendental cita con la historia. Así. Contundente la realidad del míster.

Messi, en cambio, se dispuso a propagar su genialidad en las laderas del tiempo. Sus dos goles de ayer, uno de rutina y otro de artista refinado, resolvieron un debate entre dos conjuntos temerosos y erráticos. Hasta el minuto 75, el duelo era un conflicto de personalidades con los mismos gestos y los mismas manías.

Acostumbrados a la posesión de la pelota (entre el 60 y el 70% del tiempo de la mayoría de sus desafíos), el Barsa y el Munich no supieron de entrada cómo resolver el conflicto contra sus respectivos espejos. Guardiola no tenía los hombres necesarios para salir ileso del campo en el que fue gurú. La realidad era tan intelegible como los movimientos del astro argentino, dispuesto inicialmente al decoro del obrero, ese que sirve la mesa antes de convertirse en sibarita.

Con el juego estrecho, cerrados los espacios por un visitante distraído en la zaga central, Messi buscó afanosamente el momento de darle quiebre a la retórica de la pelota. Y lo hizo de manera tan extraordinaria que en él parece tan natural. Boateng, el encargado de pasar como víctima del 10 catalán, cumplió sobradamente con su función: nunca tuvo manera de defenderse ante las burlas del incontrolable artista del área.

Neuer, el mejor arquero del mundo, no atinó a atajar la tremenda pincelada messiniana,como sí lo hizo con jugadas de Suárez en el primer tiempo. Cuando la pelota entró en el arco alemán, Guardiola miró cómo se venían abajo sus aspiraciones para volver a la final de la Champions. Munich nunca estuvo tan lejos de Berlín como en la noche de ayer. Cuando cayó el tercero, en las postrimerías del reglamento, cuando Neymar incrustó la daga en el pecho bávaro, el míster mostró las muecas del dolor más insoportable para su carrera: el de la derrota; gesto parecido al de un año atrás cuando el Madrid.

El Bayern debe cumplir con ciertas cualidades alemanas para solventar la deuda: la lucha, el orden, la voluntad, el espíritu y la gallardía. Además, debe hacer algo que no hizo anoche: anotar. Sí: pero cuatro veces. Y, lo más difícil: no se puede permitir un gol de la ofensiva catalana más productiva de la historia, la de Messi, Neymar y Suárez.

Luis Enrique, actor secundario en el duelo Guardiola-presente contra Guardiola-futuro, tiene, contra lo que se imaginaría, la oportunidad de pisar ya sus propios pasos.

Se cotiza 
El Barsa no sólo gana en la cancha; según la revista Forbes también suma en la lista de los equipos más caros del mundo. Detrás del Real Madrid (valuado en 3 mil 260 millones de dólares), el club azulgrana tiene un precio de mercado estimado en 3 mil 160 millones; el Manchester United es tercero y el Bayern Munich es cuarto.