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'Medea': la tragedia se revela más actual que nunca

Para Dobrina Cristeva, quien protagoniza la versión libre de Germán Castillo sobre la obra de Eurípides, el personaje es más que una asesina, por su circunstancia y por sus actos.
Rosario Reyes
24 mayo 2016 20:59 Última actualización 25 mayo 2016 5:0
El montaje de Germán Castillo apuesta por alejarse del melodrama para tocar emociones reales. (Cortesía)

El montaje de Germán Castillo apuesta por alejarse del melodrama para tocar emociones reales. (Cortesía)

El mito de Medea ha trascendido como la mujer que por despecho mató a sus hijos. Pero para Dobrina Cristeva, quien protagoniza la versión libre de Germán Castillo sobre la obra de Eurípides, el personaje es más que una asesina. Por su circunstancia y por sus actos, Medea, asegura la actriz, “comete un acto tan contra natura, que entra en otra casta de seres”.

En el montaje, que cumple una tercera temporada en el Teatro Santa Catarina de la UNAM hasta el 26 de junio, se plantea una pregunta: ¿qué hay después de la venganza?

“Cada espectador deberá responderse”, comenta Cristeva. “Pero en la tragedia, la protagonista queda con un enorme vacío. Hay textos que hablan en ese sentido: ‘lo que hice fue como matarme a mí misma, pero no podía dejar de hacerlo. No podía decidir’, dice ella. Es tan fuerte el impulso, la pasión, que no puede pensar, simplemente lo lleva a cabo y después sólo le queda la náusea”.

Castillo dice que la presencia del mito de Medea a lo largo de la historia occidental se debe en gran medida a la reiterada aparición de sucesos similares en la vida real. Una idea que la protagonista comparte y menciona como ejemplos el caso de la mujer que inspiró al cineasta Felipe Cazals para filmar Los motivos de Luz, así como las luchas descarnadas en que se pueden convertir los procesos de divorcio de las parejas con hijos.

“Pueden llegar a ser una pesadilla, porque los padres se manipulan, se chantajean, se roban, se destruyen. No matan físicamente a sus hijos, pero los vuelven un instrumento de venganza, de los actos más mezquinos de un padre hacia el otro”, advierte.

La propuesta del director evita el melodrama y se basa en el ambiente trágico de la obra original, para contarla sin juicios morales. Cristeva reconoce que tuvo que hacer un exhaustivo trabajo de interpretación para ponerse al nivel de esa circunstancia, bajo la guía del director.

Germán Castillo frenó todos mis impulsos de volver a Medea un mar de lágrimas, para lograr un personaje más grande, con una dignidad muy distinta. Ése fue el verdadero reto: convencer a la gente de que esto es real, que un ser humano sí puede llegar hasta allá y cometer estos actos de violencia”, comparte.

La trama explora también la ambición y la traición, en la que, por el deseo de poder, Jasón se compromete con Glauce, la hija de Creonte, rey de Corinto, a pesar de estar casado con Medea y tener con ella dos hijos.

Jasón destierra a su esposa legítima y ella pide un día de plazo para abandonar el reino. En ese tiempo de gracia, le obsequia a Glauce una corona de oro envenenada y tras la muerte de su rival, Medea asesina a sus hijos, para evitar que su padre lo hiciera.

Se trata de una obra que en el ámbito de lo simbólico es actual, destaca la protagonista. “Es que, en todos los tiempos, las alianzas de poder han existido, igual que las pasiones. La tecnología ha avanzado, pero la sicología sigue siendo la misma”.