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Masaryk se resiste a revivir

La emblemática calle de Polanco que se resiste a quedar lista. No importan los anuncios oficiales que se dan una y otra vez de que los autos y peatones ya pueden transitar en el tramo de Molière y Arquímedes. Ni así llegan los clientes.
Rafael Montes
12 noviembre 2014 22:35 Última actualización 13 noviembre 2014 5:0
Aunque la reanudación del tránsito para autos y peatones es un hecho en el primer tramo que se intervino, no significa que las obras hayan terminado. (Cortesía)

Aunque la reanudación del tránsito para autos y peatones es un hecho en el primer tramo que se intervino, no significa que las obras hayan terminado. (Cortesía)

Masaryk es la calle que se resiste a quedar lista. No importan los anuncios oficiales que se dan una y otra vez de que los autos y peatones ya pueden transitar en el tramo de Molière y Arquímedes. Ni así llegan los clientes.

Ni siquiera el triunfo de la Selección mexicana hizo revivir a la avenida y a sus restaurantes. No se escucharon los gritos de la euforia futbolera. No hubo mesas llenas, ni el ruido del ir y venir de los tarros de cerveza. No hubo gente. En el Nautilus, su gerente, Óscar Sotres, dice que la rehabilitación todavía no está redituando. “Sin terrazas, nos van a matar”, opina.

El restaurante Lucky Luciano, de la esquina de Presidente Masaryk y Newton y Arquímedes, el primero del tramo ya reabierto, lucía vacío en plena hora futbolera. Su vecino, el Tennesse, reunió a poca gente, de la que sólo algunos volteaban a ver la televisión.

Porque aunque la reanudación del tránsito para autos y peatones es un hecho en el primer tramo que se intervino, entre Arquímedes y Molière, eso no significa que las obras hayan terminado.

Por lo tanto, todavía hay trabajadores colocando pisos y ultimando detalles que no necesariamente tienen que ver con la infraestructura eléctrica que sigue pendiente. Y contrario a lo prometido, los automóviles siguen invadiendo las banquetas, mientras que otros se siguen estacionando en pleno arroyo vehicular, sin que alguien los quite.

A pesar de que La Casa del Pastor, uno de los restaurantes más afectados porque por meses tuvo en su fachada montañas de tierra y cascajo, ubicado en Musset y Masaryk, ya comenzó a recuperarse con una promoción para los trabajadores de oficina, lo que ha hecho regresar a 30 por ciento de su clientela perdida, en el local de junto, el Torobi, su gerente Raúl Sánchez dice que mientras no estén listos los tramos de Arquímedes a Mariano Escobedo, y de Molière a Periférico, ni el Buen Fin podrá ayudarlos.