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culturas

Mariposas amarillas inundaron la ciudad

A las 16:00 horas se abrió la puerta del Palacio de Bellas Artes, por donde salieron Mercedes Barcha, viuda del escritor, y sus hijos Gonzalo y Rodrigo, acompañados por el presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, quien portaba la urna con los restos del autor de "Cien años de soledad".
Carmen García Bermejo
22 abril 2014 0:21 Última actualización 22 abril 2014 5:0
El último adiós al maestro del realismo mágico. (Cuartoscuro)

El último adiós al maestro del realismo mágico. (Cuartoscuro)

La fila se extendió sobre la avenida Juárez hasta el final de la Alameda. En el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, las Danzas Rumanas de Béla Bartók anunciaban el inicio del homenaje nacional a Gabriel García Márquez. El cubo de color caoba que contenía sus cenizas se colocó en un pedestal sobre la alfombra roja, y una lluvia de aplausos recibió al Premio Nobel de Literatura (1982).

A las 16:00 horas en punto se abrió la puerta del Teatro del Palacio de Bellas Artes, por donde salieron Mercedes Barcha, viuda del escritor, y sus hijos Gonzalo y Rodrigo, acompañados por el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa, quien portaba la urna con los restos del autor de "Cien años de soledad", y la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes, María Cristina García Cepeda.

Ellos montaron la primera guardia de honor junto al pedestal sobre el que reposaban las cenizas del Nobel, que estaba rodeado de rosas amarillas. A lo largo del vestíbulo se distribuyeron nueve grandes ramos y dos coronas florales del mismo color. Las flores amarillas eran las favoritas de García Márquez, pero también las usaba como amuleto para, según él, “dispersar las malas vibras”.

Afuera, la gente se formó desde las 10 de la mañana. Para las tres de la tarde, la cola se desdoblaba hasta alcanzar el Hemiciclo a Juárez y, una hora después, hasta el fin de la Alameda. Las puertas del palacio se abrieron para la ciudadanía hasta las 16:30, una vez que las primeras cuatro guardias de honor se habían montado.

La alegría del vallenato
Durante todo el homenaje -que tuvo una duración de cuatro horas y media-, el Cuarteto Clifton interpretó la música clásica que le gustaba al escritor homenajeado, y la Camerata Instrumental de México tocó el coro Va pensiero, de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi.

El vestíbulo, acordonado, se reservó para amigos, familiares, funcionarios e invitados especiales. La gente común transitaba frente a las cenizas en grupos, para no causar aglomeraciones. Muchos jóvenes se llevaban en recuerdo una fotografía de la urna, tomada con el celular.

Sólo hubo llanto cuando los nietos de García Márquez rodearon los restos de su abuelo. Pero fue la música lo que les devolvió la sonrisa al semblante, cuando un trío costeño de Colombia interpretó piezas de vallenato y provocó el sonar de las palmas entre los asistentes. Las nietas del escritor bailaban en sus asientos y se abrazaron.

El desfile de personalidades y amigos de Gabo no cesaba. Escritores, periodistas e intelectuales estaban en primera fila; Héctor Aguilar Camin y Ángeles Mastreta; Jacobo Zabludovsky, Porfirio Muñoz Ledo, Homero Aridjis, Adolfo Castañón, Silvia Lemus y William Ospina, entre otros, montaron guardia, como también lo hizo el actor ítalo-colombiano Salvo Basile, protagonista en varias películas con guión de Garcia Márquez.

Asimismo se presentaron Enrique Santos y Roberto Pombo, director y ex director, respectivamente, del periódico "El Tiempo de Colombia", donde
el autor de "El coronel no tiene quien le escriba" comenzó a ejercer el periodismo
, así como el periodista Ramón Alberto García, con quien García Márquez dirigió la revista "Cambio" en México.

A las 19:10 horas, las puertas del Palacio de Bellas Artes se cerraron para los ciudadanos y en el vestíbulo se colocaron las banderas de México y Colombia para flanquear las cenizas de García Márquez. El presidente de México, Enrique Peña Nieto y su contraparte de Colombia, Juan Manuel Santos, pronunciaron un breve mensaje durante la ceremonia oficial. Al culminar ésta, las puertas de Bellas Artes se volvieron a abrir para que la gente que esperaba, pasara a darle el último adiós a Gabo, a ritmo del vallenato que los músicos costeños interpretaron.