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Marina de Tavira: El teatro pervive en la dramaturgia

La actriz defiende el texto como sustancia del arte. La obra "La Anarquista", de David Mamet, en la que actualmente participa, la ha hecho vivir y comprobar una de las grandes enseñanzas de su tío Luis de Tavira: actuar es pensar.
Myrna I. Martínez
21 octubre 2015 20:59 Última actualización 22 octubre 2015 5:0
"Soy una amante de la dramaturgia, de los grandes textos, es la forma en la que yo hago teatro. Creo que es el punto de partida", dice la actriz. (Braulio Tenorio)

"Soy una amante de la dramaturgia, de los grandes textos, es la forma en la que yo hago teatro. Creo que es el punto de partida", dice la actriz. (Braulio Tenorio)

Marina de Tavira respeta los diversos acercamientos al teatro, incluyendo el posdramático, que prescinde del texto. Sin embargo, ella es más conservadora, lleva el teatro clásico en la sangre, lo entiende, lo vive y disfruta a partir de la letra escrita.

De niña tuvo su primer acercamiento al arte dramático como espectadora. Asistía a los montajes de su tío, el maestro Luis de Tavira, y veía en el escenario a Rosa María Bianchi, Julieta Egurrola o a Margarita Sanz, y pensaba: “yo quiero hacer esto”.

“Definitivamente soy una amante de la dramaturgia, de los grandes textos, es la forma en la que yo hago teatro. Sí creo que la dramaturgia es el punto de partida; aunque podría considerarse un punto de vista conservador, es lo que me apasiona, ahí empieza lo que uno quiere decir”, dice.

La actriz se califica como “espectadora de espectáculos increíbles creados de otra manera”, pero lo que más le gusta siempre ha sido a la pesca de obras monumentales.

No sólo los clásicos -advierte- llegan a mostrar esas complejidades, existen dramaturgos contemporáneos que han logrado trascender el tiempo y que por su dramaturgia seguramente se seguirán montando a través de los siglos.

Es amante de los clásicos. Ha interpretado obras de Molière, Lope de Vega, Brecht, o reinterpretaciones de universos shakespereanos y griegos. Para la actriz es esencial acercarse a estos autores, sus letras siguen siendo reveladoras.

“Estudié la carrera en La Casa del Teatro, fue una formación con muchísima teoría y pensando el teatro desde la investigación; era una escuela muy intelectual”; explica. “Desde el principio empecé haciendo Molière, Brecht, Lillian Hellman... siempre me he sentido muy privilegiada; me ha tocado hacer grandes obras”, dice, sin vanidad.

En los griegos y en los clásicos encuentra la esencia del comportamiento humano, son paradigmáticos. Fue a ver Hamlet y confirmó su tesis de que siempre debería montarse. Porque habla de algo esencial: el conflicto con la duda, que, según De Tavira, nunca va a acabar. Porque la humanidad sigue siendo la misma desde entonces; las personas sufren los mismas contradicciones de aquella época.

No sólo los clásicos -advierte- llegan a mostrar esas complejidades, existen dramaturgos contemporáneos que han logrado trascender el tiempo y que por su dramaturgia seguramente se seguirán montando a través de los siglos. Entre ellos, Harold Pinter, uno de sus autores favoritos, y David Mamet, caracterizado por mostrar grandes batallas dialécticas entre los personajes.

La obra La Anarquista, de Mamet, en la que actualmente participa en el Teatro El Milagro bajo la dirección de Enrique Singer, la ha hecho vivir y comprobar una de las grandes enseñanzas de Luis de Tavira: actuar es pensar.

Mamet es el gran dialoguista del teatro, es impresionante. Hay un naturalismo en la conversación que es tremendo, los personajes siempre se están interrumpiendo, un poco como hacemos en la vida, y una palabra es un pensamiento. Como dice Enrique Singer, sus textos son la punta del iceberg y atrás está el pensamiento”, observa.

Mamet no es autor fácil, confiesa. Al principio tuvieron que romperse la cabeza para entenderlo, si no lo hacían antes de actuarlo hubiera sido interpretar algo sin sentido y el público se hubiera perdido.

“Los personajes apenas dicen dos palabras y eso está anclado a un pensamiento. Es críptico y complejo, tuvimos que hacer muchísimo análisis y, por supuesto, trabajar la rítmica. Poco a poco fue adquiriendo sentido, a esto me refiero cuando digo que hay que pensar el texto, el personaje tiene que estar todo el tiempo llegando a conclusiones, no es nada más repetir como merolico. Es realmente pensando y eso lleva a la verbalización”, afirma.

En La Anarquista, la última obra de Mamet, se confrontan los pensamientos de dos mujeres: Ann, una funcionaria que en cuyas manos está otorgarle la libertad a Cathy, interpretada por Lisa Owen, una anarquista encarcelada durante 30 años por el homicidio de un hombre.

“De alguna manera creo que Pinter fue la inspiración de Mamet, le aprendió y creó su propio estilo. Son los dramaturgos de la ambigüedad: plantean, pero no resuelven, no te dan clases, no son didácticos como sería Brecht, quien sí plantea una filosofía, una teoría, una forma de ver el mundo, y te la pone enfrente y la sostiene.Mamet y Pinter enfrentan ideas, pero es el espectador el que tiene que resolver”.

Ese es el reto: descifrar el relato escrito, ataja la actriz, quien tampoco hace moralejas.

UNA VIDA EN ESCENA
Siempre anda en busca de grandes textos y de grandes directores, ha hecho teatro con David Hevia, José Caballero, Raúl Quintanilla, Sandra Félix, Enrique Singer, con quien tiene una gran complicidad en su compañía Incidente Teatro, y, por supuesto, Luis de Tavira.

ACUDA
Obra: La anarquista
Lugar: Teatro El Milagro
Autor: David Mamet
Dirección: Enrique Singer
Horario: Jueves y viernes, 20:30; sábado, 19:00; y domingo, 20:00 horas. Hasta el 1 de noviembre