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deportes

Mariel Hawley,
a conquistar el mar
de Europa a África

La nadadora de aguas abiertas Mariel Hawley intentará cruzar hoy el Estrecho de Gibraltar al lado de su hijo, Eduardo, y su entrenadora Nora Toledano. En esta ocasión no es un trofeo o una causa altruista lo que la impulsa, sino la muerte de su esposo hace casi dos meses a causa de un cáncer cerebral.
Eduardo Bautista
02 julio 2015 23:15 Última actualización 03 julio 2015 5:0
La nadadora mexicana emprende la travesía en honor a su esposo fallecido. (Cortesía)

La nadadora mexicana emprende la travesía en honor a su esposo fallecido. (Cortesía)

La nadadora de aguas abiertas Mariel Hawley intentará cruzar hoy el Estrecho de Gibraltar al lado de su hijo, Eduardo, y su entrenadora Nora Toledano. En esta ocasión no es un trofeo o una causa altruista lo que la impulsa, sino la muerte de su esposo hace casi dos meses a causa de un cáncer cerebral.

La atleta le prometió a su ex marido cruzar este tramo de 22 kilómetros que se extiende entre Europa y África. “Sé que estoy ante una de las mayores pruebas de mi vida”, confiesa la única mexicana que ha conseguido la Triple Corona de aguas abiertas en 2011 (Canal de la Mancha, Isla de Manhattan y Canal de Catalina).

Hawley iniciará su recorrido en Tarifa, España. Si todo sale conforme al plan no tardará más de cinco horas en llegar a Ceuta, en la costa africana. Asegura que el mar en el que se sumergirá es muy inestable. Hay mucho viento y la temperatura del agua ronda debajo de los 20 grados centígrados, lo que dificulta la respiración y merma la resistencia física.

“Nadar en aguas abiertas es retarse a uno mismo y a la naturaleza. Nunca tienes el control de la situación”, comenta quien hace cuatro años cruzó el Canal de la Mancha en honor a su recién fallecido padre. “Estar en el agua es siempre una bendición. No queda más que disfrutarlo”.

Cuando cruzó el Canal de la Mancha en 2011, confiesa que estuvo a muy poco de rendirse. Tenía el estómago lleno de agua, la boca inflamada por la sal y los brazos entumidos por el frío. La oscuridad de la noche tampoco ayudaba. Se dijo a sí misma que nadaría sólo media hora más. Cuando menos lo esperaba sus ojos vieron la tierra.

Asegura que nadar en aguas abiertas requiere de mucha preparación mental, porque la inmensidad marina a veces provoca sensaciones de pánico. Dice que, a diferencia del nado en alberca, en el mar no existen líneas rectas; nunca se sabe qué rumbo se toma con precisión.

En 2007, Hawley cruzó por primera vez el Estrecho de Gibraltar. Lo hizo por relevos con el equipo Sport City México. Esta es la primera ocasión que lo intentará individualmente. Dice que su desafío también tiene una connotación cultural. Desde hace siglos, estas aguas en las que convergen el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico han sido el vaso comunicante entre las culturas europea y africana; también el escenario de grandes batallas, como las Guerras Napoleónicas.

“Es un lugar mágico y maravilloso; un mar que separa, pero a la vez une”, comenta Hawley, cuyo primer cruce individual lo logró en 2009, alrededor de la isla de Manhattan. Recorrió 46 kilómetros en ocho horas y ocho minutos. “Ojalá que las olas que me revolcaron en la vida lo hubieran hecho en el mar”.

Le emociona la idea de que cada que saque su cabeza del agua para respirar, verá a su hijo dando brazadas junto a ella. La natación –sostiene– es una bendición que debe compartirse.