Maquiavelo para intrusos
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Maquiavelo para intrusos

El pensador florentino sigue siendo el favorito de congresistas y presidentes para justificar sus errores, por lo que Israel Covarrubias se ha propuesto desentrañar al verdadero Maquiavelo y liberarlo de mitos y mentiras.

Eduardo Bautista
17/01/2018

En su ensayo sobre Dostoievski, André Gide escribió: “¡Pobre del autor que no pueda ser resumido en una sola frase, porque no será entendido nunca!”. Lo que Gide no aclaró es qué sucede con aquellos pensadores que nunca escribieron la frase por la que son popularmente conocidos. Nicolás Maquiavelo nunca pronunció tal cosa como “el fin justifica los medios”. Mal entendido y en ocasiones llevado al dramatismo, el pensador florentino sigue siendo el favorito de congresistas y presidentes para justificar sus errores, aunque en realidad su obra esté dirigida al ciudadano, ese ser al que, decía, debía guardarse la mayor de la honestidad posible.

Desentrañar al verdadero Maquiavelo y liberarlo de mitos y mentiras es uno de los objetivos de Israel Covarrubias, sociólogo de la UNAM y doctor en ciencia política por la Universidad de Florencia, quien ha publicado Maquiavelo. Una guía contemporánea de lectura sobre la política y el Estado (Taurus), un libro que invita a reflexionar sobre el eterno debate entre política y ética desde la visión de —como lo llamaba T.S. Eliot— uno de los cínicos más célebres que ha conocido la humanidad.

___¿Dónde queda Maquiavelo en un tiempo en el que la política se ejerce desde la lógica del mercado?
___Hay que derribar algunos lugares comunes que lo colocan en la política contemporánea. El primero de ellos es que su realismo político, que es un realismo descarnado, autónomo de valoraciones morales o éticas, no tiene nada que ver con esta sombra que lo ha seguido durante cinco siglos: el maquiavelismo. La que creemos su máxima frase (“el fin justifica los medios”) nunca existió ni fue citada en ninguna parte de su obra. Maquiavelo es un gran pensador en términos de innovación política y en momentos históricos de cambios, como el que actualmente vivimos en este tránsito fatigoso del siglo XX al XXI; nos invita a reflexionar sobre la importancia del pensamiento en épocas de transformación.

___T.S. Eliot aseguró que “a ningún hombre tan grande se le ha malentendido tan completamente”...
___Es irónico, pero cierto. Gran parte de esto se lo debemos a sus primeros lectores y detractores: los jesuitas del siglo XVI, quienes hicieron un uso maquiavélico de su obra, sobre todo de la lógica de la política de la simulación y la disimulación, un tópico central en la mayor parte de los tratados políticos de la época. Hemos hecho lecturas muy apresuradas de su trabajo.

Nos hemos quedado con la idea de que su seco realismo nos permite tomar decisiones sin ningún escrúpulo. Nada más lejos de su idea original. El libro propone un debate sobre este tema: ¿qué leer, cómo leer y para qué leer a Maquiavelo en el siglo XXI? No olvidemos que siempre enfocó su trabajo a un tipo de lector: el ciudadano.

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Maquiavelo
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___¿Qué tan importante es reinterpretar a Maquiavelo como retratista de la condición humana?
___Fue un profundo conocedor de la naturaleza del hombre. Nunca tuvo la intención de escribir ningún tratado político. En su obra hallamos observaciones realmente interesantes sobre las pasiones. Y establece, de cierta forma, que la política se deja llevar más por los sentimientos y las coyunturas que por los pensamientos racionales. Lo imagino hoy, con una sonrisa, burlándose un poco de las formas políticas de nuestro tiempo. Maquiavelo impugnaría la cínica sonrisa que esboza de vez en cuando Donald Trump y le diría: ten cuidado. Tenía muy claro que cualquier pueblo puede derrocar a su gobierno.

___¿Cómo han malinterpretado los políticos a Maquiavelo?

___Su obra se ha convertido en el pretexto perfecto de los políticos para justificar sus errores. Pero lo más grave es que los agrave y los repita. En épocas de cambio es muy fácil recurrir a los clásicos, pero hay que hacerlo bien. Su obra no fue escrita para complacer al régimen de los Médici, como muchas veces se ha dicho, sino para crear una vida civil. Su preocupación siempre fue la educación de la ciudadanía y el debate público, que hoy está colonizado por los medios de comunicación, y no por el pueblo.

___¿Qué tan maquiavélico es el pensamiento de Maquiavelo?

___Yo lo llamaría realismo exasperante. Cuando en El Príncipe habla de la verdad efectiva de las cosas, se refiere a analizar los hechos políticos como son y no como debieran ser. Este realismo podría empujarnos a observar su obra como maquiavélica o perversa, pero en realidad el maquiavelismo es posterior a Maquiavelo. Confecciona El Príncipe en 1513, pero en realidad ve la luz hasta 1632. A partir de entonces se comienza a hacer un uso maquiavélico de su obra, principalmente en la literatura.

___¿Hay maquiavelismo en la política mexicana?

___Esta es lo contrario a Maquiavelo. Él siempre planteó que el gobernante debía regirse bajo la honestidad hacia su pueblo. Nuestra escena pública no se ha desarrollado bajo ningún principio de honestidad. Maquiavelo nos ayuda a entender estos juegos de disimulación que ejercen nuestros políticos para crear una serie de ficciones que van en una dirección contraria a la honestidad como valor preponderante de la democracia.

Él encarna una larga tradición italiana y renacentista en la que se utiliza la comedia como recurso para criticar al poder, su ironía no la hemos encontrado en ninguna otra corriente del pensamiento político, y eso es algo que debemos retomar con urgencia, porque si a algo le tienen miedo los populistas o los dictadores, es al humor.

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