AFTEROFFICE
CULTURAS

Manlio, 'El Jefe Diego' y Pablo Gómez extrañan el sarcasmo de Monsiváis

Políticos del PRI, PAN y PRD hablan sobre el legado que dejó el autor de "Los rituales del caos", quien falleció justamente hace cinco años. 
Eduardo Bautista
18 junio 2015 21:31 Última actualización 19 junio 2015 11:56
Carlos Monsiváis nació el 4 de mayo de 1938. (FOTO: Archivo Proceso)

Carlos Monsiváis nació el 4 de mayo de 1938. (FOTO: Archivo Proceso)

Carlos Monsiváis fue inclemente en sus críticas a los políticos mexicanos. Hoy, algunos de ellos, lo extrañan. Lo dicen tres figuras de las fuerzas partidistas más importantes del país: Manlio Fabio Beltrones, del PRI; Diego Fernández de Cevallos, del PAN, y Pablo Gómez, del PRD. Todos coinciden en que el autor de Las alusiones perdidas ayudó a construir una sociedad más democrática y plural.

El diputado tricolor sabe que el cronista nunca simpatizó con los usos y costumbres de su partido. Aun así, sostiene que a veces extraña su fino sentido del humor y su ironía. También comparte que echa de menos su fiel irreverencia frente a los lugares comunes y la impunidad. La crítica que ejercía el ensayista –afirma– era de una agudeza insuperable.

A Monsiváis ya no le tocó ver el regreso del PRI a la presidencia, tampoco pudo criticar las reformas estructurales del gobierno de Enrique Peña Nieto. “El neoliberalismo es el encumbramiento de una minoría depredadora”, señaló el escritor en 2007. Siempre rechazó las formas hegemónicas, charras y autoritarias del partido que se mantuvo en el poder durante 70 años. Decía que el PRI tuvo un solo objetivo desde su fundación: “la consagración sistemática de la impunidad”.

Beltrones no esquiva la entrevista sobre el quinto aniversario luctuoso de Monsiváis. La responde puntualmente por correo electrónico, medio elegido por él para la publicación de este reportaje. Cuenta que recientemente visitó el Museo del Estanquillo, lugar que hoy alberga las colecciones hemerográficas y fotográficas del autor de Los rituales del caos. Allí se percató de la gran relevancia que conserva su obra en la vida pública mexicana. “Su herencia cultural continúa presente. Difícilmente identifico a alguien que actualmente llene su lugar y nos refresque la memoria colectiva”, escribe el ex precandidato del PRI a la presidencia de la República.

De las tres voces involucradas en este coloquio, la del perredista Pablo Gómez es la que más extraña al cronista de la Ciudad de México. Él y Monsiváis, hombres de izquierda, estuvieron juntos en el Movimiento Estudiantil de 1968. Desde entonces forjaron una intensa amistad.

“Con especial insistencia, Carlos fue un crítico de la ideología política del poder. Hoy ya no hay nadie que se dedique a eso. Era un crítico severo de la figura presidencial, y no lo hacía de forma panfletaria como muchos otros”, asegura el ex presidente del PRD.

Dice también que Monsiváis ya había advertido sobre las severas fracturas políticas e ideológicas que aquejarían a la izquierda. En marzo de 2010, durante la presentación de su último libro, Apocalipstick, el autor calificó de “grotesca” la alianza entre el Sol Azteca y Acción Nacional. Si algo molestaba realmente al intelectual más público de México, señala Gómez, era la hipocresía ideológica.

“Fue siempre un hombre de izquierda. Nunca fue imparcial. Pero fue inteligente y jamás asumió una militancia orgánica. De esa forma se sentía libre para poder criticar lo que quisiera”, apunta el ex legislador.

EL PAN Y SU POSTURA HACIA LOS HOMOSEXUALES

Monsiváis, férreo defensor de las minorías, detestaba los sectores más radicales de la derecha. Un mes antes de morir escribió para Nexos un artículo en el cual denunció la intolerancia del polémico Diego Fernández de Cevallos hacia la comunidad lésbico-gay.

Durante su campaña presidencial de 1994, cuestionado sobre cuál sería su política para controlar el sida, El Jefe Diego respondió sin titubeos: “No lo he pensado, eso es asunto más bien de los joteretes”.

Fernández De Cevallos responde una llamada telefónica. Se le pregunta sobre la obra de aquel duro censor de la doctrina del PAN. El ex candidato a la presidencia contesta que era un hombre “muy inteligente, estudioso, agudo y muy comprometido con su vocación crítica”. No dijo más. ¿Qué pensaría hoy Monsiváis de la crisis interna de Acción Nacional? –se le cuestionó. El Jefe Diego alegó que no diría más, pues estaba en una reunión.

PARTE DEL CAMBIO

El activismo de Carlos Monsiváis es también valorado por Beltrones, quien conoce el sistema político desde sus entrañas. Ha sido legislador, gobernador de Sonora y presidente del Senado y la Cámara de Diputados. En suma, ha sido partícipe de toda esa “ideología política del poder” de la que habla Gómez.

Pese a ello, el diputado sonorense reconoce en Monsiváis un creador y protagonista de la cultura que ejemplifica, como pocos, el papel de los intelectuales en el cambio político y social, tan necesario para lograr un desarrollo democrático.

“Al PRI lo aturde o lo anega su historial”, decía Monsiváis. El político tricolor admite que durante décadas, “la mirada crítica y la presencia ubicua” del ensayista “contribuyeron a un cambio de mentalidad que permitió el reconocimiento de la sociedad plural y diversa que hoy somos”.

Hace cinco años, a las 13:48 horas, en la unidad de terapia intensiva del hospital Salvador Zubirán, falleció Carlos Monsiváis. El vacío no se llena aún.

UNA PLUMA QUE DEJÓ CONSTANCIA DE MÉXICO
Nació el 4 de mayo de 1938 en el DF. Creció en el seno de una familia protestante. Desde muy pequeño participó en la emisión radiofónica Los niños catedráticos. De joven estudió Economía y Literatura en la UNAM. Luego se inició en la prensa. Colaboró en el suplemento La cultura en México, en la que también escribían Juan Rulfo, José Emilio Pacheco, Juan José Arreola, entre otros. Entre sus obras destacan Días de guardar (1971), Amor perdido (1976) y Los rituales del caos (1995). De sus aportaciones al periodismo destaca A ustedes les consta (1980). Fue autor, además, de más de 50 títulos entre crónicas y ensayos. Murió el 19 de junio de 2010 por una fibrosis pulmonar.
Tenía, por cierto, 13 gatos.
1
   

     

Carlos Monsiváis