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culturas

Manea, las sombras del siglo XX

Sufrió los horrores del nazismo, fue víctima de la intolerancia del comunismo, pero también fue testigo de los grandes privilegios de la democracia. El viejo siglo aún vive en Norman Manea, el escritor que recibió el Premio FIL en Lenguas Romances 2016.
Eduardo Bautista
28 noviembre 2016 22:6 Última actualización 29 noviembre 2016 5:0
En fuga de las sombras del autoritarismo, Norman Manea llegó a Estados Unidos, donde es catedrático del Bard College de Nueva York. (Cuartoscuro)

En fuga de las sombras del autoritarismo, Norman Manea llegó a Estados Unidos, donde es catedrático del Bard College de Nueva York. (Cuartoscuro)

Su vida bien podría ser una alegoría del siglo XX. Sufrió los horrores del nazismo, fue víctima de la intolerancia del comunismo, pero también fue testigo y beneficiario de los grandes privilegios de la democracia. El viejo siglo aún vive en Norman Manea, el escritor que recibió el Premio Internacional de Literatura en Lenguas Romances en la FIL de Guadalajara 2016 el sábado pasado.

Manea fue perseguido por el régimen comunista de Nicolae Ceaucescu y obligado al exilio. Antes, a los cinco años, fue encerrado por los nazis en el campo de concentración de Transnistria, hoy un territorio en disputa entre rusos y ucranianos. Pese a los traumas vividos, nunca estuvo de acuerdo con la forma en la que fue ejecutado el dictador rumano en la Navidad de 1989. “No siento ninguna simpatía por él, pero me desagradó profundamente cómo se le juzgó y la manera en la que se le mató, porque fue el típico proceso estalinista”.

En fuga de las sombras del autoritarismo, llegó a Estados Unidos, donde es catedrático del Bard College de Nueva York desde hace tres décadas. Su temor, ahora, se llama Donald Trump: “es terrible que la historia se repita en sus peores maneras”.

Su narrativa –que incluye Payasos: el dictador y el artista (1997) y El regreso del húligan (2005)– es la catarsis de esos totalitarismos que lo mantienen escribiendo en rumano porque, como ha dicho en muchas ocasiones, es la única forma de recordar que pertenece a algún lugar.