AFTEROFFICE
deportes

Luis Enrique, otro genio del futbol como Pep Guardiola

Hoy mantiene al Barcelona en busca de alcanzar el triplete (Champions League, liga española y Copa del Rey) en su temporada debut, tal y como hiciera su rival de hoy en el banquillo, Pep Guardiola, ahora entrenador del Bayern Munich.
Eduardo Bautista
11 mayo 2015 22:22 Última actualización 12 mayo 2015 19:16
Su personalidad, vanidosa y obsesiva le ha impedido llevarse bien con sus jugadores. (Reuters)

Su personalidad, vanidosa y obsesiva le ha impedido llevarse bien con sus jugadores. (Reuters)

A Luis Enrique se le dificulta relacionarse con sus compañeros. Su personalidad, vanidosa y obsesiva le ha impedido llevarse bien con sus jugadores, consideran periodistas españoles cercanos al entrenador asturiano, quien, pese a las críticas recibidas desde mayo de 2014, cuando asumió el timón del barco catalán, hoy mantiene al Barcelona en busca de alcanzar el triplete (Champions League, liga española y Copa del Rey) en su temporada debut, tal y como hiciera su rival de hoy en el banquillo, Pep Guardiola.

Diego Torres, reportero del diario El País, asegura que el ex estratega del Barcelona B (2008-2011), la Roma (2011-2012) y el Celta de Vigo (2013-2014) tiene una necesidad imperiosa por demostrar que es el líder absoluto. Quizás porque cuando entrenó al club italiano no se dio a respetar. “Antes era muy próximo a sus jugadores. Su complicidad fue tan grande que, tiempo después, comenzó a tener conflictos con algunos futbolistas. Se dio cuenta de que para ser técnico hay que ejercer la autoridad”, señala.

Otro reportero del mismo periódico español, que lo conoce y decidió hablar bajo condición de anonimato, afirma que Luis Enrique tiene severos problemas para establecer relaciones personales. Dice que es un hombre hermético, vanidoso y orgulloso; muy cerrado hacia los medios de comunicación. “Tiene la idea de que nunca se le valoró como futbolista. Se siente mal porque en su etapa con el Real Madrid no pudo triunfar. Ahora lucha por que se le tome en cuenta su liderazgo como entrenador”, sostiene.

Luis Enrique nació el 8 de mayo de 1970 en Gijón, Asturias, al norte de España. El catolicismo es el sello de esta ciudad de poco más de 250 mil habitantes. Don Pelayo, el monarca cristiano que detuvo el avance de los musulmanes en el año 700, es el símbolo de su bandera. Quizás por eso el estratega asturiano repite frases como “si Dios quiere” o “que Dios nos ayude”.

“Como técnico ha dado resultados. Lo que no tiene es una formación barcelonista. Su relación con los jugadores es muy mala. La lleva fatal con Messi, porque él tampoco se llevaba bien con sus entrenadores cuando era delantero. Tiene muy pocos amigos”, comenta el periodista cercano a él.

Sin embargo, Torres considera que los problemas en el vestuario catalán no son culpa exclusiva del entrenador. “El argentino también es complicado. Hay un conflicto de egos. Luis Enrique quiere imponer las reglas. Necesita protagonismo en el campo y la prensa. Sabe que Messi es una figura de mucho peso”.

El periodista señala que al estratega blaugrana le encantan los maratones y es un adicto al ejercicio físico. Desde que jugaba en el Barsa leía revistas de atletismo. Hoy practica ciclismo. En su cumpleaños del año pasado sólo recibió regalos relacionados a esa disciplina. Ha participado en los maratones de Florencia, Nueva York y Barcelona; en Ironman, como los de Frankfurt y Hawái. Y también en la Cape Epic de Sudáfrica, una exhaustiva competición de bicicleta de montaña. “Es obsesivo, le gusta ir al límite”, afirma.

En sus tiempos de jugador –agrega la fuente anónima– Luis Enrique devoraba libros de hasta 500 páginas. Leía de todo. Filosofía, futbol, literatura, sociología. Cada que acababa un título, lo regalaba. Y luego compraba otro. Y otro. Y otro. “Este hombre no conoce de mesuras. Conoció a su esposa, Elena Cullell, en la tienda de un aeropuerto y no paró hasta casarse con ella. No es un sicópata ni nada por el estilo. Pero sí un loco”.