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CULTURAS

Los souvenirs en la vida de Vicente Rojo

Creó la imagen de buena parte de la oferta editorial de mediados del siglo pasado en México, como diseñador de libros para el Fondo de Cultura Económica, Salvat, Artífice Ediciones y Era. Un trabajo tan cuidadoso, que hasta el tipo de letra fue idea suya.
Rosario Reyes
03 agosto 2017 21:34 Última actualización 04 agosto 2017 5:0
Vicente Rojo

(Alejandro Meléndez)

Tiene 85 años. Llegó a México en 1946 (desde Barcelona, en donde nació en 1932). Francisco, su padre, republicano refugiado, reclamó su ingreso al país.

En este, su país por adopción, se rodeó de arte y afecto. Aquí completó sus estudios, al tiempo que dio forma a la cultura visual de una época. “Siempre he trabajado con amigos, no me imagino hacerlo de otra forma”, dice el artista, responsable del diseño gráfico de instituciones como el INBA, donde convivió en los años 50 con intelectuales como Salvador Novo.

El artista coincidió en Difusión Cultural UNAM, entre muchos otros, con Carlos Fuentes y Jorge Ibargüengoitia, a los que cuenta también entre sus afectos.

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Vicente Rojo


JUAN RULFO
Fue una amistad tardía. Lo conocí cuando él estaba en el Instituto Nacional Indigenista. Era el editor de los libros del instituto y yo los diseñaba. A partir de ahí mantuve una relación muy estrecha con él, al grado de que más adelante aceptó que hiciéramos en Era El gallo de oro, un texto que me pasó Carlos Monsiváis, quien lo consiguió no sé de qué manera, y logramos hacer el libro con otros textos para cine del mismo Juan.

CARLOS CHÁVEZ
Trabajé en ediciones del INBA, que en aquel momento estaba dirigido por él y el subdirector era Fernando Gamboa, que fue otro entrañable amigo. Grandes personas; estaba Miguel Covarrubias y Salvador Novo. Yo era muy jovencito, no puedo decir que eran mis amigos, pero aprendí mucho de todos ellos.

CARLOS MONSIVÁIS
Él y José Emilio Pacheco son dos de mis amigos más cercanos. Los conocí a finales de los 50, porque colaboraban en el suplemento de Fernando Benítez en Novedades del que yo era entonces director artístico y fue a lo largo de toda nuestras vidas una relación estrechísima, que incluía además ediciones de libros, colaboraciones en revistas, suplementos, en fin, fue una cercanía para muy enriquecedora.

JAIME GARCÍA TERRÉS
Lo conocí en 1954, él era director de Difusión Cultural de la UNAM, tuve muy buena relación con él, era una gente muy inteligente, muy creativa, pero esos son los dos calificativos que puedo aplicar a todos los que considero mis amigos.

Comencé a trabajar con él en Difusión antes incluso de que existiera Ciudad Universitaria, las oficinas estaban en el Colegio de San Ildefonso. Tenía un muy buen equipo: Carlos Fuentes, Héctor Azar, por ejemplo. Fue integrando a artistas de mi generación que también colaboraban en la revista de Novedades, como Juan García Ponce, Juan Vicente Melo, Jorge Ibargüengoitia y Elena Poniatowska.

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Vicente Rojo


JOSÉ EMILIO PACHECO
Cuando el suplemento pasó a la revista Siempre! José Emilio fue secretario de redacción; desde joven ya era un maestro. Le había propuesto hacer imágenes para un libro, pero eran 12, 14 poemas y no daba para un tomo.

Entonces se le ocurrió hacer un libro con imágenes mías y sus poemas sobre el circo. Además publicamos fotografías que tomó mi hijo y unos guaches que hice y que se expusieron en la galería López Quiroga. El día de la inauguración llegué con la nariz y zapatos de payaso que me regalaron Ramón y Rosalba López Quiroga, eso me quitaba un poco de angustia.

JOSÉ LUIS CUEVAS
Curiosamente en el momento en que nos conocimos, cuando empezó a colaborar en el Suplemento de Novedades, teníamos la misma edad. Pero de repente, él tenía un año menos que yo. Un poquito más adelante, resultó que tenía dos años menos y, finalmente, ahora hemos sabido que era un año mayor que yo. ¡O sea, se quitaba tres años! Pero era una gente con la que trabajé extraordinariamente bien. Cuando yo le pedía un dibujo para ilustrar algo, él me mandaba tres carpetas llenas para que yo eligiera el que me gustara.

FERNANDO GONZÁLEZ CORTÁZAR
Una amistad tan cercana y tan íntima. Tiene esa ética inquebrantable para cualquier creación artística y para la vida. Es admirable el respeto que tiene por su trabajo. Tiene, además, un espíritu crítico muy riguroso. La amistad es más que haber aprendido de él algo como escultor. La cercanía es artística, pero fundamentalmente personal. Me interesé en la escultura gracias al trabajo de Fernando y de Jorge Yazpik, incluso con Sebastián. El primer Sebastián que creo que era muy verdaderamente bueno.

EL ESPECTADOR
Yo soy el primer espectador de mi trabajo, entonces si no estoy convencido de que lo que voy a presentar está absolutamente hecho de la manera como yo quería, no lo presento. Así que no me puedo hacer la ilusión de que cada espectador note lo que yo estaba proponiendo. Se sabe que una obra está terminada cuando alguien la ve, yo creo tener algunos interesados en mi obra, no muchos, pero para mí son los suficientes, que también, obviamente, son mis amigos.