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Cervantino tiende puentes reales entre México y Japón

Los príncipes Akishino viajarán a Guanajuato para inaugurar mañana la 42 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), que tiene a Japón como invitado de honor. El embajador nipón en México, Shuichiro Megata, enfatiza la importancia de esta visita en el marco del Año del Intercambio 2013-2014 entre ambos países.
La visita del príncipe también tiene como objetivo la promoción de la Segunda Cumbre de Rectores México-Japón. (Reuters)

La visita del príncipe también tiene como objetivo la promoción de la Segunda Cumbre de Rectores México-Japón. (Reuters)

Los príncipes Akishino visitaron por primera vez el país en 1997 para conmemorar el centenario de la migración japonesa inicial a México. En aquel tiempo Akishino, el segundo en la línea de sucesión al trono, y su esposa, la princesa Kiko, ya tenían dos hijas. En ellos no recaía la presión por tener un hijo varón, sino en el primogénito del actual emperador Akihito: el príncipe Naruhito, y en su esposa, la princesa Masako, a quien la prensa ha llamado “la princesa triste”.

Las esposas de los emperadores, desde finales del siglo XIX, han ayudado al proceso de modernización de la casa real de Japón, aunque en algunos casos han terminado por ceder a la tradición. La primera en dar un paso a una nueva era fue la emperatriz Shoken, esposa del emperador Meiji, conocida por su interés en la cultura occidental.

Mientras ella fomentaba el cambio y la modernización de la vestimenta femenina, en 1889 se promulgó la ley sálica que impedía a las mujeres ascender al trono de Japón. En más de dos mil años, únicamente hubo cinco emperatrices por sucesión, la última fue Go-Sakuramachi en el siglo XVIII.

A pesar de que la emperatriz Shoken no pudo dar a luz a un heredero al trono, en esa época todavía eran permitidas las concubinas en el palacio y no era mal visto que el emperador no fuera hijo biológico de la emperatriz. El emperador Meiji tuvo alrededor de 15 hijos con cinco de sus damas y eligió como heredero a Yoshihito, padre del emperador Hirohito.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la familia real perdió la ascendencia divina
: ya no eran considerados hijos directos de la diosa del sol Amaterasu. El imperio del astro naciente se convirtió en una monarquía constitucional, y el emperador, en el símbolo del pueblo.
Con la ley de sucesión de 1947 se estableció que sólo un varón, descendiente de línea directa del emperador, podía ocupar el trono del Crisantemo, y las mujeres, al contraer nupcias, perderían automáticamente sus títulos al menos que se casaran con otro miembro de la familia imperial. Esta ley en un principio no parecía afectar la continuidad del linaje real.

El actual emperador Akihito contrajo nupcias con una plebeya, algo inédito para la casa real. Aunque al principio había mucha presión sobre la emperatriz Michiko, quien incluso enmudeció por una larga temporada, la sociedad vio con buenos ojos el nacimiento de los príncipes herederos Naruhito y Akishino.

Antes de casarse con el príncipe Naruhito, “la princesa triste” también era símbolo de modernidad e independencia. Tenía estudios en Harvard y Oxford y una carrera diplomática en ascenso, razones por las que a pesar de la insistencia del príncipe, no quería integrarse a la familia real.
En 1993 abandonó su vida independiente. Su objetivo ya no era hacer una carrera diplomática, sino dar a luz a un hijo varón. Tras varios intentos y con la presión política y social, logró embarazarse en 2001, pero la polémica continuó al nacer la princesa Aiko.

Entró a discusión la ley para que Aiko pudiera ser emperatriz, y aunque encuestas indicaban que más del 70 por ciento de la población estaba de acuerdo, los conservadores se negaron y hasta propusieron que regresaran las concubinas al palacio. La propuesta de reforma pasó a segundo plano en 2006, cuando el príncipe Akishino y la princesa Kiko se convirtieron en padres del príncipe Hisahito.

El pasado fin de semana, los príncipes Akishino regresaron a México con un semblante distinto, convertidos en los salvadores del linaje real de Japón y en los padres del príncipe heredero al trono. La visita del príncipe también tiene como objetivo la promoción de la Segunda Cumbre de Rectores México-Japón que se llevará a cabo el 27 de octubre próximo. “Estoy seguro”, dijo el presidente Enrique Peña Nieto, “que en ese encuentro podremos forjar alianzas en un terreno tan importante como es el de la educación, en favor de la niñez y juventud de ambas naciones”.

El cervantino honra a Japón
Los príncipes Akishino viajarán a Guanajuato para inaugurar mañana la 42 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), que tiene a Japón como invitado de honor. El embajador de ese país en México, Shuichiro Megata, enfatiza la importancia de esta visita en el marco del Año del Intercambio 2013-2014 entre ambos países.

“Estamos conmemorando los 400 años del intercambio México-Japón, la llegada de la primera misión diplomática, misión de Hasekura, que tenía como motivo principal establecer un comercio directo entre dos países”, afirma Megata. “Es una gran oportunidad para reflejar la historia del intercambio y la amistad, para fortalecer las relaciones en varias áreas . El Cervantino nos ayudará a profundizar el entendimiento mutuo”.

La embajada, junto con la Fundación Japón, cooperó de forma activa con el Cervantino en la planeación de un programa que reflejara su cultura, con espectáculos de danza butoh, tambores tradicionales, propuestas musicales y de teatro contemporáneo, entre otras actividades. Este año de intercambio cultural coincide con el centenario del nacimiento de Octavio Paz, quien tuvo un papel muy importante en la relación entre ambos países.

“Cuando trabajó de diplomático en Tokio, hizo un gran esfuerzo por reinsertar a Japón en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Fue un gran promotor de nuestra cultura, tradujo haikús e hizo un gran esfuerzo por realizar el convenio de cooperación cultural entre ambos países, que este 2014 celebra 60 años”, destaca Megata.

Japón siempre ha tenido una gran relación con México. Hace 50 años, el emperador Akihito, todavía en su papel de príncipe, visitó el país donde fue recibido por el presidente Adolfo López Mateos.

La visita de 1964 coincidió con la celebración en aquella nación de los Juegos de la XVIII Olimpiada de la era moderna. Cuatro años después, en el 68, durante la clausura de aquellos certámenes, los organizadores llevaron a cabo una emotiva ceremonia de bienvenida a los Olímpicos mexicanos, los primeros en un país de habla hispana.

“La visita de los príncipes no tiene una función política. Ellos asisten a estos eventos a fortalecer la amistad internacional, su presencia significa que México es muy importante para nosotros”, concluye el embajador.

400 años de la Hasekura
Akishino, quien apeló a los 400 años de relación comercial y cultural entre México y Japón (en 1613, la misión Hasekura, llegó al puerto de Acapulco, hecho que se marca como el comienzo del puente diplomático entre ambos países), respondió al presidente Peña Nieto sobre los lazos culturales que hermanan a ambos países. Es un enorme placer -aseguró- formar parte de esta festividad cultural.“Podríamos decir que es uno de los acontecimientos más significativos de este año del intercambio”. El Cervantino arranca mañana y tendrá 20 expresiones culturales de Japón.