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¿Los cascos de americano protegen realmente? 

La evolución del casco permitió a los jugadores de futbol americano proteger su cabeza. Pero también utilizarlo como un instrumento de protección, ha provocado una ola de atletas con problemas neurológicos.
Alain Arenas
26 junio 2017 23:33 Última actualización 27 junio 2017 5:0
Cascos de futbol americano

Cascos de futbol americano

La propuesta de Warren Sapp -extackle defensivo de la NFL entre 1995 y 2007- de evitar que los niños y jóvenes de 7 hasta 13 años que jueguen futbol americano golpeen con y en la cabeza para evitar daños neurológicos, no es garantía de erradicarlos, afirma Héctor Tlatoa, especialista en medicina deportiva por la Universidad Autónoma del Estado de México.

Lo ideal -cuenta Tlatoa- es que la tecnología de los cascos avance para que los golpes puedan ser absorbidos por éstos y evitar más enfermedades cerebrales.

“Unos se dan por el choque casco contra casco, pero otros porque la cabeza de algunos jugadores se impacta contra el suelo. Estos instrumentos deben evolucionar para protegerlos”, comparte Raúl Rivera, entrenador de la Selección mexicana de futbol americano.

Rubén Duque, comisionado de coaches de la Federación Mexicana de Rugby, duda que las mejoras a los cascos sea una solución definitiva para disminuir las conmociones cerebrales en el futbol americano. Cuenta que en el rugby lo primero que se les enseña a los niños es el tacleo con el hombro, el cual evita el contacto con la cabeza, para salvaguardar su integridad.

“Entrené a algunos atletas que anteriormente practicaron futbol americano. Noté que utilizaban la cabeza para hacer el primer contacto con su contrincante. Me dio la impresión de que usaban el casco como un arma. Eso provoca que se produzcan lesiones en las cervicales o conmociones. Una mejora para ese deporte puede ser una técnica de tacleo distinta, similar a la del rugby. Eso evitaría que haya tantos afectados con lesiones cerebrales”, opina Duque.

En 2013, la NFL perdió una demanda por 765 millones de dólares, interpuesta por las familias de 4 mil 500 jugadores que exigieron una indemnización por daños producidos por conmociones cerebrales. Ex estrellas como Tony Dorsett, Brett Favre y el mismo Sapp revelaron que tienen problemas de pérdida de memoria, debido a los golpes que soportaron durante sus carreras.

En abril de 2016, la Liga perdió una nueva demanda por mil millones de dólares con otro grupo de jugadores (6 mil) por la misma causa.

“Las conmociones cerebrales son tan dañinas en la niñez como en la etapa adulta para las personas que practican futbol americano. En los infantes, porque se les presentan daños a partir de 15 años de que iniciaron su carrera deportiva, de acuerdo con el estudio Impactos Repetitivos en la Cabeza y Encefalopatía Crónica Severa del portal Neurosurgical Focus. En los mayores de 20, porque tienen mucho tiempo en los que se exponen a estos impactos y pueden empezar a presentar estos síntomas en cualquier momento”, expone Lidia Mendoza, neuróloga clínica egresada de la UNAM.

Mendoza menciona que las partes afectadas en las conmociones cerebrales son la frontal y trasera, cuando el impacto se da casco con casco. Mientras que cuando los jugadores caen lateralmente y se golpean contra el piso, la zona occipital es la que resulta dañada.

El entrenador de la Selección mexicana de futbol americano niega que haya un estudio concluyente que relacione las enfermedades neurológicas con esta disciplina. Si les prohibieran a los niños de 7 a 13 años jugar -destaca- perjudicaría el nivel competitivo que los atletas tendrían cuando participen en nivel colegial o profesional.

“El ejemplo más palpable es en México. Si hubiera una normativa que autorizara que sólo a los mayores de 14 años se les permitirá taclear, reducirían el nivel de los jugadores drásticamente. Sólo tendrían entre seis y ocho años para mostrar un buen nivel en su carrera deportiva. No sería el mismo que tienen hoy”, afirma Rivera.

La neuróloga señala que sí hay estudios contundentes en los que están relacionadas las enfermedades neurológicas, como el Alzheimer, Encefalopatía Crónica Severa o demencia, con los deportes de contacto.

“Para detectar estos padecimientos se comparan los historiales médicos. Se aplican biopsias o resonancias magnéticas para detectar los sangrados en el cerebro para los pacientes que tengan sospechas de estas enfermedades. Para los jugadores que fallecieron, la autopsia revela si presentaron alguno”, comenta Mendoza.