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CULTURAS

José Gordon tiende puentes hacia Amos Oz 

Amos Oz es el autor israelí más importante de las últimas décadas. Su nombre siempre suena para llevarse el Premio Nobel. Leerlo es fundamental para entender al pueblo judío, pero también para descubrir que la literatura ayuda a la comprensión del prójimo. 
Eduardo Bautista
21 julio 2015 22:54 Última actualización 22 julio 2015 17:54
Amos Oz nació en Jerusalen, en 1939. (FOTO: Bloomberg)

Amos Oz nació en Jerusalen, en 1939. (FOTO: Bloomberg)

No es común hallar en la comunidad judía un individuo que sugiera dejar atrás el Holocausto. O que diga que Judas Iscariote fue el discípulo más fiel de Jesús de Nazaret. Amos Oz (Jerusalén, 1939) es la excepción. No sólo es el autor más importante de las letras israelíes contemporáneas; también ha sido llamado “traidor” por cientos de judíos.

Pero detrás de esas erróneas y simplonas etiquetas se esconde un agudo observador social y un crítico de los fundamentalismos, hoy tan arraigados en el mundo occidental, asegura en entrevista el escritor y periodista José Gordon, el mexicano que más ha convivido con el autor de Una pantera en el sótano.

Dice Gordon que donde el resto propone arreglos militares y económicos, Oz se decanta por soluciones humanísticas. Tal es el caso del conflicto entre Israel y Palestina. Nada podrá solucionarse –afirma Oz– si no se conforman dos Estados: uno para judíos y otro para palestinos.

“Oz dice que debemos tender puentes con el otro para conocerlo y comprenderlo mejor. Propone entender al palestino a través de un sano divorcio político entre ambas culturas: que cada quien tenga su espacio territorial”, señala Gordon.

El autor de Los judíos y las palabras –agrega– cree profundamente en el valor del diálogo frente a la intolerancia; de la metáfora frente a lo burdo. Oz se inscribe en una tradición judía que, en sus mejores momentos, amó la posibilidad de la argumentación, la virtud de la inteligencia y la búsqueda de la justicia.

Amos Oz se define a sí mismo como un “judío israelí laico”. Defiende la soberanía del Estado de Israel y asume al laicismo no como una traición a la religión judía, sino como “una comprensión diferente del hombre y del mundo”, en palabras de Yizhar Smilansky.

Afirma Gordon que el ganador del Premio Príncipe de Asturias es un profundo entendedor de los textos bíblicos. Oz dice que, si se lee bien, la Biblia rebasa la categoría de escritura sagrada y se convierte en una pieza literaria que, como ninguna, traza convincentemente un código legal y una ética social.

“La Biblia conmueve y apasiona del mismo modo que lo hacen las grandes obras, unas veces Homero, en ocasiones Shakespeare, en otras Dostoievski”, escribe Oz en su ensayo Los judíos y las palabras.

La conmoción del lector es el móvil de Oz en la vida, considera Gordon. Un día, a bordo de un avión Oz se encontró con un palestino. Éste se le acercó y le dijo: “gracias a sus libros hoy entiendo a su pueblo. Ahora comprendo que sus miedos son iguales a los de nosotros”. El momento marcaría para siempre la vida del escritor.

Sin embargo, dice Gordon, no se trata de un idealista sin fundamentos. Es un hombre que conoce a fondo la cultura hebrea. Pero lejos de divinizarla o totalizarla, la equipara con otras. No cree que los judíos sean una raza irrepetible. Lo que realmente une al pueblo judío no es la sinagoga ni los genes, sino las palabras, los textos.

“Oz se plantea en sus novelas lo que ha pasado en su pueblo, pero no bajo discursos nacionalistas, sino a través de una universalidad y un entendimiento del otro que sólo puede brindar la buena literatura. Es algo que dice con claridad el novelista Isaac Bashevis Singer: ‘habla de tu aldea y serás universal’”, comenta Gordon.

La lucha política de Amos Oz se identifica con la posibilidad de combatir los fanatismos y cuestionar los fundamentalismos, sostiene el periodista. Eso ha hecho que, en muchas ocasiones, el autor de La caja negra sea visto como traidor en algunas esferas de poder en Israel. “No es extraño que la traición sea el tema más recurrente en su obra literaria. La ha vivido desde muy pequeño. Su propia madre se suicidó, y eso es visto en muchas culturas como la máxima traición. En su novela Judas analiza con puntualidad los procesos por los que debe pasar alguien considerado traidor. Y de paso derrumba algunos mitos de la religión judía”, señala Gordon.

Oz es defensor de la pluralidad en un pueblo que por antonomasia cree en los profetas y las figuras indispensables. Con humor cuestiona la conciencia colectiva de quienes son proclives a la discusión del conocimiento y al debate público. Por eso Oz critica al gobierno de Benjamin Netanyahu.

“Oz asegura que Israel debe ver más allá de los fundamentalismos. Lucha contra la demonización de ambas culturas y cree que el principal defecto de su gente, igual que el de todos, es que viven encerrados en sí mismos”, afirma Gordon.

Los judíos conforman un pueblo de cicatrices históricas. La del Holocausto es la más reciente. Sin embargo –dice Gordon– esas heridas pueden derivar en un miedo irracional hacia el otro. Es justo ahí donde entra Amos Oz para decir que los temores también pueden convertirse en intransigencia y fanatismo.

“En todas las culturas hay un miedo a intercambiar información con el otro. A que te destruyan. A veces hay una justificación histórica. En México está la Conquista; en Israel, el Holocausto. La pregunta es: ¿cómo combatir ese miedo para abrir nuestras mentes a nuevas posibilidades de realidad e imaginación? Ése es el reto de la humanidad”, concluye Gordon.