AFTEROFFICE
deportes

Latinos echan a andar los hipódromos de EU

Los inmigrantes de la región representan el 70 por ciento de la fuerza de trabajo con la que cuentan los hipódromos de Estados Unidos, sin los que esta industria registraría pérdidas millonarias.
Alain Arenas
19 mayo 2017 0:8 Última actualización 19 mayo 2017 5:0
Las políticas migratorias del presidente Donald Trump comenzaron a afectar las carreras de caballos en aquel país. (Especial)

La mano de obra en los hipódromos estadounidenses es de mayoría latinoamericana. (Especial)

Cinco de los 10 jinetes que participarán mañana en Preakness Stakes -segunda de las carreras de caballos en Estados Unidos que conforman la Triple Corona- son de origen latinoamericano. Pero ellos no son los únicos representantes de la región. Los peones y galopadores -quienes se encargan del calentamiento y atención de los animales previo a entrenamientos y competencias- son inmigrantes latinos y representan la principal fuerza de trabajo en los Hipódromos de la Unión Americana.

Julio Rubio, integrante de la Asociación Protectora y Benéfica de los Jinetes de Kentucky (HBPA, por sus siglas en inglés), se encarga de ayudar a tramitar las visas de quienes laboran en Churchill Downs, donde el pasado 6 de mayo se disputó el Derby de Kentucky. Cuenta que contratan a inmigrantes con sus papeles en regla y a otros a los que les ayudan a regular su estatus migratorio.

“Se tiene un estereotipo equivocado sobre los latinos que trabajan en los hipódromos estadounidenses. No son pobres, reciben un buen sueldo. Los peones tienen un salario de entre 400 y 600 dólares a la semana y trabajan seis horas al día”, dice Rubio. “Los galopadores ganan mucho más”.

Fausto Gutiérrez, entrenador de carreras de caballos en el Hipódromo de Las Américas de la Ciudad de México, asiste constantemente a las competencias en Estados Unidos. Destaca que hay dos factores para que la mano de obra en los hipódromos estadounidenses sea de mayoría latinoamericana.

“Muchos de los inmigrantes trabajaron en hipódromos en sus países de origen o saben cómo cuidar animales, porque provienen de comunidades rurales y tienen esa experiencia previa”, asegura Gutiérrez. “Esto beneficia a los capataces, porque así no gastan recursos ni tiempo en capacitarlos. Los latinos también cuentan con la dedicación para este oficio, que es muy desgastante físicamente. Nunca hay tiempos muertos”.

Rubio calcula que sólo el 30 por ciento de los trabajadores en los hipódromos de la Unión Americana son estadounidenses. La mayoría, explica, se queja de que los sueldos son muy bajos. “Los que aceptan el empleo no aguantan la carga de trabajo. Vienen uno o dos días y luego no regresan”.

El miembro de la HBPA añade que el 60 por ciento de los latinoamericanos que labora en los hipódromos de Nuevo México, Arizona y Texas son de origen mexicano, 10 por ciento centroamericano y el porcentaje restante de Estados Unidos. En esos estados, de acuerdo al portal USA Horse Racing, se encuentran 11 hipódromos.

La distribución de los inmigrantes latinoamericanos es diferente en el resto de los hipódromos del país. Por ejemplo, en el de Pimlico –en el que mañana se correrá la edición 142 de Preakness Stakes- ubicado en Baltimore, Maryland, la mayoría es dominicana o puertorriqueña. Rubio explica que esto se debe a que esos inmigrantes entran a Estados Unidos por Nueva York y otras ciudades aledañas.

Las políticas migratorias del presidente Donald Trump comenzaron a afectar las carreras de caballos en aquel país. Rubio menciona que a inicio de año una porción de los peones y galopadores latinos tomaron vacaciones en sus países de origen, pero cuando quisieron regresar a territorio estadounidense no pudieron hacerlo, debido a las restricciones. El integrante de la HBPA acepta que si continúa este comportamiento podrían repercutir en pérdidas millonarias para la industria.

“Es poco probable que esto se mantenga. En la década de los años 70 hubo una huelga en la que los dueños de los caballos no realizaron competencias hasta que las autoridades migratorias permitieran trabajar a sus empleados latinoamericanos. Como es un negocio millonario, no tuvieron opción más que dejarlos. Esto se podría repetir”, explica Fernando Valdizán, ex jinete entre 1970 y 1980 y actual analista de la cadena ESPN. “Tiempo después se creó una visa especial para estos trabajadores, que actualmente permanece vigente. Esta permite que trabajen legalmente mientras dura la temporada de carreras”.

INCURSIÓN DE ANTAÑO
Valdizán menciona que en la década de los 60 y 70 había una minoría de jinetes latinoamericanos en las carreras de caballos. Recuerda que sólo figuraban uno o dos, mientras que el resto era estadounidense o europeo. En aquella época llegaron los primeros peones y galopadores a Estados Unidos provenientes de México, Centroamérica, el Caribe y algunos países de Sudamérica.

“Esos trabajadores tuvieron a sus hijos en territorio estadounidense. Conforme pasaron los años, algunos de ellos se convirtieron en la nueva generación de jinetes que actualmente viven un buen momento”, sostiene el otrora jockey.

El oaxaqueño Jorge Carreño, quien correrá en Preakness Stakes, es un ejemplo de ello. Su padre, según cuenta Valdizán, fue peón en la década de los 80. El muchacho creció en el ambiente del hipismo y, posteriormente, se ganó la oportunidad de competir en los lomos de caballos purasangre. Mañana será su debut en las carreras de la Triple Corona.