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libreta de apuntes

Las huellas y el pantano de la muerte

Sergio González Rodríguez y el rigor como oficio. Ayotzinapa, las Muertas de Juárez, la palabrería inútil y falsa de la clase política fueron sus lances de reportero y de ensayista.
Mauricio Mejía
03 abril 2017 22:3 Última actualización 04 abril 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

Exacto. Puntual. No es posible (acaso cuando fomentaba la novela, y vaya que lo hizo) el adjetivo fácil cuando se habla de Sergio González Rodríguez, promotor del sustantivo. Ayotzinapa, las Muertas de Juárez, la palabrería inútil y falsa de la clase política fueron sus lances de reportero y de ensayista.

La palabra duro, aquí, no califica a la mirada del escritor recién fallecido. No. La dureza es una postura ante las cosas. Los informes policiacos, las investigaciones ministeriales y las verdades históricas de la procuración de justicia son cosas moldeables para peritos que obedecen órdenes sobre el rumbo de las pesquisas; rumores, falsedades y manipulaciones son meros caprichos, objetos veleidosos que pueden cambiar el orden genuino de los hechos, distorsionarlos como juguetes de la realidad nunca exacta, nunca “real” de veras.

González Rodríguez demostró que en México las verdades históricas son cosas manipuladas. Juárez e Iguala son teatros de monumentos sin ojos, en los que las víctimas, cosificadas, no tienen la oportunidad de dar su versión de los hechos.

Julio Scherer acuñó la frase: el periodismo debe ser preciso como el bisturí. La sustancia del oficio es el dato concreto. Duro, como el acero, fue entonces Sergio: la verdad manipulada merece ser recompuesta para volver a ser verdad, verdad sin adjetivos; histórica es una aberración, un insulto. Esta tarea, la de reportar, tuvo en el autor de Huesos en el desierto un ejemplo cabal de profesionalismo, de profesor. Valiente fue siempre al demostrar que los expedientes albergaban suposiciones, enredos y tergiversaciones para que lo verdadero cada vez fuera menos cierto. Para que la certeza fuera cada vez más sospechosa.

México es, según el reportero, el mapa de la impunidad. El delito sistemático es permanentemente solapado por la carencia de entusiasmo por la revelación; la veracidad es una burla en la que ya nadie cree, ni cuando es confiable o, medianamente, creíble. Fue un hurgador de huellas en el pantano de la muerte.