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Lang Lang, Chucho Valdés y la maravilla del talento

Los pianistas rompieron las barreras generacionales y de estilo para fundirse en el virtuosismo y la sensibilidad comunes en un concierto en La Habana que ya clasifica como uno de los sucesos musicales del año en la Mayor de las Antillas.
Vivian Núñez / Corresponsal
11 octubre 2015 13:53 Última actualización 11 octubre 2015 14:20
Lang Lang y Chicho Valdés se fundieron en el virtuosismo y la sensibilidad comunes en un concierto en La Habana. (AP)

Lang Lang y Chucho Valdés se fundieron en el virtuosismo y la sensibilidad comunes en un concierto en La Habana. (Reuters)

Los pianistas Lang Lang, de China, y Chucho Valdés, de Cuba, rompieron las barreras generacionales y de estilo para fundirse en el
virtuosismo y la sensibilidad comunes en un concierto en La Habana que ya clasifica como uno de los sucesos musicales del año en la Mayor de las Antillas.

En la noche del viernes 9 de octubre y hasta los primeros minutos del sábado 10, durante una hora y media, cientos de cubanos agolpados en la Plaza de la Catedral presenciaron la maravilla de estos músicos, que se conocieron en Viena hace dos años y desde entonces soñaron este concierto como regalo a La Habana, en su cumpleaños 500.

“Escuchar e interpretar la música cubana es como caminar por Marte”, había dicho Lang Lang a su arribo a Cuba. Y por Marte y más allá caminaron los presentes en la plaza cuando, como carta de
introducción, el joven chino de 33 años interpretó el primer movimiento del Concierto número uno para piano, opus 23, del compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski.

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Con un estilo explosivo, moviéndose todo él pero sin fallar una nota, Lang Lang cautivó de inmediato al público, conocedor de que estaba en presencia del “artista más de moda en el mundo de la música clásica”, según ha afirmado el The New York Times.

La noche había comenzado con el vaticinio de la presentadora de que éste era el primer paso hacia otros eventos musicales con artistas de primer nivel promovidos por varias instituciones estadounidenses, entre ellos los mayores fabricantes de pianos del mundo Steinway and
Sons
, cuyo presidente para las Américas, Ronald Loesby, obsequió al Instituto Cubano de la Música el instrumento utilizado por Lang.

La Orquesta Sinfónica Nacional sonó inmensa bajo la batuta de la maestra estadounidense Marin Alsop en la Obertura Cubana del norteamericano George Gershwin y en las Variaciones Enigma del británico Edward Elgar.

Concierto
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Chucho Valdés, quien ese día cumplió 74 años, llegó con dos obras de su autoría, Claudia y Nanu, demostrando por qué tiene en su haber cinco premios Grammy y tres Latin Grammy. Sin moverse prácticamente, todo lo dicen sus grandes manos sobre el teclado.

Se unieron luego los dos artistas en Gitanerías de Ernesto Lecuona, para dar paso al solo de Lang Lang en la danza afrocubana Y la negra bailaba, del mismo autor. El pianista chino había reconocido que interpretar por primera vez y en La Habana piezas cubanas era para él un reto. “Pero me gustan los retos”, señaló.

En el emblemático danzón de Antonio María Romeu, Tres lindas cubanas, volvieron a unirse Lan Lang y Chucho Valdés, para ofrecer después, en el cierre oficial del programa, Victory Stride, del estadounidense James Price Johnson, creador junto con Luckey Roberts del estilo stride de jazz.

Pero fue tanta la ovación, que los artistas volvieron al escenario con El cumbanchero, del puertorriqueño Rafael Hernández. Ahí el chino hizo
impecables variaciones clásicas, mientras que el cubano derrochó maestría en sus improvisaciones jazzísticas.

“La música nos une”, había asegurado Ronald Losbey al inicio del concierto. La jornada lo ratificó.

Concierto
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