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CULTURAS

Estética y fe: la Virgen de Guadalupe como identidad

La literatura revela que La Guadalupana es uno de los símbolos más claros del sincretismo cultural. Aquí ofrecemos un breve repaso de cómo la sociedad de la Nueva España concebía a la Virgen Morena como icono de una nueva identidad nacional. 
Eduardo Bautista / Sandra Aguilar
11 diciembre 2014 21:6 Última actualización 12 diciembre 2014 15:10
Virgen de Guadalupe, símbolo de la identidad nacional.

Virgen de Guadalupe, símbolo de la identidad nacional. (Cortesía)

Visto desde un ángulo literario y estético, el culto a la Virgen de Guadalupe puede ser considerado como un modelo de traducción, sincretismo y convivencia entre clases, razas, regiones, religiones y épocas, afirma el poeta y editor Adolfo Castañón en el prólogo de Arca de Guadalupe (2007).

Hay quien dice –como Gabriel Zaid– que las letras mexicanas nacieron justamente con una obra sobre La Guadalupana. Se trata de los versos que Fernán González de Eslava escribió en su Coloquio diez y seis, del bosque divino, donde Dios tiene sus aves y animales, en 1578. Allí se cuenta cómo una desesperada mujer recurre a la magia para tratar de serenar a su marido, quien desde hace tiempo padecía ataques de celos. Sin embargo, una amiga suya le aconseja no practicar “esas hechicerías” y mejor ocuparse en “misas y obras pías” dirigidas a la Santa Patrona. (Para ver un fragmento ir al final de de este artículo).

La figura guadalupana ha permeado la literatura porque es una de las más representativas de la identidad nacional y la Independencia, sostiene Castañón. Al igual que los indios, “los criollos buscaron en las entrañas de Tonantzin/Guadalupe a su verdadera madre. Una madre natural y sobrenatural, hecha de tierra americana y teología europea”, escribió Octavio Paz en Orfandad y legitimidad.

Intelectuales descendientes de españoles como Luis Ángel de Betancur, Carlos de Sigüenza y Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Diego José Abad y Fray Servando Teresa de Mier, entre otros, consideraron que la veneración a Guadalupe merecía ser difundida por tratarse de un símbolo que representaba la entonces naciente identidad nacional, afirma Cristina Torales, doctora en historia por la Universidad Iberoamericana.

“Toda la tradición guadalupana tiene grandes similitudes en la literatura. Los autores –en su mayoría criollos– eran individuos que venían de una renovación católica que consistía, en gran parte, en una veneración a la madre de Dios como contraposición a la tesis de Lutero que quebró a la Iglesia católica”, señala la especialista.

Los conquistadores le dieron mucha importancia a la Virgen María porque en España ya existía todo un culto mariano derivado del Concilio de Trento (1545-1563), el cual abrió las puertas del clero a diversas posturas teológicas, refiere Torales. “Por eso los literatos e intelectuales estaban tan interesados en difundir la tradición mariana entre la comunidad indígena”, considera.

Castañón afirma que “vista a través de la expresión artística, literaria y lírica guadalupana, la historia de México asume una nítida dimensión ética y estética”. Asimismo, destaca “la capacidad del mito guadalupano para transformarse a lo largo de los siglos a través de diversos géneros literarios”. Como ejemplo de ello cita el sermón guadalupano de Fray Servando Teresa de Mier, que aunque es considerado un texto histórico, su calidad literaria es innegable, señala.

“Teresa de Mier es un personaje polémico e interesante. Hay que ubicarlo como un intelectual y religioso que quiso exaltar la devoción guadalupana desde su pensamiento ilustrado. Pretendió buscar una explicación de la presencia de la Virgen en México y representar esta veneración en su advocación mariana como originaria”, asegura Torales.

La mejor forma para entender al fraile dominico es a través de la ideología criolla y “su buena pluma”, sostiene. “Los criollos quieren demostrarle a Europa que no sólo son iguales, sino superiores. En su sermón guadalupano que tanto defendió, lo que quiso fue exigir la equidad social ante la Corona española. Como símbolo de esa igualdad utilizó a la Virgen de Guadalupe. Él decía que la Nueva España estaba arriba de todo porque la madre de Dios así lo había querido. Exaltó el ícono guadalupano como aquél que identifica a México: quiso mostrarle al mundo que la Virgen ya existía antes de la llegada de los españoles”.

1
Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700)

   

Carlos de Sigüenza y Góngora

Primavera indiana, 1668/ fragmento

XLIX

MARIA soy, de Dios omnipotente
Humilde Madre, Virgen soberana,
Antorcha, cuya luz indeficiente
Norte es lucido á la esperança humana:
Ara fragante en templo reverente
México erija donde fue profana
Morada de Pluton, cuyos horrores
Tala mi planta en tempestad de flores.

L

Aqui la voz de affectuoso ruego,
Que á mi piedad Virginea sea votado
Verá mis luces el opaco ciego.
Y obtendrá el pecho triste dulce agrado:
Ve á la Mitra, que en plácido sosiego
Rige apacible su rebaño amado,
Intimale mi imperio. Y vna nube
Trono se finge en que al Olimpo sube.
  

1
Antonio Valeriano (1522-1605)

   

Antonio Valeriano

Nican mopohua, 1556/fragmento

Así que oyó
la palabra de Juan Diego
le respondió la compasiva,
del todo doncella:
Escucha,
que así esté en tu corazón,
hijo mío, el más pequeño,
nada es lo que te hace temer,
lo que te aflige.
Que no se perturbe
tu rostro, tu corazón,
no temas esta enfermedad
ni otra cualquier enfermedad,
que aflige, que agobia.
  

1
Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

     

Sor Juana Inés de la Cruz

Alaba el numen poético (...), 1689

La compuesta de flores Maravilla,
divina Protectora Americana,
que a ser se pasa Rosa Mexicana
apareciendo Rosa de Castilla;

La que en vez del dragón –de quien humilla
cerviz rebelde en Patmos–
huella ufana,
Hasta aquí inteligencia soberana,
de su pura grandeza pura silla,
Ya el Cielo, que la copia misteriosa,
segunda vez sus señas celestiales
en guarismos de flores claro suma:

Pues no menos le dan traslado hermoso
las flores de tus versos sin iguales,
la maravilla de tu culpa pluma.
  

1
Diego José Abad (1727-1779)

   

Diego José Abad

El canto del Proscrito, 1780/fragmento

Nada más bello, más amable ha visto
Jamás el orbe. ¡Ah! ¡Cómo sus recuerdos
Hieren mi mente! Ahora todavía
Con mis ojos mirarla me parece
¡Ay! Tan sólo me es dable, en este suelo
Que riego del destierro con el llanto,
Obedecer a una expansión profunda,
Y ¡oh bellísima Virgen!, mis suspiros
Hondos, frecuentes, férvidos mandarte,
Que en pos mi mustio corazón se lleven,
Para que ellos, venciendo la distancia
Que de ti me separa, ante tus plantas
Ansiosos a adorarte se prosternen.
   

1
Fernán González de Eslava (1534-1601)

  

Virgen de Guadalupe

Coloquio diez y seis, del bosque divino (...), 1578/fragmento

¿No veys, claro testimonio,
que en esso no acertáys vos?
Jamás tendréys paz los dos,
pues queréis que os dé el Demonio
lo que tiene que dar Dios.

Fuera mejor ocuparos
en Missas y en obras pías,
en rezar y en romerías 
que andar loca y desuelaros
con essas hechicerías.

Vuestra persona se ocupe
en andar vna estación,
y lleuad vn corazón
y ofrecedlo en Guadalupe
con muy grande deuoción.

A los Remedios yréys
a ver la Virgen María, 
y con esta romería
vuestro marido veréys
con contento y alegría.