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Ríos de ignominia... la violencia contra la prensa

En México, donde 2016 fue el año de mayor agresión hacia la prensa, avanza el silencio en los medios y con él, el riesgo de que la sociedad se acostumbre a la violencia.
Rosario Reyes
09 abril 2017 21:7 Última actualización 10 abril 2017 5:0
De 2000 a la fecha, Article 19 documentó el asesinato de 102 miembros de la prensa en México, por posible relación con su trabajo. (Ismael Ángeles)

De 2000 a la fecha, Article 19 documentó el asesinato de 102 miembros de la prensa en México, por posible relación con su trabajo. (Ismael Ángeles)

Donde la violencia relacionada al narcotráfico se documenta a medias, se cierran medios de comunicación por amenazas y se mata a los profesionales de la prensa, la democracia se vuelve imposible. Peor aún, la impunidad como hecho cotidiano fortalece la percepción de que la violencia es un estado de normalidad y genera una cultura de la impasividad.

Así lo consideran periodistas consultados por El Financiero acerca del impacto que tienen los asesinatos de sus colegas en México, donde ejercer el oficio es de manera creciente una sentencia de muerte.

El año pasado fue el más violento contra el gremio periodístico en este país, según el reporte anual de la organización no gubernamental Article 19 presentado el pasado jueves. De acuerdo con su Informe sobre violencias contra la libertad de expresión e información, en 2016 fueron asesinados 11 periodistas y 426 fueron agredidos: 7 por ciento más respecto a 2015.

De 2000 a la fecha, Article 19 documentó el asesinato de 102 miembros de la prensa en México, por posible relación con su trabajo.

Tres plumas fueron ultimadas en lo que va del año: Cecilio Pineda, del periódico La Jornada, en Guerrero; Ricardo Monluí Cabrera, director de El Político y columnista del Diario de Xalapa, en Veracruz; y Miroslava Breach, en Chihuahua. Ella era corresponsal de La Jornada y directora editorial del periódico Norte de Ciudad Juárez, que tuvo que cerrar hace una semana. “Las agresiones mortales, así como la impunidad contra los periodistas, han quedado en evidencia, impidiéndonos continuar libremente con nuestro trabajo”, explicó Oscar Cantú Murguía, el director de Norte, en su editorial publicado en primera plana.

¿QUIÉN MATA A LOS PERIODISTAS?
El ataque al ejercicio de la prensa no proviene solamente del crimen, sino de poderes “legales e ilegales”, advierte Jacinto Rodríguez Munguía, coordinador de la cátedra Miguel Ángel Granados Chapa de la UAM-Cuajimalpa.

“El Estado o el poder político ha estado ahí siempre impidiendo que la libertad de expresión se ejerza, y ya no es sólo el priismo, sino también gente de la izquierda y de la derecha. ¿Quién mata a los periodistas? Un sistema político que no está diseñado para la transparencia, que tiene miedo de los contrapesos de una buena prensa, de un buen trabajo de investigación”, acusa.

Para Karla Casillas, editora de Vice News en español oficina México, el fenómeno es mucho peor, porque existe una colusión entre el crimen organizado y las autoridades, sobre todo a nivel estatal y municipal.

“Hay que situar (este fenómeno) en el contexto de la guerra contra las drogas que inicia (Felipe) Calderón; este es el hecho que hace que el asesinato de miembros de la prensa repunte. Sólo así nos podemos explicar que México esté dentro de los primeros lugares de periodistas ejecutados junto con países como Afganistán o Irak”, comenta Casillas.

Además de la pérdida de vidas humanas, lo que sucede cuando un país asesina a sus periodistas es un atentado contra el derecho constitucional a la información; un ambiente que frena el ejercicio de la libertad de expresión, agrega la editora.

Vice News México publicó a principios de año un trabajo a partir de la base de datos que le facilitó el Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, con el recuento de hechos violentos relacionados con el narco entre 2007 y 2011 y su registro en medios.

“De 36 mil casos, sólo la mitad fueron cubiertos por la prensa. Nos estamos enterando de la mitad de las masacres, de las ejecuciones, de enfrentamientos de narcos y desparecidos. Es gravísimo, porque al ser una sociedad desinformada no podemos demandar justicia por los crímenes”, alerta Casillas.

LA NORMALIDAD SUPERA LA EXCEPCIÓN
El riesgo de que la sociedad se acostumbre a la violencia es latente, advierte Humberto Padgett León, autor de Tamaulipas. La casta de los narcogobernadores, un eastern mexicano (Urano, 2016). “Mataron a otro periodista, ah, pues así es como es. El policía de la esquina está coludido con el de la tiendita de drogas... así es como es. El presidente de la República tiene una casa blanca... así es como es. Es la cultura de la normalidad ante los hechos violentos y la impunidad”.

“El silencio avanza en los medios”, apunta Raymundo Riva Palacio en su columna publicada el 6 de abril en este diario. Sin libertad de expresión, agrega, “la democracia está coja y retrocede, porque permite que una sociedad carezca de información para tomar mejores decisiones, que es lo que está pasando hoy en día en México”.

Las respuestas no son simples en un país que extermina a sus periodistas. Durante una investigación en Guerrero, Padgett entrevistó al jefe de plaza de los Caballeros Templarios en el interior de la presidencia de un municipio mariguanero. El sitio estaba tomado por el cártel. Ese día, recuerda el reportero, algunos trabajadores de medios hacían fila para recibir bonos de gasolina. “La prensa enfrenta dos problemas muy claros: la pauperización de sus condiciones laborales y el esquema de acuerdos publicitarios con los gobiernos, que son anteriores y mayores”, advierte el colaborador de Proceso y Tele-fórmula. “El problema es mucho más complejo que el asesinato de periodistas incómodos”.