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CULTURAS

La trata, ¿un mal cultural?

La periodista mexicana Evangelina Hernández devela en su nuevo libro un caso tan único como atroz: la trata de personas como una costumbre y un negocio cotidiano. Una parte de la sociedad mexicana, afirma, ha reconfigurado sus valores. 
Eduardo Bautista
28 mayo 2015 19:24 Última actualización 29 mayo 2015 5:0
Evangelina Hernández se dedica a temas sociales como la trata desde hace varios años. (FOTO: Alejandro Meléndez)

Evangelina Hernández se dedica a temas sociales como la trata desde hace varios años. (FOTO: Alejandro Meléndez)

Los temas de violencia se arraigan cada día más en el mundo cultural del país. Ahora es la periodista mexicana Evangelina Hernández quien retrata la podredumbre social a través de su nuevo libro, Tierra de Padrotes. Tenancingo, Tlaxcala, un velo de impunidad, editado por Tusquets.

La autora recurre a la fluidez de la crónica y la exactitud del reportaje para reflejar cómo la violencia se ha convertido en una tradición cultural. “En Tenancingo la prostitución y la trata no son vistos como problemas, sino como costumbres y negocios habituales”, dice.

El poblado apenas cuenta con 12 mil habitantes y no posee ninguna actividad turística. Por eso, explica, es normal que los padres prostituyan a sus hijas. Y que la madre lo consienta. Y los tíos.
Y los vecinos.

Hernández descubrió en esta comunidad tlaxcalteca una recofiguración de valores. La cultura de la violencia contra las mujeres está tan arraigada, que hasta las tradiciones se han modificado: cada año, detalla, se celebra un carnaval en el cual los padrotes luchan con máscaras de ancianos y fuete en mano. Los cuerpos terminan heridos, llenos de cicatrices. Luego, esa estética macabra del cuerpo es presumida a los asistentes en una especie de liturgia violenta y absurda. Los niños y jóvenes del pueblo acaban admirando a los padrotes.

“El modelo económico que pone al dinero como centro de todas las cosas ha conducido a esta población a tolerar y ver como normal situaciones tan atroces”, comenta quien en 2011 recibió la Medalla Omecíhuatl, otorgada por el Instituto Nacional de las Mujeres del DF.

Evangelina Hernández descubrió que lo que sucede en Tenancingo tiene resonancia en la Ciudad de México, donde esas chicas son prostituidas en zonas como Sullivan o La Merced. Hasta 20 clientes por noche. Lo más aterrador que descubrió fue que la mayoría de ellas repite la conducta agresiva cuando son adultas. En su pueblo se sigue viendo la prostitución y la trata como simples medios de trabajo, como si alguien se dedicara a vender ropa o chiles. Así de normal. La razón, arguye, es de índole cultural.

“Son clanes familiares que ya tienen un modelo de operación criminal. Son las abuelas o madres las que se encargan de presionarlas. Desde los años 60 ya se practican ese tipo de actividades, lo que permite ver la violencia como algo cotidiano”, afirma.