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La tapa del 'Sgt. Pepper's', un hito de la cultura pop

Una obra de arte en sí misma. La sesión fotográfica de aquel marzo de 1967 dio forma a una emblemática reunión de personajes que la posmodernidad aún valora como asamblea de la historia. Fue declaración de principios de época.
María Eugenia Sevilla
31 mayo 2017 21:36 Última actualización 01 junio 2017 5:0
La visión que tuvo Paul McCartney para ilustrar el disco invitaba a despegar los pies del suelo. (Especial)

La visión que tuvo Paul McCartney para ilustrar el disco invitaba a despegar los pies del suelo. (Especial)

Marzo 30 de 1967. El 1-11 de la calle Flood, en el barrio de Chelsea, está a punto de ser el domicilio de la historia.

Allí, en el edificio de los Chelsea Manor Studios, el fotógrafo Michael Cooper tiene un piso en el que, desde hace una semana, un equipo artístico ensambla un collage pictórico de gran formato, comisionado a Peter Blake y Jann Haworth -un matrimonio de artistas pop locales- que cambiará la era del álbum y se volverá un hito de la cultura pop.

En el interior 4 de la planta baja tiene lugar la sesión de fotos para la cubierta más cara hasta la fecha: 3 mil libras, cuando la producción de una portada cuesta hasta el momento 50, de acuerdo con la revista Rolling Stone.

Aquel gasto no fue baladí. Medio siglo después, la manga del acetato del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, octavo disco de estudio de The Beatles, es considerada una obra de arte en sí misma, una declaración de principios que capturó el espíritu de su tiempo como ninguna antes.

“La música era grandiosa, pero la portada fue un golpe sicodélico”, resume el poeta y periodista cultural Salvador Mendiola.

La visión que tuvo Paul McCartney para ilustrar el disco invitaba a despegar los pies del suelo. “Si pudieras elegir el groupshot ideal, ¿quién saldría en la foto?”, era la premisa detrás del improbable caleidoscopio de personajes históricos que se reúne con los cuatro de Liverpool: Marx, Dylan, Jung, Lewis Carroll, Sonny Liston, el gurú Sri Yukteswar Giri, el autor de la Biblia Satánica, Aleister Crowley…

Una propuesta visual entonces inédita para un Long Play. Y no era para menos. En lo musical, el Sargento planteaba algo también inédito en la historia del rock: la invención de una banda ficticia, un álter ego de los Fab Four -quienes justo el año anterior habían decidido dejar de dar conciertos-.

“Ya no éramos niños, éramos hombres. Nos habíamos introducido en la mariguana y nos veíamos como artistas más que simples performers”, comenta McCartney en el libro de Barry Miles, Many Years From Now, al referirse al origen del proyecto. Ser otros les despejaba el campo para reinventarse, jugar y abrir territorios. El resultado del trabajo en el estudio, que George Martin utilizó como un laboratorio, fue un collage musical que transitó de la balada a la sicodelia, del music hall a la música sinfónica.

“La palabra que domina tanto lo visual como lo auditivo aquí es collage; con eso terminaron creando un mundo fantástico y propio dentro del disco”, observa Mendiola.

La creación de tal composición reunió a un puñado de figuras londinenses bajo la dirección artística de Robert Fraser. Buen amigo de Paul McCartney, era un galerista destacado que corría obra de artistas pop locales como Richard Hamilton y Eduardo Palozzi, y estadounidenses como Andy Warhol -entre otros de la talla de Magritte o Balthus-. Paul, quien ya coleccionaba arte, era su cliente.

Por 200 libras esterlinas, Fraser encargó a Blake y a Haworth, a quienes representaba, el famoso mosaico pictórico.

“Ambos ya eran entonces exponentes importantes de la escena británica pop”, destaca Douglas Fogle, curador para el Museo Jumex de la muestra Andy Warhol. Estrella Oscura. Ella, pionera de la escultura suave, y él, conocido desde los años 50 por sus composiciones con tarjetas postales, fotos e ilustraciones de actores y artistas pop contemporáneos.

Como director artístico, el galerista también convocó a su amigo Michael Cooper para hacer las icónicas fotos que tuvieron lugar en los antiguos estudios de Chelsea, que funcionaron desde 1902 hasta 2002, cuando el edificio de arquitectura eduardiana fue convertido en condominio. Hoy un departamento en el legendario inmueble está a la venta por 1 millón 50 mil libras esterlinas (poco más de 23 millones de pesos).

Cuando Paul le llevó a Fraser el boceto de lo que tenía en mente para el disco, la imaginación de todos se disparó. El sketch mostraba una escena en la que la banda del Sargento Pimienta recibía las llaves de la ciudad, rodeada de personajes famosos, frente a un reloj floral. De acuerdo con el road manager Neil Aspinall, las propuestas eran cascadas. “Todos preguntaban: ‘¿A quién quieres en la banda?’”.

Podría, sin faltar al periodismo, sospecharse que todos los incluidos en el póster pertenecen a los corazones solitarios del sargento.

Cada beatle hizo su lista: George, que acababa de regresar de la India, eligió a los gurús Babaji y Paramahansa Yogananda; John, al futbolista del Liverpool Albert Stubbins, el escritor Aldous Huxley y a Stuart Sutcliffe, quien fue bajista de The Silver Beatles (posteriormente, The Beatles).

Paul escogió al escritor beat William S. Burroughs, a Marlon Brando, Fred Astaire y al compositor Karlheinz Stockhausen, entre otros. Peter Blake también sumó personajes y objetos a su collage.

La propuesta pasó por el filtro del director general de EMI, Joseph Loockwood y, tras un análisis que dejó fuera a Hitler y Jesucristo -propuestos por John- y a Mahatma Gandhi -a instancias de Lockwood, quien quería comercializar el disco en India-, la materia para la tapa del Sargento quedó aprobada. Todo el devenir sería distinto. Las fotografías dejarían de ser la exigencia para las tapas de los grandes álbumes: otro salto lo daría el Dark Side of The Moon de Pink Floyd, que superó en ventas, por mucho, al Pimienta.


¿POP, NEOBARROCA O POSMODERNA?
Aquel 30 de marzo de 1967, John, Paul, George y Ringo llegaron al estudio londinense ya entrada la tarde y posaron ante la cámara de Cooper. La mitad de ellos –nunca se aclaró quiénes- en LSD. Al cabo de tres horas, estaba listo el material para completar la creación del mundo mágico del Sargento Pimienta y su banda de los corazones solitarios. Una mezcla lisérgica y barroca que miraba con nostalgia al pasado anterior a la guerra, y al presente como una profunda confusión amorosa: un llamado a abrazar la historia.

“Esa portada es una autoconciencia de los Beatles: reales, fantásticos, cargados de historia. Causó una reflexión que no provocaron otras bandas para jóvenes; ellos convirtieron la tapa en editorial: poética, deportiva, ridícula sin llegar a la cursilería, y humorosa, sin llegar a ser color de rosa”, observa Mendiola. “Crearon una especie de Naciones Unidas del pop y la contracultura”.

En la era de las etiquetas, advierte, ninguna le queda mal a la cubierta del disco. “Sí, es neobarroca, ultrabarroca; es pop y es posmoderna, porque en ella se perdieron las nociones de solemnidad y respeto; el mundo ya no estaba conformado como una biblioteca alfabética, sino como una confusión posmoderna”.