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La República de poetas en 830 páginas y seis siglos

En esta antología se muestra un esfuerzo por dar mapa, sentido y forma a una de las grandes tradiciones de este país y la cual permitirá al lector llenarse de poesía.
Mauricio Mejía
04 diciembre 2017 21:23 Última actualización 05 diciembre 2017 5:0
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(Especial)

A Juan Domingo Argüelles las letras mexicanas le deben mucho. Su noble y loable vocación incluye el trabajo periodístico, la divulgación y la antología. Hotel de las letras entrega ahora uno de los grandes edificios de compilación: (la) Antología esencial de la poesía mexicana, cien poetas de los siglos XV al XXI.

Es vasta la lista de colecciones sobre la noble tarea mexicana. El empeño de Argüelles es único. En este tomo se muestra un cariñoso esfuerzo por dar mapa, sentido y forma a una de las grandes tradiciones de este país: la poética, esa intimidad que sucede, como bien lo aclara el compilador de esta arca de versos y rimas.

La propuesta -dice Argüelles- es recoger justamente, en un solo volumen, más manejable que la versión general, una muestra de la obra de los autores clásicos y, por tanto, esenciales de nuestra lírica, pasando por los poetas fundadores de nuestra modernidad, los más altos exponentes de nuestra poesía contemporánea, hasta llegar a los autores más recientes, cuya obra ya posee una recepción entusiasta por parte de los lectores y una valoración significativa de la crítica especializada.

Esta centena esta conformada por más de 800 poemas de una tercera parte de los autores incluidos en la versión general.

Dijo Borges: “No hay poeta, por mediocre que sea, que no haya escrito un verso de literatura, pero también los más desdichados. La belleza no es privilegio de unos cuantos nombres ilustres


Toda antología es un capricho. Siempre habrá lectores que desestimen la inlcusión de un poeta (o determinado poema de éste) y sobrevalore la ausencia de otro. Argumenta Argüelles: “Un antólogo es un lector crítico que lee, relee y luego comparte con los demás una propuesta de lectura. Pero ninguna antología, al igual que ningún crítico, tiene la última palabra, pues una antología, como bien lo ha dicho Gabriel Zaid, es la invitación a leer de cierta manera, a ciertos autores, pero no equivale al juicio de nada”.

Abarcar mucho, pues, no equivale a llenarlo todo; en una antología lo suficiente nunca es suficiente. Este tipo de obra suele ser un camino, un quinqué y una sugerencia. Un menú para que el lector pueda, con más argumentos, elegir los platillos más suculentos en el banquete de la existencia; su existencia.

“No hay -agrega- antología sin cortar, sin cerner, sin cribar, sin separar, sin elegir. Todas ellas son muestras”.

Como recomienda Argüelles, que esta sea una obra que permita al lector -destino de este texto- llenarse de poesía.