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El deporte como ideología

La maquinaria deportiva de la República Democrática Alemana (RDA) fue la imaginación al poder sin importar los medios ni los cómos. Cuando todo se vino abajo, en noviembre de hace 25 años, el mundo asistió con asombro macabro a las ruinas de la trampa. 
Mauricio Mejía
06 noviembre 2014 22:29 Última actualización 07 noviembre 2014 5:0
Aquel partido del 74, entre RFA y RDA, Franz Beckenbauer probó la derrota. (Internet)

Aquel partido del 74, entre RFA y RDA, Franz Beckenbauer probó la derrota. (Internet)

Federico Engels calificó a la ideología como la “falsa conciencia”. Para Carlos Marx fue un lenguaje de la vida real que había que traducir en términos científicos. En pocos lugares de la historia el deporte fue una institución (en el sentido pleno de la palabra) ideológica como en la República Democrática Alemana (RDA). Muchos agregarán a la proposición la Italia de Mussolini; la URSS de Stalin o la misma Alemania nazi. Sin embargo, el caso de la RDA es único: es científico, para corresponder a la propuesta de Marx.

El marxista Jean Marie Brohm sostiene, en La sociología política del deporte, que la ideología es el reflejo imaginario de la práctica social de los hombres que “todavía no dominan su proceso vital”. La maquinaria deportiva de la RDA fue la imaginación al poder sin importar los medios ni los cómos. En México 68, después de poner en aprietos al comité organizador de Pedro Ramírez Vázquez, ya que no podían desfilar con bandera e himno propios (lo hicieron con una lisa y con música de Beethoven), los alemanes del Este lograron establecerse en la quinta posición del medallero olímpico. La avalancha anunciaba su llegada.

En Múnich, en aquellos juegos de Septiembre Negro y en plena Guerra Fría, la Alemania Oriental venció a su gran rival de Occidente: 20 medallas de oro contra 13 de los “burgueses” del otro lado de El Muro. Dos años más tarde, en Hamburgo, el caprichoso destino hizo que ambas caras de la posguerra se enfrentaran en la primera fase del Mundial del 74. Todavía Franz Beckenbauer no olvida aquella tarde. El gol de Jürgen Sparwasser dio la victoria a la RDA, la casa de la Revolución Posible, ajena al dominio de las mercancías y el cálculo mercantil.

Para entonces ya era de todos conocido el éxito -como aparato ideológico del Estado- de la Deutsche Hochschule für Körperkultur (es decir la Escuela Superior Alemana para la Cultura Física, la D.H.f.K.) fundada en 1952 (apenas tres años después de la fundación de la RDA) en Leipzig. ¿Cómo fue posible lo imposible?

Primero, la RDA asimiló las enseñanzas de los científicos soviéticos. Y, como siempre, los alemanes orientales las perfeccionaron al grado sublime. Cuenta Richard D. Mandell en La historia cultural del deporte que “la captación y el aislamiento de los atletas comenzaron pronto, todos los niños de seis años pasaron por controles de talla y mediciones corporales, rayos X y exámenes objetivos y meticulosos para poder reconocer detalles tales como el hombro óptimo para el tenis, los muslos para la gimnasia o la inmutabildad del granito necesario para el salto de garrocha”.

Cuando la ciencia no alcanzó para conseguir el objetivo histórico por la vía legal, utilizaron los más avanzados sistemas de dopaje, cuya represión apenas comenzaba en la Comisión Médica del COI.

En 1976, la RDA arrasó en la natación y en el atletismo femeniles. Fueron mujeres, principalmente, las víctimas de los experimentos estimulantes de los hombres de bata blanca de la Stasi. Atrás de El Muro sucedieron episodios vergonzosos inimaginables. Todavía hoy muchas de aquellas atletas demandan al Estado alemán por haber sido utilizadas como cobayas de sustancias y prácticas dopantes humillantes que transformaron sus cuerpos para siempre.

La justificación ideológica siguió su curso en contracorriente con los aires de libertad que se asomaban en el mismo centro de Leipzig. En 1988, un año antes de la caída de La Pared, la RDA se hizo de la segunda plaza del medallero (como en el 76 y en el 80). La forma política del orden establecido también despabiló a los Juegos Olímpicos de Invierno, en los que el Este fue una voz cantante.

Cuando todo se vino abajo, en noviembre de hace 25 años, el mundo asistió con asombro macabro a las ruinas de la trampa. La RDA había cometido los más atroces exámenes entre su población de 17 millones de habitantes. Althusser dijo que la ideología es una sistema de “representaciones masivas necesarias para formar a los hombres”. Los grandes campeones orientales, ejemplos de la supremacía del proletariado, se vinieron abajo como las estatuas ya sin ojos de los líderes del socialismo real.

Un cuarto de siglo después la represión del dopaje alcanza también a la ideología poscapitalista del bloque occidental. Tal es el caso de Alex Rodríguez, pelotero de los Yanquis de Nueva York.