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La persistente mirada de Cowrie

Christa Cowrie es bailarina desde muy pequeña, pero nunca ejerció profesionalmente. Cuenta que un día llegó a la redacción de "Excélsior" y dijo que quería ser fotógrafa, un oficio para el cual con lo único que contaba era un equipo adquirido en su primer viaje a Alemania luego de afincarse en México.
Rosario Reyes
05 julio 2015 20:46 Última actualización 06 julio 2015 5:0
El 15  de julio el Citru celebrará su trayectoria a las 12:00 horas en  el Centro Nacional de las Artes. (Braulio Tenorio)

El 15 de julio el Citru celebrará su trayectoria a las 12:00 horas en el Centro Nacional de las Artes. (Braulio Tenorio)

La brisa del puerto de Veracruz le dio una bienvenida tan cálida, que cuando descendió del barco en el que viajó desde Hamburgo para encontrarse con su padre, quien ya radicaba aquí desde tiempo antes, decidió que México sería su residencia. Y lo hace desde1963. “Me sentí como en un capullo de calor que me encantó”, recuerda la fotógrafa con más de 40 años de trayectoria quien fue la primera mujer al frente de un equipo de foto en un diario: el naciente Unomasuno, donde trabajó desde su fundación, en 1974, hasta 1990.

Christa Cowrie es bailarina desde muy pequeña, pero nunca ejerció profesionalmente. Cuenta que un día llegó a la redacción de Excélsior y dijo que quería ser fotógrafa, un oficio para el cual con lo único que contaba era un equipo adquirido en su primer viaje a Alemania luego de afincarse en México. “Ahí conocí a Manuel Becerra Acosta, que ha sido el padre de mi carrera, porque me ha apoyado, me ha estimulado y guiado de una manera maravillosa”, comparte la fotógrafa que ha trabajado en todas las fuentes periodísticas, pero gracias a su labor en el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de la Danza, Cenidi, y el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral, Citru de Bellas Artes, es reconocida por su lente detrás de las artes escénicas durante dos décadas. Ha sido, además, la fotógrafa del Festival Cervantino los últimos 13 años.

Becerra Acosta la envió a cubrir la campaña de López Portillo y compartió el recorrido con el fotógrafo de Excélsior. Ella publicaba el itinerario del candidato presidencial en la Revista de Revistas que dirigía Vicente Leñero. Fue la primera vez que recorrió el país y, revela, así comenzó a ser testigo de su crecimiento.

Poco antes del final de la campaña presidencial se produjo el golpe a la dirección del “periódico de la vida nacional” . “El equipo se dividió, un grupo se fue con Julio Scherer a crear Proceso y el otro con Manuel Becerra Acosta a crear Unomasuno, donde me hicieron jefa de fotografía. Fue muy duro, porque para el equipo de fotógrafos tener que respetar a una mujer joven, inexperta, extranjera, no era fácil, pero aprendí más de lo que me hubiera imaginado y ahí me quede 25 años”. En ese diario comenzó a tomar fotos de danza.

Hoy, tanto el Cenidi como el Citru, tienen sus archivos de 20 años de danza y teatro en México. Además, el Centro de Investigaciones Estéticas de la UNAM posee su acervo de sitios arqueológicos y el Museo de Culturas Populares tiene el registro de sus fotografías sobre la cultura popular de este país.

Así como ha visto el crecimiento del país, es testigo privilegiada de la danza en México. “Muchas de las bailarinas que en aquella época empecé a retratar, del Ballet Nacional, Ballet Independiente, acababan de salir de la escuela y ahora son grandes coreógrafas. Pilar Medina, por ejemplo, la he retratado durante toda su carrera, desde que la vi hace 33 años la primera vez hasta la fecha. Tengo muy bien registrados a Rossana Filomarino, al Ballet Nacional de México y en general la danza moderna, a todos los premios nacionales de danza, inclusive se han hecho libros con eso, todo lo he retratado con constancia, por eso los archivos son valiosos”.

Nunca ha tomado fotografías del desarrollo de una coreografía, ni siquiera de un ensayo. Ella ve lo mismo que el público en la función. Pero no es un espectador común. Dice que para retratar el movimiento, lo primero es tener una buena cámara. Al verla, es fácil recordar aquel verso de Machado: Este ojo que ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve. Su mirada es de una persistencia única.

“Con cámaras que no son rápidas, que no tienen una tecnología depurada, es difícil, porque bailan en tinieblas. Antes teníamos que forzar las películas hasta 6 mil 400 asas para tomar a los bailarines, hoy en día con las cámaras digitales se ha vuelto muy fácil, pero había que tener muy buen pulso siempre, porque si no, salían borradas todas las imágenes, pero ese es el oficio, se toman muchas fotos y si tienes una buena, pues ya la hiciste”.

Para ella, una buena foto es la que tiene un impacto visual impecable. Y hace falta también la sensibilidad para saber cuál es el momento especial que hay que tomar. Trabaja, dice, de una forma receptiva al factor sorpresa. “La fotografía de danza es un entrenamiento permanente para tener la mente ágil y disparar sobre todo lo que tienes encima”, explica esta reconocida reportera que recién se está jubilando.

Es tiempo de retirarse, concluye quien pasó sin problema la transición digital. “Es un proceso totalmente diferente, pero me gusta la tecnología. Aunque hoy en día, la mayoría de los fotógrafos nomás están viendo las fotos que tomaron y se les va la oportunidad de otra toma. Esto de que inmediatamente puedes ver tu imagen es otro concepto, antes la teníamos registrada en la mente y luego nos llevábamos algunas sorpresas en el cuarto de revelado”.