La pelota se convierte en hecho político
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La pelota se convierte en hecho político

Mañana no se jugará al futbol; el balompié juega -en serio- a los asuntos internos de la política entre La Moncloa y las autonomías, aunque por ahora el ruido y las patadas sólo involucren a Cataluña.

Mauricio Mejía
22/12/2017
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En el clásico de mañana no se juega la Liga; se dirime una forma de orgullo en medio de la crisis catalana, cuyos resultados electorales ponen en aprietos a toda la península. La pelota es un acontecimiento político. Y ahora el Bernabéu se convierte en el corazón tan blanco (Javier Marías dixit) de una idea de España. La tensión tras el triunfo de Ciudadanos, con el apoyo inédito de separatistas, llegará a la cancha en un duelo en el que Barcelona se adelanta 11 puntos del cuadro de Zidane.

La carga simbólica del encuentro hubiera sido mucho mayor si el partido se jugara en el Camp Nou; aún así la tribuna hablará sobre la identidad hispana: será memorable lo que diga. Las fuerzas más opuestas del tablero de la primera división nunca habían tenido tanto protagonismo en la vida política española.

Mañana no se jugará al futbol; el balompié juega -en serio- a los asuntos internos de la política entre La Moncloa y las autonomías, aunque por ahora el ruido y las patadas sólo involucren a Cataluña. Quienes pretenden separar el impacto social de las elecciones con lo que suceda en el estadio cometen el pecado de la inocencia. En pocas, muy pocas rivalidades deportivas, el peso de la historia es tan grave y tan concentrado como el clásico español. Se juega mucha historia en cada versión del desafío. Paradójicamente, lo deportivo está dirimido.

No se ve la manera en la que el 11 blanco supere la desventaja con el Barcelona (nunca tan incómoda la palabra, porque la página de la independencia no ha sido cambiada; todavía quedan muchos renglones en este capítulo), que solamente ha perdido seis puntos en lo que va del curso.

Es probable -porque así es el futbol- que el Madrid rompa el invicto del equipo culé. Y probable que las gradas vean la eventual victoria como una muestra de autoridad sobre las pretensiones de divorcio que mantienen los resultados en las urnas. Pero ese hipotético triunfo no será más que una aspirina ante el conflicto de la entraña española.

El futbol es un hecho político que ha dejado sus huellas por todas partes. Madrid y Barcelona nunca antes estuvieron tan cerca y tan lejos en el césped. El rumor insuperado del independentismo agrega sal y pimienta a las posturas de varios jugadores blaugranas sobre la libertad de elección de los electores, el más emblemático fue Piqué, pero también Xavi se preguntó si una democracia sólida debía mantener a presos políticos. Mañana, eso sí, hay partido.

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