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La novela de la salud mental de Sergio Pitol

Familiares, amigos y tutores se contradicen en torno a la salud del escritor de 84 años que actualmente vive en Xalapa y sufre de una enfermedad degenerativa.
Eduardo Bautista
18 julio 2017 0:30 Última actualización 18 julio 2017 5:0
Sergio Pitol

(Especial)

La confusión reina en torno a la vida de Sergio Pitol. Sin capacidad de habla debido al cuarto y último grado de su afasia primaria progresiva no fluente, el escritor mexicano vive inmerso en una serie de contradicciones y conflictos legales entre sus familiares y amigos.

Nadie sabe dónde está la medalla del Premio Cervantes que recibió en Alcalá de Henares en 2006: ni el DIF de Veracruz —la instancia encargada de su tutoría desde 2015— ni sus familiares más cercanos, Laura y Luis Deméneghi, sobrina y primo, respectivamente.

Algunas de sus amistades no lo ven desde diciembre pasado. Mario Muñoz, académico de la Universidad Veracruzana, quien lo conoce desde hace 50 años, es una de ellas. Cuenta que el chofer, Guillermo, le comunicó un día que la enfermedad del narrador se había agravado, por lo cual los familiares les pidieron que no se acercaran a él hasta que se determine, formalmente, su estado de salud.

Rodolfo Mendoza, ex director del Instituto Veracruzano de la Cultura y amigo de Pitol desde hace al menos 20 años, tiene prohibida la entrada al domicilio del autor, ubicada en Pino Suárez 11, en el Centro Histórico de Xalapa. Así le fue notificado el pasado 3 de julio a través de un correo enviado desde la dirección billie.upward@gmail.com, y del cual tiene copia El Financiero.

Aquí comienzan las contradicciones.

Rodolfo Mendoza —actual coordinador de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU)— asegura que ese correo fue escrito por la funcionaria del DIF, Eos López Romero, tutora provisional de Pitol desde el 16 de diciembre.

Sin embargo, consultada por este diario, ella lo niega. “La señorita Laura es la que se hace cargo de ese correo. Del DIF no salió nada. Yo no tengo ninguno. Tengo la función de asistir al maestro en su situación médica”. No obstante, horas después, Laura Deméneghi confirmó a este diario que por petición de la familia, la tutora sí envió ese correo.

La tutora pidió más control, porque venir a ver a mi tío no es como venir a un zoológico


Mendoza fue denunciado por Luis Deméneghi ante la Fiscalía General de Veracruz por los presuntos delitos de abuso de confianza, coalición y manipulación de un incapacitado, según consta en la carpeta de investigación FES 269/2016/OF/FIS, abierta ante la fiscalía especializada de delitos cometidos por servidores públicos.

“Me acusan de que quiero modificar el testamento del maestro y hasta me inmiscuyen en la creación de una fundación con Karime Macías (esposa del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte), cuando se sabe perfectamente que a la pasada administración no le importaba la cultura”, comenta Mendoza.

Laura Deméneghi le responde: “no queremos que Rodolfo siga entrometiéndose en nada que tenga que ver con Sergio Pitol. Próximamente voy a demostrar el beneficio que obtuvo gracias a la cercanía que tuvo con mi tío y a esta idea tan difundida de que se encuentra en sus cabales, cuando eso es mentira. Ni siquiera me reconoció a mí en octubre del año pasado”.

El DIF de Veracruz informa que, con excepción de Mendoza, a nadie se le ha prohibido la entrada al domicilio de Pitol. “Lo que sí existe es una programación de las visitas”, indica López Romero. Añade Deméneghi: “la tutora pidió más control, porque venir a ver a mi tío no es como venir a un zoológico”.

Las personas que quieran visitarlo, apunta la tutora, deben llamar al DIF para agendar una cita, porque las “emociones inesperadas” alteran al autor de El Mago de Viena, quien, agrega Deméneghi, ya está acostumbrado a un ritmo de vida muy específico: escucha música, duerme en horarios muy determinados, se despierta alrededor de las 9:00 horas para comer, le practican sus terapias de rutina, le leen pasajes de El viaje de una vida —uno de sus libros en los que recuerda a su familia, editado a propósito del Cervantes—, le ponen música de Beethoven o Mozart y le programan en la televisión algunas óperas del Canal 22. Interrumpir ese orden, señal la tutora, le genera ansiedad, nerviosismo e insomnio.

Según el DIF, desde el 16 de diciembre hasta hoy sólo han solicitado verlo tres personas y otras tres llegaron sin avisar (aunque sí lograron entrar).

El 1 de julio le llevaron serenata con cantantes del coro de la Universidad Veracruzana. No se pudo despertar. Fueron amigos como la pintora Leticia Tarragó, quien conoce a Pitol desde hace cuatro décadas. Sólo ella y Magali Velasco, ex coordinadora de la FILU, pudieron verlo.

MOZART SE APAGA
Quienes conocen al autor de El arte de la fuga saben que su compositor favorito de ópera es Mozart. Muñoz —con quien compartió viajes al extranjero e innumerables proyectos en la Universidad Veracruzana— lamenta que hayan terminado las tertulias operísticas que tanto le gustaban al escritor, y que se realizaban cada sábado en su casa. “El año pasado lo vi muchísimas veces”, afirma.

Esas reuniones concluyeron a finales de 2016. “Le encantaban”, comparte Mendoza. “Cuando fui a la primera tertulia me sorprendió verlo muy elegante. Todos íbamos con ropa de fin de semana. Le dije que vaya que se había tomado en serio lo de la ópera. Sólo nos reímos”.

Su sobrina asegura que, durante todo 2016, su tío ya no estaba en condiciones de convivir con nadie. Mucho menos de asistir a eventos públicos. Afirma que tiene videos que lo prueban.


¿MENTALMENTE SANO?
La incertidumbre es la única certeza sobre el estado mental del escritor y traductor.

Hay versiones encontradas. Muñoz asegura que la última vez que lo vio estaba bien. Ambos solían ir a la cafetería Espresso 58, en el centro de Xalapa. Pitol siempre pedía dos espressos. Se reía y la gente se le acercaba para saludarlo o pedirle alguna firma. Hubo veces en las que, dice, lo acompañó a comprar discos de música clásica a una tienda que es propiedad de su primo Luis. Sus dos grandes amores, reconoce su amigo, son sus perros Homero y Lola.

Sin embargo, Laura Deméneghi sostiene que eso es imposible. Que su tío está mal de sus facultades y que no reconoce a nadie desde octubre pasado. Ni a ella. Y pese a ello, dice, lo seguían utilizando para que firmara autógrafos en ferias del libro y otros eventos públicos. Las pruebas de esto, señala, ya han sido presentadas ante las autoridades pertinentes. “La afasia no es una gripa: es una enfermedad incluso más agresiva que el Alzheimer”, comenta.

La tutora del DIF estatal tiene otra versión: “Está estable en su padecimiento. Es una enfermedad progresiva. Pero en todo lo demás está estable”. Y aunque admite que la responsabilidad de la dependencia es velar por las necesidades físicas, mentales y financieras del escritor, acepta que no sabe dónde se encuentra la medalla del Cervantes. “Ese tema es con la pasada administración”, advierte. Laura tampoco lo sabe, e incluso dice que también desapareció una colección de cinturones.

“Es muy lamentable que el nombre de Sergio Pitol esté pasando por una situación tan desagradable. Me enteré que hubo una ocasión en la que incluso Sergio sacó a Luis de su casa”, recuerda Mendoza.
La biblioteca de Pitol cuenta con alrededor de 14 mil libros, según un inventario realizado por la Universidad Veracruzana en 2014. Por decisión del autor, su acervo será entregado a esta institución cuando fallezca.

La familia de Pitol señala que la administración pasada el DIF —a cargo de la tutora Adelina Trujillo, a quien se intentó localizar sin éxito— no le brindó los cuidados necesarios al autor. “Lo encontramos con llagas en su cuerpo, con problemas de higiene”, sostiene Deméneghi.

En diciembre de 2015, Margo Glantz y Mario Bellatin firmaron una carta en la que rechazaron que el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua estuviera incapacitado mentalmente, tal y como lo decía su primo Luis.

Sergio Pitol tiene 84 años, incapaz de traducir lo que está pasando con su vida.