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CULTURAS

La Navidad también es una espina

Cuatro cuentos en donde el espíritu navideño es una experiencia amarga son montados en escena por la Compañía Los Endebles, dirigida por el dramaturgo Boris Schoemann. 
Rosario Reyes
23 diciembre 2014 20:18 Última actualización 24 diciembre 2014 5:0
"Cuentos Antinavideños" de la Compañía de teatro Los Endebles. (Foto: Fabián García)

"Cuentos Antinavideños" de la Compañía de teatro Los Endebles. (Foto: Fabián García)

Con un tufo de humor negro, la Navidad también se padece. Tradicionalmente, en esta temporada se montaban solamente pastorelas, pero el ojo crítico de Boris Schoemann y la Compañía Los Endebles se posó sobre la festividad para revirar su espíritu y desde 2002 cuenta con un público de ánimo más bien grinch, que sigue fielmente los montajes de sus Cuentos Antinavideñosen el Teatro La Capilla.

La “blanca Navidad” no existe para todos. Gracias al arte, es posible reírse de la desgracia. “Yo me pregunto qué decir y qué hacer en el teatro en México con los acontecimientos políticos y sociales, con la desinformación, cierta teatralidad de la información dada por los políticos, que me da mucho qué pensar que se estén metiendo en nuestro ámbito, y siento que tenemos que responder con las herramientas que tenemos a la mano. Obviamente, hacer teatro rosa y con final feliz no me interesa mucho, es más interesante hacer pensar a la gente que resolverle problemas y no provocarles ningún conflicto, ningún daño. Se trata de abrir perspectivas, abordar las temáticas desde un enfoque humano muy sensible, con este escape humorístico que permite que la vida sea tolerable y no nos cortemos las venas”, dice Schoemann.

En las historias de este año, bajo la dirección de Angélica Rogel, una adolescente pierde la virginidad con el Santa Clós de la plaza; la viuda sueca de un mexicano corrupto apela al espíritu de la Noche Buena de un pueblo de plañideras para que lloren a su muerto; la señora Clós celebra por primera vez una Navidad en compañía de su esposo, y un hombre cuenta ante el público cómo todos los días son 25 de diciembre para él.

Más de 50 textos se presentaron a concurso y estos cuatro se llevan a escena desde el 20 hasta el 30 de diciembre: X_X Santa, de Jennifer Monge; Lágrimas de Bergman, de Mariana Hartasánchez; Indigesta, de Scarlett M. Badeau (obra ganadora) y Navidad borgeana circular, de Luis Guerrero.

“Los primeros textos trataban del odio a la Navidad, a los romeritos de la tía Chencha, y luego se fueron diversificando y enriqueciendo. Cada vez son mejores, ya tenemos autores que han ganado en varias ocasiones, siempre tenemos nuevos; de hecho, la ganadora de este año es una joven que nunca había participado, son temáticas muy distintas, el chiste es toda la progresión que tiene el cuento, porque no son monólogos, son como confesiones de personajes que vienen a contar su mala experiencia navideña”, cuenta el director de la Compañía Los Endebles.

Le ha sorprendido un poco la respuesta del público, que espera esta temporada a los dramaturgos que mandan sus textos. “Se nota un desahogo necesario de algo que no existía y ha aportado algo de humor distinto a las cosas, esas hipócritas, chafas, que muchos odiamos y no soportamos, y qué bueno poderlo decir en voz alta y hacer una comunión. Hablar de algo distinto ha hecho que la gente se reconozca, venga en familia y lo maravilloso es que desde hace cinco años ha habido montajes en otras ciudades, porque publicamos los textos, la gente se pone en contacto con los autores para tener los derechos, montarlos, lo cual me da mucho gusto y demuestra también que encontramos un público ávido de ver las cosas de otra manera”, dice.

Convencido, Boris Schoemann afirma que no rescata nada de esta festividad. Se confiesa ateo, lo cual no quiere decir que no haya celebrado con su familia, pero en esta época prefiere “buscar un descanso necesario en otros ambientes; pero bueno, cada quien, siempre el 24 y 25 no damos función para permitir que los actores sí celebren con su familia, a pesar de que aquí estemos con el espíritu grinch a todo lo que da”.

El director confiesa que él mismo tiene ese espíritu antinavideño. “Todo esto es un gran asunto comercial, un gran asunto hipócrita, muchas veces la familia se reúne por convencionalismos, por puritita forma, no se dicen nada, se sonríen de frente, pero por detrás se dicen cosas horribles. Cuál espíritu navideño, de qué estamos hablando cuando las cosas tristes que ocurren en el mundo y en la vida diaria me interesan más. Me interesa más hablar de esas cosas que no están tan a la luz y tan bonitas”.