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La maldad en la novela negra es más llevadera con una carcajada: Bef

10 febrero 2014 5:3 Última actualización 06 agosto 2013 7:49

 
Viridiana Villegas Hernández
 
Por segunda ocasión, la detective Andrea Mijangos se enfrenta a la terrible Lizzy Zubiaga, la reina de las drogas sintéticas, quien ahora ha decidido cerrar sus narcolaboratorios y diversificar su negocio a través del lavado de dinero. Todo esto ocurre en la novela intitulada Cuello blanco (Grijalbo), del escritor y dibujante Bernardo Fernández, mejor conocido como Bef.
 
Era 2011 cuando Bernardo Fernández, Bef (Ciudad de México, 1972), publicó Hielo negro, primera parte de la serie de historias que desde años anteriores tramaba teniendo como protagonistas a dos voces femeninas de características marcadísimas, tan distantes que por momentos parecía que una no podía vivir sin la otra. Este 2013, el autor hace entrega a los lectores de la segunda parte de esta ficción policiaca que si bien no está ilustrada por el también dibujante de historietas, es posible imaginar sus escenas al estilo pop.
 
-Cuando comencé a escribir la primera parte de este argumento, sostiene Bef en entrevista, sabía que deseaba concretar una serie de al menos tres libros. Más que retomar a los personajes para publicar la secuela de este año, siento que hubo una evolución tanto en ellos como en mí en el papel de narrador: descubrí que Andrea Mijangos crece mucho como mujer y que la mente de Lizzy es cada vez más retorcida...
 
-Y la trama ya no es en torno de los narco laboratorios, sino que presenta tintes de índole financiera.
 
-La visión tradicional que aún tenemos del crimen, en particular del narcotráfico, es muy folclórica, exótica, concepto que poco a poco se ha desgastado porque el verdadero negocio se está mudando a otros lugares, e incluso se ha politizado y corporativizado a través de operadores financieros muy capaces. Si bien me imagino muchas cosas y supongo otras, este volumen posee como punto de partida la investigación, la cual no fue fácil desarrollar, ya que las fuentes sobre lavado de dinero no son tan comunes ni sencillas de encontrar. En los periódicos hallaba cosas entre líneas y me acerqué en la medida de mis posibilidades al mundo de la delincuencia de cuello blanco, ese que no aparece en las secciones policiacas, sino en las páginas de sociales, ya que es una violencia muy sutil, al grado de que para la ley es complejo tipificarlo. En esta lógica, mi narración exalta las acciones criminales (como sucede en los cómics de Batman) y explica cómo es que los valores pecuniarios en efectivo mal habidos son recolocados en lo que llamé "Banco Internacional de Criminales". Creo que bajo otra técnica el tema hubiera resultado árido o didáctico cuando mi intención no era dar clases, sino hacerlo divertido. Si bien México no es un país donde sea sencillo hacer lavado de dinero debido al endurecimiento de legislación acerca del manejo de efectivo, existen naciones (además de las famosas Islas Caimán) en las que toda su economía pende de un sistema bancario que no hace preguntas.
 
-En esta ocasión el contexto de los personajes no se limita al territorio nacional y algunos otros países, como España o Inglaterra, sino que les proporcionaste un escenario global.
 
-Esto se debe a que el crimen es hoy una corporación globalizada, de presencia incluso en lugares que parecieran olvidados, oasis donde se blanquea el dinero proveniente de operaciones ilegales, lo cual nos da idea de una macroeconomía terrorífica que pareciera omnipresente.
 
-Si bien la parte descriptiva de los hechos violentos en este libro es en suma vívida, también en este tomo se concibe mucho más enriquecida la parte humorística.
 
-¿Ah, sí? ¡Ja-ja! Creo que el humor es un recurso muy útil para darle alivio a situaciones tan extremas. Por ejemplo, cuando busqué la ayuda de policías y médicos forenses en mi investigación, aprendí que tienen un sentido del humor peculiarmente negro. Y es que la realidad es muy dura. Pienso que si no hubiera echado mano de este elemento, la lectura de esta serie se convertiría en una tarea pesadísima. La maldad retratada en la novela policiaca es más llevadera con la pizca de una oscura carcajada.
 
-Por otra parte, en esta ocasión Lizzy Zubiaga está mucho más asentada en el círculo caricaturesco de la denominada "gente bien" o "socialité".
 
-Ella siempre ha sido un personaje que quiere dejar atrás sus raíces y aspira a lo que ella cree que es lo mejor de lo mejor: vivir en una mansión con piscina, conducir automóviles de lujo, entablar amistad con artistas y demás gente culta.
 
-En contraparte, somos testigos de cómo, al fin, Andrea Mijangos descubre su feminidad.
 
-Así es, desde la primera novela ella se siente horrible, aunque todo mundo siempre le quiere hacer ver lo bonita que es. Fue increíble cómo a través de una misión encubierta y el entrenamiento que le ofrecieron para convertirse en otra persona, se da cuenta de su beldad, de que es capaz de atraer la atención de cualquier hombre porque es espectacular sin obligarse a ser una hermosura de moda; es decir, la típica anoréxica producida hasta el último detalle de su arreglo personal. No, ella es una mujer curvilínea, grandota, pero preciosa (o así la tengo en mi cabeza). Al final comprende que la belleza está en ella, en su seguridad, no en los zapatos de tacón que porte ni en la marca de ropa que utilice. El personaje se merecía esta reflexión, al tiempo que me he unido a las pocas obras policiacas que no son protagonizadas por hombres. Desde el principio me enfrenté a la construcción de una voz femenina verosímil, que no fuera un travesti, sino que los lectores encuentren verdaderamente a una mujer cercana en estos libros.
 
-Ahora bien, la rivalidad entre estas dos damas es profesional, pero también es personal y clama venganza.
 
-Los odios femeninos pueden llegar a ser de una profundidad temible. Entre hombres no se experimenta ese encono porque las diferencias se resuelven más rápido. Como narrador el desafío es observar con mucho cuidado para, entonces, poder plasmar esa intensidad que es a morir y, en efecto, llega a ser agotadora. ¡Creo que va a darse un punto en el que ya no voy a entender por qué permanecen en eterno conflicto, sólo trato de intuir! Incluso estoy tentado a llevarlas a un punto en el que comprendan que necesitan una de la otra para poder continuar, aunque todavía no tengo claro el camino que seguirá la historia para llevarlas hasta ahí. El juego del gato y el ratón tendrá que terminar en una tercera entrega.