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CULTURAS

La irreverencia teatral que se toma en serio

¿Un teatro sin drama? Suena raro, pero existe. Se trata del teatro posdramático, el cual se realiza "a partir de elementos, de signos u objetos que uno va poniendo en escena", asegura en entrevista el 
actor y director Marco Norzagaray.
Myrna Martínez
11 septiembre 2014 21:53 Última actualización 12 septiembre 2014 5:0
El teatro posdramático se realiza en México desde 1960. (Foto: Cortesía)

El teatro posdramático se realiza en México desde 1960. (Foto: Cortesía)

Un teatro sin drama, sin personajes, a no pocos les parecería absurdo. Pero el teatro posdramático es precisamente eso, una forma que no está regida por el texto, sino que lo rompe, lo transforma, lo canta o prescinde de él. Está más allá de la fábula.

Estas propuestas, sacrílegas para los más puristas, surgen en Europa después de las vanguardias, en la década de los 60, de acuerdo con el libro Teatro posdramático (1999), del alemán Hans-Thies Lehmann.

Para Marco Norzagaray, actor y director dedicado al posdrama, este arte atiende más a las atmósferas que a los lineamientos de un texto aprendido; las creaciones, en principio, no surgen de la dramaturgia. Se trata de un proceso que puede ser largo y con muchas aristas.

“Lehmann analiza cómo los creadores han empezado a dislocar la idea de anécdota y ficción: ya no hay personajes, ni una historia de principio a fin y los límites de la ficción se empiezan a borrar”, explica.

En los laboratorios de creación se pueden ocupar testimonios, cartas, fragmentos de poesía, canciones o narrativa que pueden integrar otras artes o disciplinas como instalación, performance, danza, música viva, happening o teatro del cuerpo, que ocultan los mecanismos de ficción.

En su último montaje, La mirada de Cobain, Norzagaray realiza un trabajo unipersonal sobre el fracaso y el suicidio a partir de un instante del Unplugged de Nirvana: cuando en la última canción, Kurt Cobain detiene un segundo el acorde y mira hacia arriba. La obra, que se entreteje con la vida del actor, parte de una pregunta: ¿qué vio, que cinco meses después se metió una bala?

“El trazo escénico en el teatro convencional se genera a partir de la investigación del texto, acá es al revés: a partir de elementos, de signos u objetos que uno va poniendo en escena”, dice Norzagaray.

A la dramaturga y directora Fernanda del Monte, ganadora del Premio Internacional de Ensayo Teatral 2013 por su trabajo Territorios textuales en el denominado teatro posdramático, le gusta escribir textos literarios que después monta de manera fragmentada.

“La literatura dramática se libera de la estructura y se va a mil lugares: al ensayo, al desarrollo poético; se vuelve intertextual, hipertextual, híbridos entre el texto dramático y el ensayístico. Si ya no hay una historia y ya no hay personajes se vuelve un teatro de presentación, donde puedo presentar un testimonio, un documento; puedo hablar de muchas cosas, pero ya no desde un personaje”, dice Del Monte.

La cuarta pared se esfuma, las grandes escenografías desaparecen, a veces hasta los actores son omitidos, y los montajes se realizan en sitios abandonados o públicos, museos, casas o entre butacas.
Del Monte acepta que puede haber resultados catastróficos, pero lo más interesante de este tipo de propuestas es que el discurso llega al espectador de una forma más directa, lo que hace que cada persona tenga su propia conclusión.

“La historia se crea en la cabeza del espectador y no en la escena, ya no es un teatro unívoco. Cada persona tendrá una historia diferente”, explica Del Monte, quien realiza una residencia artística en Montreal, Quebec.

Pese a que en México se hace posdrama desde los 60 -sus antecedentes están en el trabajo de Juan José Gurrola- y hay espacios para su difusión, como el festival Transversales, todavía es visto con recelo no sólo por el público, sino por el mismo gremio.

“En México da la impresión de que fuera algo nuevo porque no llega a la gente, y esto se debe a la falta de apoyo de las instituciones; no reconocen las propuestas que se salen de la dramaturgia tradicional”, asevera Norzagaray. “El teatro está muy institucionalizado y parece que todo lo que les resulta extraño lo rechazan, como si estuviéramos lastimando su ser teatral; no lo entienden y no lo quieren entender”.

En el país existen compañías que se han dedicado a explorar el teatro posdramático desde hace más de una década, como Lagartijas tiradas al sol, Teatro Ojo y Línea de sombra, y creadores como Alberto Villarreal, Mariana García Franco o Marco Vieyra.

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"La mirada de Cobain". La obra se presentó en el casco de un avión abandonado. (Cortesía)