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La inseguridad amenaza el Mundial

A seis semanas del comienzo de la Copa del Mundo Brasil 2014, la inseguridad no cesa en Río de Janeiro, uno de los principales destinos turísticos del país sudamericano. 
Bloomberg
29 abril 2014 22:45 Última actualización 29 abril 2014 22:53
Inseguridad en Río de Janeiro. (AP)

Inseguridad en Río de Janeiro. (AP)

Los dos muchachos tenían navajas. Por lo tanto, Carlos Guzmán les entregó su alianza, el iPhone y la billetera. Lo que realmente le molestó fue que la policía dijo que sabía dónde vivía uno de los chicos, pero no actuó.

“Me dijeron que fui afortunado por no oponer resistencia, porque se sabe que este chico apuñaló a algunas personas, pero como es menor no pueden hacer nada”, comentó Guzmán, de 36 años. “Creo que esto se agravará con la Copa del Mundo”.


El delito callejero está creciendo en Río de Janeiro, el principal destino turístico de Brasil, en tanto la policía se prepara para los 400 mil simpatizantes que se esperan para el torneo de futbol disputado cada cuatro años que comienza en seis semanas, el próximo 12 de junio.

La anarquía coincide con una economía desacelerada y un descontento latente después de una década de paz creciente en las villas miseria, conocidas como favelas, diseminadas en toda la ciudad.

Los atracos crecieron 19 por ciento el año pasado hasta 37 mil 412, según cifras oficiales. Ésta es una cantidad que duplica los de Nueva York y el Distrito Federal, pese a que Río tiene 6.3 millones de habitantes, unos 2 millones menos que esas ciudades. En la principal zona turística, que abarca los barrios de Copacabana, Flamengo e Ipanema, donde Guzmán fue asaltado, los delitos de ese tipo crecieron 49 por ciento. Los atracos allí aumentaron un 53 por ciento en enero respecto del año pasado.

Las playas de Ipanema y Arpoador sufrieron el año pasado una serie de incidentes conocidos como “arrastoes”, o “grandes arrastres”, en los cuales las pandillas corren a través de multitudes golpeando a las personas y arrebatando lo que pueden. Mientras el canal de televisión Globo interrogaba a una mujer en cámara sobre los atracos, un muchacho le quitó el collar a la entrevistada y el entrevistador corrió tras él en vano.

“Sabemos que nuestro país puede verse perjudicado cuando el mundo ve esta violencia”, aseguró el ministro de Deportes de Brasil, Aldo Rebelo.


PRESENCIA POLICIAL, INSUFICIENTE


Durante la Copa del Mundo, la policía proyecta proteger un perímetro alrededor del estadio Maracaná, donde se desarrollará la final, y otras áreas turísticas, y desplegará más de 7 mil policías militares, entre éstos, 2 mil cuyas vacaciones fueron postergadas. En la ciudad trabajarán otros 156 oficiales que hablan idiomas extranjeros.

La presencia policial en Río creció conforme las autoridades se preparan para la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos de 2016. Los efectivos policiales civiles y militares ascendían a 54 mil 173 en 2013, un 11 por ciento más que en 2007, según la oficina de seguridad estatal.

Los arribos de turistas extranjeros en Río crecieron hasta 1.76 millones en 2012 en comparación con 1.46 millones una década antes, según los datos más recientes. La agencia nacional de turismo espera unos 600 mil durante el mes del Mundial, en tanto dos tercios se alojarán en Río.


CAUSAS DISCUTIDAS


Los funcionarios discuten cuáles son los factores que impulsan el aumento del delito. Las estadísticas varían por “diversas razones operativas”, dijo la oficina de seguridad estatal en un comunicado enviado por correo electrónico. José Mariano Beltrame, responsable de seguridad para el estado de Río, que incluye a la ciudad, rechazó las solicitudes de entrevista.

Pedro Fernandes, el secretario del estado de Río en el área de ayuda social y derechos humanos cree que el aumento del delito deriva del mayor consumo de droga, especialmente crack.

Otros expertos no coinciden con él. No hay ninguna investigación que documente que el aumento del consumo de crack afecta el delito, afirmó Ignacio Cano, profesor de sociología en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, o UERJ. “La idea de que el crack está detrás del delito es una mistificación”.


POBREZA APABULLANTE


Cano apunta como causa de la inseguridad a la pobreza tenaz en las favelas, que albergan 1.4 millones de habitantes, es decir, el 22 por ciento de la población, aunque las bandas de drogas estén retrocediendo. Desde 2008, la policía ha establecido 37 unidades llamadas de pacificación, a las que se conoce como UPP, en las villas miseria que controlaban las pandillas.

Los avances de las unidades comienzan con la policía, a veces acompañadas por soldados y vehículos blindados, que toman el control y luego permanecen durante meses, contrariamente a la táctica anterior de incursiones relámpago para capturar delincuentes e incautar drogas. Esto desembocó a menudo en un combate campal.

En medio de las medidas enérgicas, la economía nacional comenzó a tambalearse. El PIB creció un promedio de 2 por ciento desde 2011 hasta 2013, el nivel más bajo para tres años en una década. El pronóstico medio de economistas consultados por Bloomberg apunta a un crecimiento de 1.8 por ciento este año. De 2006 a 2008, la economía creció a un ritmo de 5.1 por ciento anual.

Río representó 5 por ciento del PIB nacional en 2011, según las cifras gubernamentales más recientes, después de Sao Paulo. El desempleo entre los jóvenes de 18 a 24 años alcanzó 34.2 por ciento en marzo, en comparación con el promedio nacional de 34.9 por ciento.

Pese a que la ciudad parece una enorme obra en construcción, los 24 mil 211 empleos creados en Río en los 12 meses previos a marzo representaron menos de la mitad que en el mismo período el año anterior, según el Ministerio de Trabajo.


La desaceleración contribuyó a que se perdiera la idea de oportunidad, dijo Theresa Williamson, directora ejecutiva de Catalytic Communities, un grupo de defensa que trabaja en barrios castigados por la pobreza. Además de una educación deficiente, las favelas todavía tienen agua y electricidad informal, escasa recolección de basura y a menudo albañaleso.

“Recurren a cosas extremas cuando no tienen esperanza, y hace dos o tres años eran mucho más optimistas”, comentó Williamson. “El avance del delito es consecuencia de la desesperanza”.

Sin duda, Río es mucho menos peligrosa que durante los años 90, y la reciente recaída probablemente no afecte la inversión, según James Guldbrandsen, administrador de activos en Río para NCH Capital Inc. de Nueva York. “Cuando llegué aquí hace 17 años era un lugar completamente distinto; no se podía salir del hotel en Copacabana de noche”, dijo Guldbrandsen en una entrevista. “Ahora no es para nada así. Sí, son pasos lentos, pero están avanzando”.

Los homicidios en Río cayeron en 2012 hasta su nivel más bajo en más de dos decenios, aunque registraron el primer aumento en cuatro años en 2013, subiendo 10 por ciento.


ACTIVIDADES EN FAVELAS



Un decenio atrás, había gángsters instalados junto a piscinas con sus pistolas automáticas y sus novias en el complejo deportivo Vila Olimpica en una extensión de favelas conocida como Alemao, según el coordinador técnico Gedeon Rosa. Días atrás, había mujeres mayores practicando gimnasia acuática y niños que tomaban clases de fútbol, natación o capoeira, un arte marcial brasileño.


Había pocos adolescentes. Marcus Gabriel Santos, de 15 años, era uno de ellos. Ese mismo día, más temprano, había presentado sus documentos para solicitar una tarjeta de trabajo del gobierno. No quería mezclarse con el tráfico de drogas, como hizo su hermano mayor. Para no tener problemas, va a la Vila todos los días a nadar y jugar al fútbol. La ciudad y el Banco Interamericano de Desarrollo llevan adelante un proyecto piloto para atraer a jóvenes en situación de riesgo al complejo deportivo.


Esto no sirve de gran consuelo a Sydney Blumstein, de 30 años, que se aprestaba a disfrutar de mucho sol y samba a su llegada el año pasado. Apenas seis horas más tarde, ella y su amiga fueron atacadas en Copacabana. A la semana, dos adolescentes las asaltaron nuevamente cerca de Lapa Arches, un acueducto y punto turístico destacado del siglo XVIII.