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buena vida

La importancia de saber lo que es mejor comer

Hábitos tan sencillos como tomar agua al despertarse o que las verduras sean "el plato fuerte" y no un acompañamiento, así como introducir en la dieta todos los alimentos verdes y crudos posibles pueden hacer un cambio radical.
Rosario Reyes
01 septiembre 2015 22:13 Última actualización 02 septiembre 2015 5:0
Boris Chamás escribe "El poder del alimento" (Grijalbo, 2015) que contiene datos de investigaciones científicas. (Fabián García)

Boris Chamás escribe "El poder del alimento" (Grijalbo, 2015) que contiene datos de investigaciones científicas. (Fabián García)

Estar sano no es solamente la ausencia de una enfermedad manifiesta. Es un estilo de vida. Con energía, fortaleza, claridad de pensamiento, alegría y un bienestar general que surge de la forma de comer. Así de simple. Y de complicado. Sobre todo en estos tiempos en los que los alimentos procesados son tan populares.

Hábitos tan sencillos como tomar agua al despertarse o que las verduras sean “el plato fuerte” y no un acompañamiento, así como introducir en la dieta todos los alimentos verdes y crudos posibles pueden hacer un cambio radical.

El colombiano Boris Chamás escribió un libro en el que revela por qué la alimentación de ahora es la causa de la mayoría de las enfermedades que aquejan a la sociedad moderna. El poder del alimento (Grijalbo, 2015) contiene datos de investigaciones científicas acerca del impacto de los hábitos alimenticios en la salud, la comida que enferma y la que beneficia, así como un plan de alimentación y desintoxicación, entre otros materiales de ayuda para iniciar el camino hacia una vida sana.

La clave, dice el también autor de un blog con el mismo título del libro, es la información. “Parte de lo que El poder del alimento ha hecho es sintetizar información científica de una manera sencilla para que cualquier persona pueda leer, tomar conciencia y luego decidir”. El autor asegura que aun cuando se tenga un código genético de cáncer, o alguna otra enfermedad, mediante un estilo de vida saludable se puede lograr que los genes no se expresen de esa manera. Es decir, evitar que la enfermedad se manifieste por herencia.

Pero no hace falta ser científico para tomar decisiones respecto a lo que consume. “Si le muestro algún producto a mi bisabuela y ella no lo reconoce, no es recomendable. Si leemos en las etiquetas infinidad de aditivos, quiere decir que es un alimento altamente procesado que, en general, recomiendo evitar. Hay que ir a lo orgánico, a los productos que han sido criados y cultivados como la madre naturaleza nos lo dio. Nos garantiza una mejor salud a los humanos, a los animales y a todo el planeta”.

La historia de este ingeniero convertido en escritor es ejemplar. Hace algunos años, dejó de comer carne por prescripción médica para resolver sus problemas respiratorios, aunque se convirtió en lo que él llama “harinariano”: cambió la carne por alimentos preparados con harina. Poco a poco fue tomando conciencia y dejó los pescados y, finalmente, hace siete años dejó los lácteos.

“En cada paso he encontrado algún beneficio que se nota en mi salud.
Yo le digo a la gente que es incrédula que haga la prueba y vea los resultados en su propio cuerpo. Por ejemplo, hay mucha información a favor del consumo de lácteos, pero ninguna especie viviente sigue bebiendo leche después del destete y menos de una especie distinta. No necesitamos consumir lácteos y al dejarlos, los cambios en el organismo son notables”, comparte.

En Laos, donde el 91% del consumo calórico de su población proviene de los vegetales orgánicos, porque no utilizan pesticidas en su cultivo, sólo el 4% de los fallecimientos son a causa de enfermedades del corazón y cáncer, concluye Boris Chamás. “Mientras que países como los nuestros, puede ser el 70% de la población. Algo hay en el fondo respecto a la alimentación. Tampoco es un tema genético que los asiáticos son delgados, no hay más que mirar a los chinos que viven en Estados Unidos y han adoptado su dieta”.