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La gráfica camina sobre las piedras de los viejos discursos: Magali Lara

La mayoría de las 110 obras gráficas que conforman "INtemperie", la más reciente exposición de Magali Lara en el Museo de la Estampa, están impresas en blanco y negro. La ausencia de color que descubrirá el espectador forma parte de un discurso sobre los tiempos que corren, admite la artista mexicana.
Rosario Reyes
28 junio 2015 20:56 Última actualización 29 junio 2015 5:0
Un grito de ayuda y un abrazo de esperanza. Eso es lo que, a decir de Lara, traza el conjunto de obras que conforman "INtemperie". (Cortesía)

Un grito de ayuda y un abrazo de esperanza. Eso es lo que, a decir de Lara, traza el conjunto de obras que conforman "INtemperie". (Cortesía)

La mayoría de las 110 obras gráficas que conforman INtemperie, la más reciente exposición de Magali Lara en el Museo de la Estampa, están impresas en blanco y negro.

La ausencia de color que descubrirá el espectador forma parte de un discurso sobre los tiempos que corren, admite la artista mexicana. Pero, sobre todo, su objetivo es llamar la atención sobre esta estética tan poco favorecida últimamente por las tendencias culturales. Según ella, debe encontrar nuevas propuestas narrativas que impacten en las emociones de los consumidores.

“Llevamos muchos años en los que la gráfica no esté diciendo lo mismo que la política. El lenguaje, en estos días, no puede ser el mismo que en otros momentos del país. Estamos llegando a un impasse... En este momento lo más difícil es dejar de tener miedo a la hora de crear”. Afirma que la propuesta debe reinventarse, casi con urgencia.

“Necesitamos encontrar otras palabras, otras imágenes, porque las que nos vienen de la Revolución Mexicana son las establecidas por el PRI durante el siglo XX y muchos de nosotros ya no estamos cercanos a ellas”.

Un grito de ayuda y un abrazo de esperanza. Eso es lo que, a decir de Magali Lara, traza el conjunto de obras en distintos formatos que conforman INtemperie, inaugurada el sábado pasado. Se trata de dibujos, aguafuertes y aguatintas sobre placa de cobre, así como impresiones digitales sobre tela, libros de artista, animación digital y textiles que trabajó con el colectivo Línea de Gis, de Cuernavaca, en donde ella vive.

Sus trazos remiten a la infinitud en cada pieza, pero también en el diálogo que sostienen entre sí, por la forma en la que están colocadas. La sensación de desamparo es lo que las hilvana porque, dice, también es lo que unifica a la sociedad mexicana.

“Vemos cómo los jóvenes pueden morir de una manera tan fácil y los inmigrantes ser asesinados con frialdad, y no creo que ninguno de nosotros esté impávido ante ese tipo de cosas. Siento que es importante revisar nuestra fragilidad. Nosotros en Cuernavaca tenemos mucho problema de robo de mujeres y de niños, es un desamparo como padres y como hijos”, sostiene la creadora.