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La garra se confundió con el desdén

Pese a tener una de las nóminas más costosas del futbol mexicano, los Tigres de la UANL jugaron mal, con apatía y tedio la final del torneo de apertura 2015 para obtener su cuarta estrella.
Mauricio Mejía
14 diciembre 2015 0:24 Última actualización 14 diciembre 2015 0:24
Tigres campeón. (Cuartoscuro/Reuters)

Los visitantes de esta noche en el campus universitario del sur de la ciudad salen campeones aún contra la voluntad de Ferretti. (Cuartoscuro/Reuters)

Pocas veces un equipo logra el título haciendo gala de tanta medianía.

Lo sucedido anoche en el Olímpico de Ciudad Universitaria raya en lo ridículo. No hubo emoción, ni épica ni heroicidad. Sino todo lo contrario: tedio, mal futbol y mucha apatía de los Tigres para embolsarse un campeonato que dejaba ir a placer entre la hamaca y la depresión.

Tigres es amo de la liga a pesar de sus jugadores, pero sobre todo de su técnico, a quien toda abundancia siempre le parece poca. La desperdicia con una facilidad de espanto.






Tigres hizo de la ausencia de voluntad una novela y del desfalco una vergüenza. Saltó a la cancha con tres goles de ventaja. Y, con un desenfado grosero se dejó empatar en los últimos minutos del tiempo regular. Luego, con un hombre de más, gracias a la expulsión de Herrera tuvo una segunda oportunidad de demostrar la superioridad del plantel sobre la ocurrencia del espíritu que tenía enfrente: los Pumas, que no jugaron lo suficientemente bien como para resolver el pendiente.

Eso era lo absurdo: Pumas no merecía en 2-0 ni el 3-0, porque la garra no da ventajas en los marcadores. Los norteños, pasmados por sus propias indiferencias ante su tragedia, permitieron que un mustio contrario tomara confianza en sí mismo. Los auriazules se levantaron y anduvieron con la gracia de Ferretti, simpre cío en las victorias, mismas que consigue en el borde de una crisis nerviosa. Esta vez innecesaria.

Después del gol de Gignac en las postrimerías, Tigres tuvo, de nueva cuenta, la posibilidad de poner en orden las cosas. Tampoco lo hizo. El francés falló un gol claro al estrellar la pelota en la mano de Palacios, ya solo en el área chica de su meta. Luego, cargado de vida, como aquel que sabe que ha vuelto a la vida después de pasar por terapia intensiva, Tigres pudo controlar los destinos del desafío, ya en la administración del tiempo. Volvió a caer en la bipolaridad del entrenador.

Pumas, ya cargado de decoro, volvió a insistir con más vocación en el corazón que con técnica en los pies. Y volvió a empatar. Sí. Parecía el guión de una puesta en escena de lo absurdo. Tanto saldo a favor echado a perder por despilafarro de abulia. Pocas veces, también, un equipo con tantos recursos lo ha perdido en tan poco tiempo. CU fue testigo de un falso drama en el que el verdugo jugaba a cortarse las venas delante de su víctima para luego dar a entender sus miedos.

Cuando el llamado a penales convocó a los dos técnicos las caras dejaban en claro lo que había sucedido en 120 minutos de comedia: Vázquez había convertido la arena en agua con el beneplácito del maestro; Ferretti hizo del vino vinagre y de la experiencia una amargura de poco talante.

Ante el arco, desde los 11 pasos, los azul y oro demostraron que el futbol puede tener ciertos detalles de piedad, pero no suelen ser frecuentes. Los Tigres, ya sin la marca y el pesar de su técnico, imposibilitado de “echar para atrás” la maquinaria, convirtieron los penales con una libertad individual muy solvente.

Los visitantes de esta noche en el campus universitario del sur de la ciudad salen campeones aún contra la voluntad de Ferretti, mezquino hasta en la felicidad. El cuarto título para el club de la UANL llega por el empedrado camino de la malagana. La ignominia es ridícula: Tigres es campeón sin vencer a unos Pumas de tardío corazón.