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La fuerza del sueño olímpico…

Juan Carlos Saavedra Ramírez es un amante de los deportes, que a pesar de a consecuencia de un cáncer en el fémur le amputaron la pierna derecha y ahora padece cáncer de pulmón, no se rinde y sigue practicando desde natación hasta tiro con arco.
Rosario Reyes
14 enero 2016 21:15 Última actualización 15 enero 2016 5:0
La amputación  de una pierna a causa de cáncer no impidió  seguir su carrera

La amputación de una pierna a causa de cáncer no impidió seguir su carrera. (Archivo)

A contracorriente, Juan Carlos Saavedra Ramírez ha sobresalido en el deporte. Tenía casi 20 años cuando decidió practicar kung fu wushu, participó en competencias nacionales en las que obtuvo primeros y segundos lugares. En 2007 tuvo la oportunidad de ir a un campeonato internacional en China. Durante casi una década practicó artes marciales de manera profesional, hasta que, a consecuencia de un cáncer en el fémur, el 3 de diciembre de 2004 le amputaron la pierna derecha.

“Lo daba todo, sentía que me transformaba, alejaba todo mi mundo fuera del área de competencia. Fue un gran aprendizaje, el arte marcial me ha ayudado incluso con el problema actual de salud que tengo”, comparte. Y es que el cáncer se ha vuelto a manifestar, pero esta vez en los pulmones.

Cuando decidió convertirse en un atleta paralímpico comenzó a entrenar tiro con arco, su actual disciplina. Pero casi simultáneamente descubrió el remo y la natación. Durante un tiempo alternaba los tres entrenamientos y gracias a eso le fue detectada la metástasis que ahora enfrenta. El cansancio atribuido a la actividad física y un dolor en la espalda alertaron a los médicos. De alguna forma, el deporte le ha salvado la vida.

Recuerda que antes de la amputación decidió buscar algo en lo que se pudiera desarrollar como en las artes marciales. “Me di cuenta que hay muchísimos deportes, la mayoría se pueden realizar de la misma manera. Siempre me llamó la atención el tiro con arco y empecé a buscar escuelas. Me recomendaron ir al Ceparmex) Centro Paralímpico Mexicano) y llegué en abril de 2014. De ahí me mandaron a la UNAM, con el profesor Miguel Ángel Hernández”.

En la universidad conoció a un chico que no tiene la mano izquierda, quien lo invitó a practicar remo paralímpico. Ambos asistían al Deportivo Xochimilco, donde la entrenadora le sugirió, además, la natación, para estar preparado en caso de algún imprevisto en el remo.

“Empecé a tener dolores en la espalda, pensé que era porque me estaba forzando mucho con el remo, pero al ir al médico descubrimos que me estaba invadiendo el cáncer en los pulmones. Decidí dejar el remo y la natación en lo que me recupero de esto y seguir sólo con el arco”, cuenta el joven que este año pintó, junto con Paola Espinosa, un cuadro para la subasta Pintadita a tu salud, un proyecto de la artista Mercedes Godoy, a beneficio de la lucha contra el cáncer de mama.

Convertido en un atleta paralímpico, Juan Carlos Saavedra Ramírez confía en que pueda participar en las eliminatorias que se realizarán a principios de año. “Me gustaría competir nacionalmente, como lo hacía cuando estaba completo. Medirme con mis compatriotas, para saber qué tan bueno puedo ser y competir internacionalmente representando a mi país. Mi sueño es ganar una medalla paralímpica, sentirme orgulloso de que, sin importar esta situación, puedo medirme deportivamente”.

Para llegar a sus entrenamientos en la UNAM, institución que le presta el equipo necesario, pues él no tiene un arco para practicar, hace un recorrido de hasta tres horas desde su casa en Chimalhuacán, Estado de México. La entrega que le caracterizó desde que comenzó a practicar profesionalmente, quizá se ha incrementado con su actual condición. “Muchos atletas paralímpicos a lo mejor no tienen una enfermedad por la que poco se han ido degradando como en mi caso, perdiendo una parte del cuerpo. A lo mejor nacieron así, o por un accidente sufrieron una amputación, hay muchos factores que pueden influir en cómo te entregas”.

El deporte, concluye, le ha ayudado en los procesos de quimioterapia. “Es muy importante, me distraigo, me ejercito, ayudo a que mi cuerpo esté más sano y pueda combatir el cáncer. Me ayuda a sentirme bien, entre comillas normal, porque soy parte del deporte, me siento mucho mejor, tengo mejor ánimo, estoy más contento y en mi casa estoy mejor con mi familia. Yo la veo de la misma manera que cuando estaba completo, es una competencia fuerte, dura. Aunque sí creo que puedo ser un ejemplo para los demás”.