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culturas

La fuerza de la letra

Con autorización de Editorial Siruela, presentamos un adelanto del libro "Historia de la Escritura", de Ewan Clayton, obra que se convertirá en un clásico. El autor es calígrafo y profesor de diseño de la Universidad de Sunderland.
Ewan Clayton
24 mayo 2015 21:42 Última actualización 25 mayo 2015 5:0
Ewan Clayton traza desde la primera línea de su introducción que la escritura pasa por un momento decisivo y raro. (Cortesía)

Ewan Clayton traza desde la primera línea de su introducción que la escritura pasa por un momento decisivo y raro. (Cortesía)

Después, cuando dejé el monasterio a finales de los ochenta, me esperaba otra experiencia poco habitual. Fui contratado como asesor de Xerox PARC, el Palo Alto Research Center de Xerox Corporation, en California. En este laboratorio se inventó el ordenador personal en red, el concepto de Windows, el Ethernet y la impresora láser, además de gran parte de la tecnología básica está detrás de nuestra actual revolución de la información. Fue allí donde Steve Jobs vio por primera vez la interfaz gráfica de usuario que proporcionó imagen y sentimiento a los productos de Apple que todos hemos llegado a conocer bien. Así pues, cuando Xerox PARC quiso que un experto en el arte de la escritura se sentara al lado de sus científicos para construir el mundo feliz de lo digital en el que todos vivimos ahora, por la razón que fuese yo me convertí en esa persona. Fue una experiencia que cambió mi vida y transformó mi visión de lo que es escribir.

Fue fundamental en esta experiencia David Levy, un científico informático al que había conocido durante el tiempo libre que se tomó para estudiar caligrafía en Londres. Fue él quien me invitó a entrar en PARC y de quien aprendí las perspectivas esenciales que han forjado esta historia. (1) Por tanto, pienso que es con PARC y con David Levy en particular con quienes tengo una deuda de gratitud por haber escrito esta historia.

Hasta ahora, mi experiencia de lo que significa leer y escribir ha estado llena de contrastes: del monasterio a un centro de investigación de alta tecnología, de la pluma de ave y los libros encuadernados al correo electrónico y el futuro digital. Pero durante todo mi periplo me ha parecido importante mantener pasado, presente y futuro en una tensión creativa, no ser demasiado nostálgico de cómo eran antes las cosas ni volverme demasiado tarumba en la era digital como la respuesta a todo: la salvación por la tecnología. Yo veo cuanto está ocurriendo ahora –la web, la informática móvil, el correo electrónico, los nuevos medios digitales- como una continuidad con ese pasado. Hay dos cosas de las cuales podemos estar seguros: la primera, que no toda la anterior tecnología de la escritura va a desaparecer en los años venideros; y la segunda, que seguirán apareciendo nuevas tecnologías: cada generación tendrá que replantearse lo que en su propia época significa leer y escribir.

De hecho, nuestra educación en la escritura no parece cesar nunca. Mi padre, que tiene más de ochenta años, lleva cuarenta y siete escribiendo una carta a sus seis hijos cada lunes. En este tiempo, su “Queridos míos” ha migrado de la pluma estilográfica y el papel de cartas con membrete al bolígrafo y al rotulador; después, a mediados de los sesenta, aprendió él solo a escribir a máquina, usando papel carbón para hacer copias que mecanografiaba en hojas de tamaño A4. El paso siguiente fue utilizar una fotocopiadora para copiar sus originales y ahora se ha comprado un Mac y las cartas las envía por correo electrónico, con la dirección de cada uno de mis hermanos y hermanas cuidadosamente pegadas al recuadro “CC” de sus correos. Está aprendiendo un nuevo lenguaje de fuentes y cursor, clics primario y secundario, módems y wifi. En su último cumpleaños le compramos una cámara digital y ahora sus cartas contienen imágenes o películas cortas.

El libro que tienen ustedes en sus manos ha surgido porque yo quería reconstruir una historia de la escritura en alfabeto latino que reuniera las diversas disciplinas que la rodean, aunque en lo fundamental mi perspectiva es la de un calígrafo. El conocimiento de la escritura lo conservan en muchos lugares diferentes expertos en distintas culturas, estudiosos de la epigrafía (la escritura en piedra) y la paleografía (el estudio de la escritura antigua), calígrafos, tipógrafos, abogados, artistas, diseñadores, tallistas de letras, rotulistas, científicos forenses, biógrafos y muchos más. Lo cierto es que escribir este libro se me antojó en ocasiones una tarea imposible: parecía que cada década y cada tema tenía sus expertos, ¿cómo podría uno dominar cinco mil años de todo esto? He tenido que aceptar que no puedo, pero espero darles una idea, un panorama general que tal vez los lleve a explorar por su cuenta otras facetas de la historia.

En cierto sentido, este libro es una historia de la artesanía en relación con la palabra escrita. Puede que resulte un concepto anticuado. Pero mientras estaba escribiendo este libro, en octubre de 2011, lamentablemente murió Steve Jobs, el cofundador de Apple. Aquel mes se publicó su biografía autorizada. Todos los autores que han repasado la vida y la obra de Jobs coinciden en una cosa: sentía pasión por la artesanía y el diseño, y esto fue lo que marcó la diferencia en Apple y en el propio Jobs. Hay dos perspectivas que parecen haber complementado su percepción del diseño: “Tienes que empezar por la experiencia del cliente y luego ir hacia atrás, a la tecnología, y no al revés” (2). Y que esos grandes productos sean un triunfo del gusto, y el gusto aparece, decía Jobs, “entrando en contacto con las mejores cosas que han hecho los seres humanos y tratando luego de incluir esas mismas cosas en lo que uno está haciendo”. (3)

Una de las experiencias importantes que confirman el punto de vista de Jobs había sido su contacto con la historia y la práctica de la “escritura” durante un curso en el Reed College de Portland, Oregón. Reed era uno de los pocos colleges de Norteamérica que ofrecían clases de caligrafía. Cuando Jobs siguió su inclinación y se aplicó a la caligrafía se vio inmerso en un amplio panorama de historia cultural y selecta artesanía de escritura a mano y tipografía que fue una revelación para él. Completaba la perspectiva que aprendió de su padre adoptivo, ingeniero mecánico: la artesanía era importante.

Steve Jobs era un tecnólogo que había comprendido: sabía que el aspecto de las cosas y la sensación que producen eran importantes; que la manera en que nos interrelacionamos con ellas no era solamente valor añadido, sino que formaba parte de su alma, contenía significado, nos permitía relacionarnos y vivir ellas, para poner la mayor parte posible de nuestra humanidad en la comunicación. La verdad es que en esta historia hay muchas personas como Steve Jobs, personas que se han esforzado por hacer de la comunicación entre los individuos una experiencia más enriquecedora y satisfactoria. Esta es su historia y, como nosotros somos los herederos de las elecciones que hicieron, es también la nuestra.

Algo de lo que me he dado cuenta escribiendo este libro es de lo jóvenes que somos en nuestra relación con la palabra escrita. No fue hasta el siglo pasado cuando la escritura se convirtió en una experiencia común, y no fue hasta las últimas décadas cuando los jóvenes empezaron a desarrollar su propia cultura gráfica característica. La escritura tiene un futuro apasionante. ¿Podemos seguir imaginando de nuevo cómo apelará el mundo de la palabra escrita a la plenitud de nuestra humanidad? Yo digo que sí… prueben a ver.

1. Véase D. M. Levy, Scrolling forward. Making sense of documents in the digital age, Arcade, 2001.

2 . De un discurso pronunciado en 1997 para la tercera reunión de desarrolladores de software de Apple, citado en la necrológica de Steve Jobs, The Guardian, 6 de octubre de 2011.

3. De la necrológica de Steve Jobs, The New York Times, 6 de octubre de 2011.

Una propuesta sobre el futuro de la palabra escrita desde sus orígenes
Ewan Clayton
traza desde la primera línea de su introducción que la escritura pasa por un momento decisivo y raro. “No ha sucedido -asegura- más que dos ocasiones en lo concerniente al alfabeto latino: una, en un proceso que duró varios siglos y en el que los rollos de papiro dejaron paso a los libros de vitela, en la Antigüedad tardía; y otra, cuando Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles y el cambio se difundió por toda Europa en una sola generación, a finales del siglo XV”. En la transformación actual, añade, muchas convenciones que rodean a este ejercicio se presentan fluidas y, al mismo tiempo, ofrecen una mayor libertad para enfrentarse con el gran invento de la Humanidad. Clayton se convirtió en escriba y luego en “calígrafo monástico” del siglo XX. Su idea del futuro no es, como para otros, trágica. Desde la más lejana historia, repasa la fascinación perenne que las letras escritas han producido en la cultura Occidental. Y eso, afortunadamente, no cambiará nunca. 
Mauricio Mejía

El amante de la estética
Clayton
(1956) es calígrafo y profesor de diseño de la Universidad de Sunderland. Son célebres sus trabajos para Xerox y sus cátedras sobre este arte en las principales universidades europeas. A diferencia de otros grandes estudiosos, no ha volteado la cara al avance de la tecnología para promover sus trabajos, los cuales pueden, y deben, ser vistos en su página (vital para todo creador):
www.ewanclayton.co.uk.