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libreta de apuntes

La frustración Guardiola

Josep Guardiola, otrora amo del estilo y de la magia (y del marcador y del tiempo de posesión y otras 'i' griegas), pasa de noche en su aventura bávara. El cetro más categórico del futbol de clubes se le ha negado en la antesala de la catedral.
Mauricio Mejía
03 mayo 2016 18:16 Última actualización 03 mayo 2016 18:25
Lo de ayer llena de frustración al míster de empedernida búsqueda de la perfección. (Reuters)

Lo de ayer llena de frustración al míster de empedernida búsqueda de la perfección. (Reuters)

El genio se topa, otra vez, con pared española en las semifinales de la Champions. Josep Guardiola, otrora amo del estilo y de la magia (y del marcador y del tiempo de posesión y otras i griegas), pasa de noche en su aventura bávara. El cetro más categórico del futbol de clubes se le ha negado en la antesala de la catedral. Lo de ayer llena de frustración al míster de empedernida búsqueda de la perfección.

El Atlético de Madrid de Simeone le contuvo en Múnich con más voluntad que clase. Lleno de delirio, el Bayern jugó un primer tiempo al borde de la algarabía. Con querencia indómita buscó el arco rival para descontar el saldo en Manzanares. La vehemencia tuvo su premio en el minuto 30 cuando Alonso perforó la barrera colchonera en la frontera de área grande. Estimulado, el cuadro alemán se afanó en la batalla por el segundo que le diera respaldo y fuero.

Cuatro minutos después, cuando el Atlético era un músculo tenso, Müller tuvo la cita con el destino. Fue el responsable de tirar un claro penal. Falló de una manera morrocotuda. Dócil disparo, casi un regalo para Oblak, el heroico guardameta madrileño.

En el segundo tiempo, la cancha olía a ansiedad. Al Bayern se le olvidaron las ideas. Y el Atlético apelaba al desdén de la zaga bávara. Éste llegó al 53’ y el francés Griezmann no dejó sobrante sobre el césped. El tanto obligaba a dos más al local, ya víctima del estrés. Lewandowski, en el 74’, dio bríos al ya intenso partido, que alcanzaba niveles históricos. Torres, presa de su impericia, falló, con la misma desfachatez, un polémico penal a favor de la visita.

Cuando el reloj requería la recta final, Simeone ventiló su ascendencia barrial. Hábil en la marrullería, ejecutó todas las herramientas antideportivas para llevar al contrario al abismo de la desesperación. Nada decoroso cierre de partido para un club que demostró en los 180 minutos más atributos para el triunfo. Guardiola, el genio convertido en un ladrillo más en la pared, tiene en la agenda la liga y la copa alemanas; poco tesoro.