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La estética del audio

Amo de una peculiar sensibilidad, Salvador Tercero es una referencia indiscutible en la producción musical en México. Esta semana, el centro de capacitación que fundó hace una década inició la primera licenciatura en Audio Profesional.
Rosario Reyes
14 septiembre 2016 20:34 Última actualización 15 septiembre 2016 5:0
Salvador Tercero ha sido parte de la cultura musical de los últimos 30 años en México. (Braulio Tenorio)

Salvador Tercero ha sido parte de la cultura musical de los últimos 30 años en México. (Braulio Tenorio)

Su melómano padre le despertó la vocación. Inspirado también por su hermano (el pianista Carlos Tercero), quien fue el primer músico con el que trabajó de manera empírica hace más de 35 años, Salvador Tercero pronto descubrió lo que quería hacer en la vida.

“El audio es una expresión artística, no creamos sonido, participamos en la creación de la mejor fuente sonora”, explica el ingeniero que ha colaborado en proyectos emblemáticos como los últimos discos del jazzista Enrique Nery, el músico Eugenio Toussaint y la cantante Chavela Vargas.

Esta semana, el centro de capacitación que fundó hace una década inició la primera licenciatura en Audio Profesional, cuyo programa parte de un (hasta ahora) insondable acertijo: “Por qué oímos lo que suena, por qué suena lo que suena y por qué sentimos lo que sentimos cuando suena”, explica el pionero en la ingeniería auditiva en México, quien es, además, instructor certificado de Pro Tools y sistemas de medición acústica SMART.

A pesar de que la figura de ingeniero en audio no existe en la Secretaría del Trabajo, esta es una industria que existe en México desde principios del siglo pasado. “La base de nuestra actividad nace a partir de la radiodifusión y el cine, así como los cambios tecnológicos hasta llegar a la televisión. El ingeniero de audio se fue desarrollando por la necesidad de tener una persona que supiera operar los equipos que las empresas diseñaban; cuando surgen las marcas, también aparecen estudios independientes”.

Como él no quería diseñar aparatos ni arreglarlos, sino moverlos para la música, a mediados de la década de 1980 se fue a estudiar a Nueva York. Tuvo acceso a la información técnica, científica, física y matemática para operar los equipos. El resto ha sido producto de su sensibilidad, alimentada por una tradición musical en su familia. Su tía abuela fue Ángela Tercero, pianista concertista y maestra en los años 20.

Entre el clásico y el jazz, también tuvo un periodo rocanrolero. “Viví mi época Beatles, no como adolescente, porque terminaron mucho antes de que yo siquiera los conociera y reconozco la obra de George Martin”, advierte sobre el fino trabajo de los ingenieros de audio.

Cuenta con maestros de profesión y de vida como el director musical Chucho Ferrer, con quien grabó su primer disco y le enseñó a entender a los artistas. “Son tantos pasos los que hacemos en el estudio, que es muy fácil cambiar o distorsionar lo que quieren transmitir”, advierte.
En cuanto a la técnica, expertos como Humberto Teherán, el director de audio del INBA, con quien ha colaborado en varios proyectos (juntos sonorizaron el concierto de Plácido Domingo en Tlatelolco en 2015, por el 30 aniversario del terremoto), le ha revelado muchos sus secretos, como la forma correcta de microfonear.

Tercero, quien grabó música regional de la sierra oaxaqueña con el productor Eduardo Llerenas, de Discos CoraSon, para un proyecto que se presentará en el próximo festival Cervantino, así como la obra reciente de Daniel Wong, ha sido parte de la cultura musical de los últimos 30 años en México.

Grabó por ejemplo, los últimos discos de Lucha Villa, o entregas de Alex Lora, Café Tacvba, Manzanero y el Mariachi Vargas, entre otros.

Además, despidió a Chavela Vargas, con el sello CoraSon, que grabó sus últimos dos discos. “Fue una experiencia conmovedora, porque era ya muy grande, tenía 94 años, le costaba mucho trabajo sostenerse, estaba prácticamente acostada todo el día. Hicimos una obra de arte, con poemas de García Lorca en voz de Chavela y la guitarra del maestro Miguel Peña. Ese proyecto es de mis joyas, se presentó en Bellas Artes y de ahí se la llevaron a Madrid, donde falleció. Me tocó capturar su último suspiro”.

De 1994 a 1998, sonorizó las giras internacionales de Luis Miguel, en estadios para más de 80 mil personas.

Su presencia, ha sido clave para lograr la mejor calidad de audio posible. Eso es lo que hace un ingeniero de audio. Su responsabilidad es que la información se preserve. “Una grabación de Ella Fitzgerald o Billie Holiday la escucha hoy y es maravillosa, perfecta, la orquesta suena increíble, la hicieron con un solo micrófono, ellas cantando frente a los músicos; inclusive hoy con toda la tecnología y todas las posibilidades que tenemos, es muy difícil de hacer”.

Así, con el paso del tiempo las grabaciones de Salvador Tercero seguirán escuchándose impecables.

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