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La escena, no sirvo para otra cosa: Alejandro Luna

Desde hace 58 años Alejandro Luna ha construido su vida en el teatro, un lugar que, considera, es a veces más vivo que la realidad. "No tengo nada en contra del teatro comercial, no'más que me aburre un poco", afirma quien recibe hoy la Medalla Bellas Artes.
Rosario Reyes
12 enero 2016 21:35 Última actualización 13 enero 2016 5:0
A lo largo de casi seis décadas, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2001 ha participado en más de 200 montajes. (Cortesía)

A lo largo de casi seis décadas, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2001 ha participado en más de 200 montajes. (Cortesía)

Desde hace 58 años Alejandro Luna, arquitecto, ha construido su vida en el teatro, un lugar que, considera, es a veces más vivo que la realidad “porque está más concentrado y más depurado”.

En su quehacer artístico, realizar estructuras visuales y ambientes tiene que ver con la vida en tanto la iluminación y la escenografía se crean a partir de una historia que tiene que ser contada, explica. “El teatro no se escribe para ser leído, sino para que ocurra en espacios y tiempos reales”.

Es por esto que el teatro y la arquitectura se parecen mucho, observa Luna, quien esta noche recibe la Medalla Bellas Artes por su contribución al desarrollo de las artes escénicas en México.

UN LEGADO PARA DIEGO LUNA 
Luna cuenta que llegó al teatro seducido por las estudiantes de la disciplina en la UNAM , “las más guapas y liberales”. Aunque hoy, a la distancia, corrige: “No necesariamente ellas. Me atraían todas las universitarias”. Así que estudió Literatura Dramática, paralelamente a la carrera de Arquitectura.

En sus inicios también actuaba, pero pronto descubrió que esa no era su vocación. Se reivindicó quizá, dice, con la trayectoria de su hijo, el actor Diego Luna. “Algo debo haber hecho, por lo menos no impedirle que se dedicara a eso, para transmitirle mis frustraciones a mi pobre hijo”, bromea.

Y entre la arquitectura y el teatro pasó una década. “Diez años anduve haciendo casas hasta que me impuse la regla de no hacer más que teatro. No es que me enamorara del teatro, quizás no sirvo para otra cosa”.

Su primer montaje fue en 1958, La petición de mano, de Chéjov, con el Teatro Estudiantil Universitario, bajo la dirección de Eduardo García Máynez. Desde entonces ha trabajado en más de 200 obras, con directores como Julio Castillo, con quien montó Nube Nueve; Luis de Tavira, Ludwik Margules, Héctor Mendoza, Juan José Gurrola o Paul Leduc, en su cinta Frida, naturaleza viva (1983). También ha diseñado una veintena de escenografías operísticas, entre ellas una del Fausto, de Gounod (2007), además de impartir clases de escenografía e iluminación y brindar asesoría de arquitectura teatral.

La escena en México no se explicaría sin sus aportaciones. Desde la construcción de los recintos del Centro Cultural Universitario hasta los teatros de Mexicali y Ensenada. Y sigue vigente. El año pasado lo invitaron a colaborar en dos obras que se suspendieron por el recorte presupuestal a la cultura y, aunque prefiere no revelar detalles de esas producciones, espera que se puedan realizar este año.

NUNCA SUPO PINTAR
Discípulo de Antonio López Mancera y Justino Fernández, Luna fue testigo de cómo los pintores se involucraron en la escenografía teatral en las décadas de los 60 y 70, pero su relación con los artistas fue distante. “Yo no sé pintar, nunca pinté nada, nunca se me antojó ponerme a plasmar algo de mi imaginación yo solo, por eso me aparté un poco de la corriente de los pintores de la época”.

Figuras como Leonora Carrington, Manuel Felguérez, José Luis Cuevas
o Vlady intervinieron en el teatro, pero no por mucho tiempo. “Esto se hace en equipo y los pintores están acostumbrados a hacer su trabajo individualmente”, explica. “Me gustaba mucho ver lo que hacían en el teatro, pero la pintura no era para mí”.

De su oficio Alejandro Luna disfruta la adrenalina que implica tener una obra terminada en el tiempo que se pactó. Por eso, dice, el reconocimiento que recibe a las 19:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes no es individual, sino para quienes han trabajado con él, desde los tramoyistas hasta los directores.

HOMBRE DE TEATRO SUBSIDIADO
Hasta hoy, Luna persigue una experimentación libre en el uso de los espacios, texturas y materiales, que, dice, sirven para enriquecer, más que ambientar una historia. Y esa libertad la ha encontrado en el teatro subsidiado, que no oficial, ataja.

“El teatro comercial en general lo que intenta es darle gusto al público y el otro teatro hace intentos por provocar cosas diferentes, ya que no depende de la taquilla. Es más interesante que estar ganando dinero. Más divertido, más rico, creo yo, que estar haciendo negocio. Pero no tengo nada en contra del teatro comercial, no’más me aburre un poco”.

Si bien es considerado el más importante escenógrafo de la segunda mitad del siglo XX, Luna no habla de la creación de una escuela. Sólo destaca el logro de seguir construyendo. Algo tan sólido como un edificio aunque el teatro sea efímero, pues su esencia permanece.

TRAYECTORIA
Nacido en la Ciudad de México en 1939, es arquitecto por la UNAM. · Estudió Arte Dramático con Enrique Ruelas y Fernando Wagner, y escenografía con Antonio López Mancera y Justino Fernández; se especializó en la Universidad de Harvard.

Fundador de la Sociedad Autoral de Escenógrafos, que presidió de 1975 a 1977; pertenece al Sistema Nacional de Creadores.

Creador Emérito desde 2001 y miembro de número de la Academia de Artes de México desde 2005, recibió el Premio Nacional de Ciencias
y Artes en 2001 y el Distinguished Artist Award de la International Society for the Performing Arts en 2004.