La era de la polarización
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La era de la polarización

Entre el desencanto y la reacción, en 2017 se conformó la geopolítica del desastre; los radicalismos y enfrentamientos entre fracciones dieron sello al año que termina

Rosario Reyes | Eduardo Bautista
29/12/2017
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Entre el desencanto y la reacción, los radicalismos se extendieron en prácticamente todos los ámbitos en el convulso escenario mundial de 2017. Un ciclo que termina entre discursos de odio y separatismos.

El encono, tanto como la creencia de que el pasado fue mejor, dominan las posturas radicales, desde el resurgimiento de grupos supremacistas blancos hasta la aparición de una voz que identifica una nueva demanda de autonomía en Cataluña: Tabarnia, como ha llamado la plataforma Barcelona is not Catalonia a su petición de independencia para Tarragona y Barcelona, con el argumento de aislar a estas regiones de la amenaza separatista.

El feminismo -que este año fue la palabra en inglés más consultada del diccionario Merriam-Webster- también ha cobrado su cuota de segregación: ante la ola de agresiones sexuales, las mujeres suecas decidieron hacer el primer festival musical sin hombres, mientras que en México, por las mismas razones, nació Laudrive, “el Uber para mujeres”, que ya es utilizado por más de 4 mil clientas en la capital.
Estas fragmentaciones no son hechos aislados. El trasfondo común, advierte la sicóloga social Graciela Mota Botello, es que las sociedades del mundo experimentan así la muerte de la política.

“El otro ya no existe”, destaca. “El poder no está permitiendo que los argumentos del otro permeen e influyan en el comportamiento de las personas. Estamos viviendo una antesala de gran tristeza y desesperación, hartos de aparatos políticos que no tienen el menor respeto por el otro, parece que la política es el foro de la arbitrariedad”.

Para María Teresa Padilla Longoria, doctora en Filosofía por la Universidad de Durham y profesora investigadora de la UNAM, la creciente división del mundo globalizado obedece a un individualismo patológico que ha conducido al cinismo y la indiferencia. “No hay una ética que acompañe a la política. Como decía San Agustín, cuando en la política no hay ética, se convierte en una cueva de bandidos, y desafortunadamente es lo que estamos viviendo”.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca simboliza el estado de cosas en este año que termina, considera el antropólogo Roger Bartra. “Muchos ciudadanos están desesperados por el mal funcionamiento de la democracia, lo cual ha ocasionado que surjan y se fortalezcan alternativas populistas de derecha y de izquierda”.

Bajo el gobierno del republicano resurgieron grupos supremacistas como el Ku Klux Klan, cuyos miembros salieron a las calles por primera vez en varias décadas en Charlottesvile, Virginia, para evitar la remoción de la estatua de Robert E. Lee —quien fue comandante de los ejércitos confederados en la Guerra de Secesión de Estados Unidos—, durante una violenta manifestación que terminó en la muerte de una persona.

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Vivimos una antesala de gran tristeza
y desesperación, hartos de aparatos políticos que no tienen el menor respeto
por el otro

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LA GEOPOLÍTICA DEL DESASTRE
En su Mapa de Riesgo Político 2017, la agencia de seguros Marsh advirtió que éste sería el año del incremento de partidos ultra nacionalistas y anti sistema en Europa, el aumento de medidas proteccionistas y la incertidumbre ante el terrorismo.

En octubre pasado, la Unión Europea contempló el movimiento independentista de Cataluña que, si bien no prosperó, “sí abrió una grieta en la Unión Europea sobre cómo deberían tratarse asuntos como la igualdad entre las naciones del viejo continente, el manejo de las crisis económicas, el terrorismo y las crisis migratorias”, de acuerdo con la internacionalista de la UNAM, Ismene Ithai Bras.

En 2017 se conformó la geopolítica del desastre, define el internacionalista Moisés Garduño. “El desarrollo del terrorismo es consecuencia de las políticas intervencionistas de EU y la represión de las revueltas populares árabes. El 70 por ciento de los jóvenes en Medio Oriente no tienen trabajo, educación, ni oportunidad de insertarse en la economía global y, como consecuencia, acceden al reclutamiento de grupos extremistas. La guerra en Siria provocó la crisis migratoria más grande del siglo y la crisis en Yemen es otro reflejo del destino de miles jóvenes que no se han insertado en los canales formales”.

Para el filósofo y escritor Oscar de la Borbolla, una cierta nostalgia invade a quienes tienen “un pie en el pasado y otro en el presente”, debido a que las fronteras se han desdibujado por la globalización.

“Hay un grupo de poder que trata de oponerse porque le alarma que se estén perdiendo los valores, el pasado, el absoluto. Toda la historia ha sido de enfrentamientos para imponerse unos a los otros, pero hoy son muchos bandos pequeños y el peligro es la falta de organización; cada vez estamos más atomizados y cuando se logra una organización es para armar un fundamentalismo. Como la idea de Tabarnia: separatistas de los separatistas”.

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