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ESPECTÁCULOS

La dinastía Bichir

Los hermanos Demián, Odiseo y Bruno Bichir son actores esenciales cuya hegemonía comenzó con sus padres, Maricruz Nájera y Alejandro Bichir, quienes ya conocían bien el medio artístico.
Rosario Reyes
09 febrero 2014 22:22 Última actualización 10 febrero 2014 5:0
Bruno Bichir actúa en la obra "La historia del tigre". (Archivo)

Bruno Bichir actúa en la obra "La historia del tigre". (Archivo)

“El teatro es como un respiro en la barbarie”, dijo Demián Bichir, previo a la función especial por las 100 representaciones de "El vestidor", la noche del viernes, cuya placa conmemorativa develó con la cantante Eugenia León.

“El arte en general sí sirve para sanar y es muy emocionante para nosotros, que la vimos cuando niños con López Tarso y Héctor Bonilla, ver a Bruno actuar en esta obra”, agregó el actor nominado al Oscar 2013 por "A better life" y quien se encuentra en la posproducción de su ópera prima, Refugio, coproducida por su hermano Bruno y protagonizada por su sobrino José Ángel.

Esta dinastía actoral comenzó con Maricruz Nájera y Alejandro Bichir, padres de Odiseo, Demián y Bruno, quienes han trabajado juntos en varios proyectos tanto en cine como teatro y comparten apreciaciones sobre el arte.

“Es una fortuna que podamos seguir haciendo teatro en un país tan convulso, tan complejo; al estado mexicano le interesa muy poco la cultura en general”, aseguró Bruno tras la ceremonia de develación.

Tras cumplir 100 representaciones de "El vestidor", que continuará hasta el 23 de febrero en el Foro Chapultepec, Bruno Bichir, bajo la dirección de su padre, también brindó ayer la primera de tres únicas funciones de "La historia del tigre", de Darío Fo, que ambos estrenaron en enero de 2002. El montaje se presenta como parte del programa SuSede en el Centro, Arte y Cultura por la Educación, a beneficio de Fundación UNAM, y brindará dos fechas más: los domingos 16 y 23 de febrero a las 13:00 horas, en la Antigua Escuela de Medicina, Brasil 33, Centro Histórico.

“Incansables es la palabra exacta”, afirmó Demián al referirse a su hermano Bruno y a su amigo Héctor Bonilla, quienes encabezan el reparto de El vestidor, al tiempo que alternan otros proyectos (Bonilla se prepara para una breve temporada de Éxito a cualquier precio, en el Teatro de la Ciudad, y retomar las funciones de Almacenados, que presenta junto a sus hijos, así como la filmación de una película de mariachi, entre otros).

“Es una paliza hacer teatro, es devastador, muy pesado físicamente, yo hago una temporada y tengo que descansar, Bruno y Bonilla saltan de una obra a otra, eso es admirable, como espectador también lo agradezco”, dijo Demián.

Demián adelantó que esta semana los Bichir presentarán “una farsa fantástica que tiene décadas de haberse escrito y sigue teniendo una vigencia maravillosa, la cual se titula originalmente Los policías; mi padre la montó con la Compañía Nacional de Teatro hace 20, 25 años, como El último preso y así la vamos a presentar, se llama así porque en la trama todo es perfecto, maravilloso, nadie habla mal del gobierno y no hay ningún reto para ningún nuevo pillo”.

Mientras “el Estado hace lo mínimo indispensable”, familias de artistas como los Bichir o los Bonilla, continúan trabajando pues existen espectadores. “No hay una localidad respetada de este país que no tenga un buen teatro, somos un pueblo de espectadores, nos gusta que nos cuenten historias, vernos al espejo, confrontarnos”, advirtió Bruno Bichir.

En la “comedia disparatada”, de Darío Fo, Bruno cuenta la increíble aventura de un soldado chino que cae herido en batalla y es salvado por una tigresa y su cachorro. “El teatro no da respuestas, el arte en general se encarga de inseminar preguntas”, concluyó el actor al término de la función de "La historia del tigre", que provocó risas y abiertas carcajadas durante poco más de hora y media.

La obra plantea una ácida crítica a los roles sociales y muestra cómo “el pueblo unido jamás será vencido”, con un idílico final en el que la clase política es derrotada.

“Me interesa todo el teatro, es un evento que siempre, por supuesto, debe mover a la catarsis, a la reflexión, así como en un impacto, es un evento efímero que se vuelve trascendente, que cambia la vida de los espectadores y luego ellos ya estarán encargados de cambiar el mundo o no. El teatro no cambia el mundo, pero sí cambia personas y es brutal lo que puede generar”.