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La dimisión esperada

Joseph Blatter fue obligado a presentar su dimisión en medio de una "guerra fría" producida por las sospechas de soborno a la hora de la entrega de la sede de la Copa del Mundo de 2018 a Rusia y al del 2022 a Qatar.
Mauricio Mejía
02 junio 2015 13:40 Última actualización 02 junio 2015 13:45
Blatter aseguró que la corrupción no tenía cabida en la FIFA pocas horas antes de la celebración de las elecciones el 29 de mayo. (Reuters)

Blatter aseguró que la corrupción no tenía cabida en la FIFA pocas horas antes de la celebración de las elecciones el 29 de mayo. (Reuters)

El escándalo de corrupción al interior de la FIFA por la celebración de la Copa América del Centenario, que debería organizarse en 2016, ha orillado al presidente del organismo, Joseph Blatter, a presentar su dimisión en medio de una “guerra fría” producida por las sospechas de soborno a la hora de la entrega de la sede de la Copa del Mundo de 2018 a Rusia y al del 2022 a Qatar. Europa, regidora de las ligas más caras y seguidas del planeta, ha plantado cara a las irregularidades financieras ventiladas por el FBI y la fiscalía general de los Estados Unidos. Las investigaciones siguieron otra ruta cuando la fiscalía suiza implementó sus propias pesquisas después de la detención de siete miembros de élite del órgano rector del futbol mundial.

Si la lucha de gigantes, otra vez Este-Oeste, en el plano del comercio (el futbol genera al año un poco menos de 500 mil millones de dólares) se intensificó poco antes de las elecciones generales de la FIFA, hoy por la mañana Bruselas, sede la Unión Europea, fue más enérgica en la lista de acusaciones contra Blatter. “Es el momento de cambiar las reglas”, señaló la Comisión en sentido directo al manejo de las finanzas de la institución con sede en Zúrich. “El prestigio del futbol está en juego”, añadió.

Ahora la pelota, a cuatro días de la celebración de la final de la Champions League, la que más dinero produce en el mundo, rueda en el terreno de la geopolítica. Esto parece cada vez más una “guerra mundial” de intereses por el balón: Rusia defendiendo con cara de perro la celebración de su primera Copa del Mundo; Europa desmarcándose de la longevidad de intereses turbios de los altos mandos de la FIFA; América Latina, a través de sus dos confederaciones (Concacaf y Conmebol) invadidas por una sistemática red de blanqueo de capitales y Asia y África como votos duros de un expresidente “dadivoso” a la hora de repartir boletos directos a la fase final del Mundial. No hay región de la cancha que no esté manchada por el barro de la sospecha.

Blatter aseguró que la corrupción no tenía cabida en la FIFA pocas horas antes de la celebración de las elecciones el 29 de mayo. Luego del triunfo se dijo el hombre ideal y capaz para sanar las heridas por dentro. No fue así. La presión del ministerio de deportes británico, quien propuso al resto de los países miembros de UEFA participar en un boicot contra el mundial ruso, hecho que recordaba la actitud estadounidense sobre los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, que fueron repelidos por Occidente a causa de la invasión soviética a Afganistán, aquella presión no dejaba terreno posible al cuestionado presidente de la FIFA desde 1998. América Latina, cuyas asociaciones han vivido durante muchos años al margen de sus Estados, con presidentes longevos en los cargos altos y sus recurrentes casos de corrupción, ha sido la lápida en la carrera de Blatter, un ex reportero deportivo que no dejó, hasta donde se sabe, un reportaje célebre.