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CULTURAS

La delicia de contarse y convertir al lector en protagonista 

El libro autobiográfico del escritor israelí Amos Oz es de una belleza exquisita. "Una historia de amor y oscuridad" es una ventana para el lector que quiere adentrarse en los pasajes más oscuros de este novelista. 
Mauricio Mejía
21 julio 2015 23:2 Última actualización 22 julio 2015 5:0
Amos Oz

Amos Oz

“Todas las historias que he escrito son autobiográficas, ninguna es una confesión. El mal lector quiere saber, saber al instante qué paso realmente”, escribe temerariamente Amos Oz en su delicada biografía Una historia de amor y oscuridad.

El atrevimiento de la página 45 parece dejar en claro que, de seguir, el empecinado seguidor del relato debe, como bien portado, dar por descontada la naturaleza falsa o verdadera de las piezas que, magistralmente, hila el escritor en una de las obras maestras del género. Oz, con una belleza casi inimaginable, abre su mundo y deja los andamios listos para que el visitante termine cautivado por el interior de una existencia en la que se condensa, como en la de todos, la historia de la humanidad.

Los amantes de las biografías saben el peligro que lleva entrometerse en los pasajes oscuros, aburridos o cursis de sus autores predilectos.
Oz se desmarca del “¿qué pasó realmente?” con una gracia poco usual. El libro es, con los malos entendidos que puede producir el adjetivo, dulce; nunca empalaga porque apela a la sinceridad de una aventura con sus momentos dolorosos, crueles y otros críticos. El autor sabe que todo está lleno de palabras, que las palabras construyen personajes, que delatan circunstancias y memorizan el tiempo. Si hay una barrera entre la cultura hebrea y el resto es el miedo: es decir, el desconocimiento. Oz transparenta su vida para invitar a que el otro se siente en su mesa y se tome su vino, sin sentirse extraño ni profeta. Una vida como promesa.