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La crisis llegó al teatro

El disparo del dólar pone en aprietos a las grandes producciones. El reto será mantener los costos de los boletos más bajos, aunque están conscientes de que son una fuente de trabajo para cientos de personas y, desde luego, desean recuperar la inversión.
Myrna I. Martínez
30 agosto 2015 20:15 Última actualización 31 agosto 2015 5:0
La actual crisis financiera vuelve a poner a prueba la imaginación de los productores. (Cortesía Ocesa)

La actual crisis financiera vuelve a poner a prueba la imaginación de los productores para mantener una cartelera atractiva para todos los públicos. (Cortesía Ocesa)

Los costos de producción de teatro se han encarecido inevitablemente por la devaluación del peso frente al dólar, sobre todo si son obras extranjeras; aun así los productores le seguirán apostando al contenido sin sacrificar la calidad y el costo del boleto.

El productor Morris Gilbert, director de Ocesa Teatro, opina que como a cualquier otra industria, obviamente una crisis tan sorpresiva y de estas magnitudes les pega, no tanto por los derechos de producción, sino por la cantidad de insumos que se importan diariamente entre consolas, luces, escenografía y vestuario.

En El Rey León, por ser una franquicia, la mayor parte de la producción es importada. El musical ha costado alrededor de 160 millones de pesos, 100 más que Wicked. Es es el montaje más caro en la historia.

“Tenemos que mantener los precios en taquilla lo más bajo posible, pero si en una obra trabajan 150 personas hay que pagarles a todos por cada función. Los derechos se pagan en pesos y sufragamos un porcentaje de la taquilla. Pero los insumos que no se fabrican aquí encarecen muchísimo el presupuesto”, explica el productor.

En este momento -añade- presentan Los Bonobos en Santa Fe, un montaje francés que se paga en euros. A la directora, que es argentina se le deposita en dólares. Lo peor es que los precios, según él, seguirán aumentando.

El reto para esta industria será mantener los costos de los boletos más bajos, aunque están conscientes de que son una fuente de trabajo para cientos de personas y, desde luego, desean recuperar la inversión.

En una situación similar se encuentra Jorge Ortiz de Pinedo y sus hijos Pedro y Óscar, quienes estrenarán esta semana La Dalia Negra. Esta producción estilo cine noir pretende ser la primera puesta de “cine en vivo”, y cuenta con un despliegue tecnológico, que nunca se ha visto en el país. Por la crisis, los costos de producción ha aumentado más de 30 por ciento.

“El dólar sube y sube, los proyectores y el valor de las pantallas ha aumentado considerablemente. Por ejemplo, un proyector que costaba 10 mil dólares ahora ya anda en los 14 mil. La pantalla especial por donde pasa la película ahora costará 15 mil dólares”, explica Jorge Ortiz de Pinedo.

“Si supieras cuánto cobramos te morirías de risa. Mantenemos precios de 350 a 500 pesos; otros cobran dos mil. No es por hacer dinero; es por mantener el entretenimiento, teatro que nos deje algo en el alma”.

El productor Guillermo Wiechers, quien con su socio Juan Torres lleva once años dedicados en producir teatro de pequeño y gran formato, comenta que cuando van a montar una obra analizan hasta el mínimo detalle y hacen un plan de negocios para ver en cuánto tiempo pueden recuperar una inversión sin aumentar los costos de boletos.

Estos tiempos los obligan a ser cautelosos en el momento de tomar decisiones sobre qué presentaciones comprar y tienen la ventaja de apostarle todo al vestuario y escenografía hechos en México.

“Todo lo resolvemos con talento nacional, pero hay algunas cosas importadas de Estados Unidos, como las famosas pastillas, los componentes más sensibles de un micrófono lavalier”, explica.

Cuenta que en el caso de La Fierecilla Tomada hay 19 actores microfoneados. Cada pastilla cuesta 600 dólares y con el dólar en 17 pesos se dicen: “chin, en lo que me va a salir este chiste”.

La devaluación los agarró por sorpresa cuando estaba en negociaciones de dos montajes estadounidenses, un musical de gran formato y una comedia para cinco actrices. Como productores, su trabajo, además de explicar su propuesta escénica, ha sido hablar con los agentes y con los autores y tratarles de explicar con datos duros cuál es la situación del país para que sepan los riesgos que implica hacer teatro.

“El costo de derechos varía del prestigio del autor, la tradición de la obra, si es una obra montada con éxito en Broadway, que haya ganado un Tony, si es hablada o musical”, comenta Wiechers, quien fue el productor del musical Godspell.

“Si es hablada, cuesta en promedio unos 10 mil dólares de anticipo, más entre un siete y un ocho por ciento de regalías para el autor sobre el ingreso bruto de taquilla. Si es un musical exitoso de gran formato entre unos 50 mil y 65 mil dólares más un 10 o 12 % de regalías”.

Para Morris Gilbert el teatro es magia, no ciencia, y considera que se convierten en apostadores profesionales al momento de elegir sus montajes. La experiencia de 40 años de producir lo mantiene tranquilo, pues ya ha pasado por tantas crisis y devaluaciones que ya no se acuerda de cuántas.

“Efectivamente el teatro no es barato y tenemos que cobrar, no podemos regalarlo. Hay una frase que suelo decir: el teatro es el eterno moribundo, siempre se está muriendo pero nunca se acaba de morir. Gracias a Dios”.

Además de sueldos, escenografía, vestuarios, los creadores teatrales en muchas ocasiones también tienen que rentar los foros. La actual crisis financiera vuelve a poner a prueba la imaginación de los productores para mantener una cartelera atractiva para todos los públicos.