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culturas

La ciencia incómoda y herética de René Drucker

El científico mexicano, fallecido el domingo pasado, es recordado por sus amigos por su irreverencia, su pasión por la inteligencia y sus incalculables conocimientos.
Rosario Reyes
18 septiembre 2017 23:2 Última actualización 19 septiembre 2017 5:0
René Drucker

(Especial)

Hacer ciencia es preguntarse. Esa fue la misión de vida de René Drucker, a quien sus amigos describen como un hombre inquieto, poseedor de un conocimiento incalculable y con gran sentido del humor.
Reunidos en su funeral, así lo recuerdan: con esa mezcla de tristeza y orgullo ante la pérdida irremediable de alguien con quien tuvieron la fortuna de compartir.

Irreverente es una palabra que se repite cuando lo describen personas que lo conocieron en contextos completamente distintos.

“La ciencia no tiene que ver con nuestra amistad porque lo conocí en un gimnasio”, compartió ayer Porfirio Muñoz Ledo a su llegada a la funeraria donde el científico fallecido el domingo pasado, víctima de cáncer de páncreas, fue velado y cremado.

Cuenta su amigo Octavio Paredes que Drucker se negó a saludar a Vicente Fox en un evento de ciencia al que acudió el ex presidente cuando aún era gobernador de Guanajuato. “Me dijo: ‘No. Yo no saludo a pendejos’. Me apené porque yo organizaba el evento en Guanajuato y los había invitado a ambos. Pero respeté, como siempre, las decisiones de mi compadre”, cuenta el doctor en biotecnología.

Seguía pistas aunque no conociera a profundidad los temas; tenía una hablilidad básica para investigar”

UNA DOSIS DE DRUCKER
*Originario de la CDMX, nació en 1937.

*Egresado de la UNAM con maestría de la Universidad del Norte de Illinois, obtuvo el grado de doctor en Fisiología de la Escuela de Medicina en Saskatchewan, Canadá.

*Fue profesor en la Facultad de Psicología de la UNAM y Doctor Honoris Causa de la máxima casa de estudios.

*Miembro emérito e investigador nacional de excelencia del Sistema Nacional de Investigadores.


René Drucker fue el primer presidente de la Academia Mexicana de Ciencias -que después dirigió Octavio Paredes-. Fue Drucker quien gestionó la sede de la Academia, que se encuentra en la casa que fue propiedad de Arturo El Negro Durazo (El Partenón), en el sur de la capital.S

Paredes espera que el auditorio de la Academia, cuya construcción iniciaron ambos, lleve el nombre del especialista en Fisiología y Neurobiología, quien fue pionero en investigaciones sobre la Enfermedad de Parkinson y en el uso de técnicas inmunoquímicas que establecieron cuáles grupos de neuronas se activan en el sistema nervioso central cuando uno duerme.

“Tenía un amplio conocimiento. Seguía pistas aunque no conociera a profundidad los temas, tenía una habilidad básica para investigar”, comparte el científico, encargado recientemente de abrir un centro de investigación de la UNAM en la Universidad de la Sorbona.

Entre los pendientes que dejó Drucker, de acuerdo con Paredes, destaca la apertura en México de un centro de investigación del envejecimiento, un proyecto que dejó avanzado.

Rafael Loyola fue amigo del científico más de 20 años. Lo recuerda como un gran hombre y un líder natural. “Tuvo siempre un compromiso por mejorar la ciencia en el país, a nivel internacional, no tercermundista, como insisten en tratar a la ciencia en México, con la falta de presupuesto y el desdén del sector privado”.

Para Loyola, quien dirige el Centro del cambio global y la sustentabilidad del sureste, René Drucker es un ejemplo de lo que debe ser la ciencia: incómoda, irreverente, herética.

“Libramos muchas batallas juntos a pesar de que teníamos disciplinas distintas, sobre todo en los gobiernos panistas e incluso en los priistas que, a pesar de haber cimentado la infraestructura científica del país, pudieron haber hecho más por la divulgación. El insistió en que la comunidad científica tenía que ser más participativa, como lo entendieron los chinos, los indios, los israelíes o los vietnamitas. Sin ciencia no hay futuro”, agrega.

Al funeral acudieron el rector de la UNAM, Enrique Graue; el ex rector Juan Ramón de la Fuente y el Secretario de Cultura de la CDMX, Eduardo Vázquez, entre otros funcionarios.

Amaba la inteligencia.  Era un animador de la vida pública, un científico
en la ciudad, en la política”


Vázquez destacó la labor de divulgación del creador de las cápsulas de radio y TV Una dosis de ciencia.

“Fue un investigador que además quiso participar en la creación de instituciones públicas relacionadas a la divulgación del conocimiento científico y a la utilidad de la ciencia en la vida cotidiana. Amaba la inteligencia. Era un animador de la vida pública, un científico en la ciudad, en la política”, señaló. Desde 2012, Drucker fungía como Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México.

“Tenía muy claro que la difusión de la ciencia era parte de la difusión de la cultura. Lo vamos a echar de menos. Era una presencia que nos hacía a todos pensar, sentirnos acompañados por una mente inteligente que le gustaba conversar con sus contemporáneos”, destaca Vázquez.