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CULTURAS

La Biblioteca de 'Monsi' o el orden del caos

Si quieres conocer más al cronista de las gafas cuadradas, visita su biblioteca personal, donde podrás darte un verdadero festín entre libreros, gatos y mucho más. 
Eduardo Bautista
17 junio 2015 18:47 Última actualización 18 junio 2015 5:0
Carlos Monsiváis en su casa rodeado de libros, periódicos y revistas.

Carlos Monsiváis en su casa rodeado de libros, periódicos y revistas.

La Biblioteca Personal de Carlos Monsiváis es un concepto de orden caótico. Libros sobre lucha libre y La Sonora Matancera, memorias de Rigo Tovar, novelas de Mark Twain en inglés, ensayos de Daniel Cosío Villegas, cómics de Batman…

Hay de todo en este reino de 26 mil 333 títulos, que son custodiados día y noche por 104 gatos pintados en las paredes y los muros por Francisco Toledo (el ensayista era amante de los felinos; tenía 13 en su casa de la colonia Portales).

Aunque aún no se le haya leído, visitar este lugar ofrece infinitas posibilidades de conocer al autor más público que ha tenido México. Desde el primer estante se sabe que no se está ante la colección bibliográfica de un pensador convencional. Aquí coexisten cancioneros de Cri Cri, ensayos de Edgar Ceballos sobre ópera y crónicas hippies de los años 60.

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Biblioteca Personal de Carlos Monsiváis

Desde noviembre de 2012 –fecha en que fue inaugurado– este acervo ha recibido a 56 mil 929 visitantes, según informa Javier Castrejón, coordinador de Bibliotecas Personales de la Biblioteca México. Cada año, dice, hay más gente interesada en visitar este cosmos compuesto por 5 mil 948 libros, 13 mil 550 revistas y seis mil 836 historietas, que el Conaculta adquirió por 13 millones de pesos en 2012.

“Más que una biblioteca de consulta, construimos un concepto artístico que nos remite metro a metro al pensamiento caótico e interdisciplinario de Monsiváis. Queremos consentir al bibliófilo”, dice Castrejón.

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Biblioteca Personal de Carlos Monsiváis


Conforme se camina en este espacio diseñado por el arquitecto Javier Sánchez, la vista resulta incapaz de reconocer todos los títulos. Pero hay una sección en la que vale la pena detenerse, sobre todo por su valor bibliográfico: el Fondo Reservado, en el cual se encuentran verdaderas joyas del siglo XIX. 

En ese librero se respira un olor a viejo. Hay Biblias, cánticos religiosos, Quijotes. También una versión de Los Miserables de Víctor Hugo, y otra de Las mil y una noches. 

Sin embargo, refiere Castrejón, hay un libro sui géneris cuyo valor es incalculable en términos económicos. Se trata de Mexican Antiquities, del irlandés Edward King, Visconde de Kingsborough (1795-1837). Ya casi no quedan ediciones de este libro; hay algunas en la Biblioteca del Vaticano y otras menos en Londres y Estados Unidos, según Castrejón. 

¿CÓMO ORDENAR A MONSI?

El acomodo de los libros no sigue un esquema determinado, aunque sí se tomaron en cuenta algunos criterios bibliográficos para comodidad del usuario, porque originalmente la colección estaba totalmente desorganizada, refiere Castrejón.

“Monsiváis tenía sus libros por doquier: en la sala, en el estudio, en las recámaras. Pero en todo ese caos había un orden. Siempre sabía dónde se encontraba cada título. Muchos le preguntaban por qué no contrataba a un especialista para clasificarlos, y él les respondía que su mejor bibliotecario era su memoria”, cuenta el funcionario.

No se necesita realizar ningún trámite para consultar el material. Incluso Castrejón cuenta que muchas veces los usuarios se topan con agradables sorpresas, como anotaciones, dedicatorias y fotografías que olvidó el propio Monsiváis en sus libros. Para él, la importancia de este lugar estriba en la democratización el conocimiento.

“Monsiváis era el intelectual que le daba voz a los que no la tenían. A él le hubiera encantado compartir su sabiduría con el pueblo”, señala.


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