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La batalla del desierto

Ambas aficiones chocan y lanzan retos durante los momentos previos al kickoff, ante la mirada del resto de los asistentes a la fiesta del Super Bowl. Existen, también, quienes no disfrutan de estos momentos: son aquellos seguidores de Seattle y Nueva Inglaterra que se quedaron sin la oportunidad de ver a su equipo.
Alfonso Mancilla
01 febrero 2015 19:30 Última actualización 02 febrero 2015 15:13
La orgullosa nación patriota, que portan orgullosamente los colores de la bandera de Estados Unidos. (AP)

La orgullosa nación patriota, que portan orgullosamente los colores de la bandera de Estados Unidos. (AP)

GLENDALE.- Los gritos se funden, expresan pasiones opuestas, pero todas encuentran como punto en común apoyar a los Patriotas de Nueva Inglaterra o Halcones Marinos de Seattle.

La tarde cae en el condado de Glendale, en donde se erige majestuosamente el Estadio de la Universidad de Phoenix, una majestuosa edificación plateada que rompe las ráfagas de viento del desierto.

Son las exclamaciones de los seguidores de uno y otro equipo: por un lado, la muchedumbre autodenominada “12”, proveniente de Seattle y que conforma un ejército que desea disfrutar por segundo año consecutivo el campeonato. Por el otro, la orgullosa nación patriota, que porta orgullosamente los colores de la bandera de Estados Unidos. Marchan orgullosos de su linaje.

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Halcones Marinos de Seattle

La muchedumbre autodenominada “12”, proveniente de Seattle y que conforma un ejército que desea disfrutar por segundo año consecutivo el campeonato.

Halcones Marinos

Ambas aficiones chocan y lanzan retos durante los momentos previos al kickoff, ante la mirada del resto de los asistentes a la fiesta del Super Bowl.

Existen, también, quienes no disfrutan de estos momentos: son aquellos seguidores de Seattle y Nueva Inglaterra que se quedaron sin la oportunidad de ver a su equipo, víctimas del fraude ejecutado por las compañías que les ofrecieron entrar al juego, pero nunca tuvieron, siquiera, los boletos en su poder.

Estos desesperados fans preguntan cuánto les costaría entrar de último momento al Super Bowl XLIX. Y no: para ellos no será fácil ser parte del sueño. Los precios en la reventa oscilan entre los dos mil 500 y tres mil dólares, siempre con el riesgo de adquirir un boleto falso, de esos que se venden discretamente en los alrededores del estacionamiento.

Es una tarde de contrates: por un lado, están las gigantescas bocinas de los diferentes patrocinadores que retumban al compás las canciones de Katy Perry, la estrella pop que acaparará las miradas al medio tiempo.

Por el otro, el silencio con el que la guardia nacional y los sheriffs locales vigilan los accesos al inmueble. El Tío Sam sabe que hay un mundo que desearía arruinar su máxima fiesta deportiva.

Los filtros para acceder al Estadio de la Universidad de Phoenix incluyen la revisión de todo tipo de mochilas, perros entrenados para detectar explosivos y la prueba de autenticidad de los boletos o acreditaciones mediante el escaneo del código de barras.

Y están, por supuesto, los aficionados mexicanos. Hay quienes portan los jerseys de los equipos que contienden por la cima y otros a los que no les importa quiénes sean los protagonistas y se vistieron con la ropa de sus franquicias favoritas: Acereros de Pitttsburgh, Vaqueros de Dallas, Raiders de Oakland…

El humor mexicano, siempre presente, lleva a que uno de ellos lleve en la cabeza un balón desinflado como si fuera su sombrero. "A ver si me lo autografía Tom Brady", comenta juguetonamente...