AFTEROFFICE
cULTURAS

La artista que forjó sus manos en Siberia 

De origen polaco, Anna Zarnecki encontró en México un refugio
después de un campo de trabajos forzados en Siberia. Tenía 13 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.
Rosario Reyes
28 agosto 2017 1:4 Última actualización 28 agosto 2017 5:0
Anna Zarnecki

Anna Zarnecki, discípula de Alfredo Guati Rojo y Rodolfo Aguirre Tinoco (Foto: cortesía).

Tenía 13 años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Sus años adolescentes transcurrieron en medio del horror y la desesperanza, pero su espíritu se mantuvo firme.

Anna Zarnecki es una sobreviviente de un campo de trabajos forzados en Siberia. Pasó dos años en refugios, antes de llegar a México con su familia, como parte de los mil 500 polacos que el país acogió en 1943.

Tiene 91 años y ha sido testigo de cómo la guerra, entre sus múltiples consecuencias, cambió la geografía y, con ello, la historia de cientos de familias en Europa. Su natal Turmont, en Polonia, fue anexada a Rusia y Anna no volvió nunca, ni siquiera cuando inauguró una muestra de su obra pictórica en el Museo de Bellas Artes de Varsovia, en 1979.

“Todavía era tiempo de comunismo, entonces pensé ¿para qué voy?, ¿para qué me lleven otra vez a Siberia? Preferí no correr el riesgo”, cuenta en entrevista en su estudio, cercano a las instalaciones de la Cruz Roja, la institución humanitaria con la que ha colaborado durante casi medio siglo y con la cual tuvo un primer contacto cuando estuvo recluida en La Llave Negra, una comunidad rusa de trabajos forzados.

“Me estaba muriendo de hambre, el único alimento que teníamos era una olla de agua con harina. La señora de la casa donde vivía con mi mamá y mi hermana era de las viejas ricas a la que habían despojado de todo y se compadeció de nosotras; a diario nos daba un pedazo de pan y un vaso de leche”, comparte.

El invierno en Siberia era atroz. Los polacos recluidos en La Llave Negra tenían que cortar leña a temperaturas de hasta 50 grados bajo cero.

“Yo lloraba y se me hacían granizos de los ojos. Fue un tiempo muy difícil. Pasamos dos años en Siberia, hasta que se formó el Ejército Polaco del gobierno que estaba en el exilio, que se puso de acuerdo con Rusia para dejar en libertad a las familias de los hombres que estaban en la cárcel, si entraban al Ejército”, cuenta.

Eran 35 mil polacos los que encontraron refugio en distintos países. Antes de llegar a México, la familia de Anna Zarnecki vivió en campamentos de refugiados en Persia (actualmente Irán) y en India. Una larga travesía por el continente Asiático y el Océano Pacífico, hasta arraigarse en este país.

1
 

 

Anna Zarnecki

En Siberia recibió ayuda humanitaria de la Cruz Roja Internacional, que enviaba cajas con alimento y artículos personales a las zonas de conflicto.

“Eso me salvó la vida. Había azúcar, sal, conservas y algo de ropa, que vendimos para comprar harina y hacer pan. Era una felicidad tan grande recibir esa caja. He trabajado más 45 años en la Cruz Roja como voluntaria por agradecimiento. En las grandes catástrofes, la diferencia entre la vida y la muerte puede ser esa ayuda”.

ALTRUISMO Y DIVINIDAD

Zarnecki fue Presidenta Nacional del Comité de Damas Voluntarias y del Comité de Asuntos Internacionales; desde el año 2000 es Consejera Nacional del organismo.

Discípula de Alfredo Guati Rojo y Rodolfo Aguirre Tinoco, comenzó su relación con la Cruz Roja Mexicana a través del arte, recuerda. Fue en un evento en favor de esta institución que mostró por primera vez sus cuadros, en el primer bazar a beneficio, en la década de los 70. Ella fue quien tuvo la idea de hacer un evento de recaudación cada año.

Desde entonces se dedica a su vocación artística, en la que considera que hay una mano divina, pues la técnica del triangulismo que distingue su obra (consiste en crear imágenes a partir de triángulos), se le reveló al crear un cuadro de la Santísima Trinidad.

“Pinté un cuadro pequeño con el rostro del Sagrado Corazón y atrás un triángulo, representando la Santísima Trinidad. Entonces pensé ¿y si divido la cara en triángulos? Hice el cuadro, con triángulos muy tenues y las pinturas muy revueltas, pero me salió la cara muy bien. Fue la Santísima Trinidad que me indicó el camino”, comenta la artista, quien entre sus primeras piezas hizo un retrato de la Virgen de Czestochowa, patrona de Polonia.

Tengo más de 500 cuadros, muchos muy tristes porque son el reflejo de lo que he vivido; no me importa si lo pagan o no, hago muchas donaciones y si lo pagan, hay tanta caridad que se puede hacer. Mi abuelito me dijo hace muchos años: ‘cuando recibes un favor, lo tienes que pagar al doble’. Se me grabó y con mucho gusto hacía labor para la Cruz Roja; entre otras cosas, me tocaba armar paquetes iguales a los que recibía en Siberia

1
 

 

Anna Zarnecki

Anna Zarnecki es traductora y novelista. Su biografía, Polonia, viento y tinieblas, publicada por primera vez en 1982, acaba de ser lanzada en Amazon y está preparando la reedición de Luz en la tiniebla, basada en la vida de sus abuelos, que abarca desde la Revolución Rusa hasta la Segunda Guerra Mundial.

“Cada día me levanto con la ilusión de seguir pintando. Últimamente he bajado un poco el ritmo, desde que me operaron del corazón y después de la columna, que en vez de ayudarme, me dejaron peor y me cuesta caminar. Es muy bonito tener tanta obra, pero también necesito echarla afuera para que se conozca”.

Su trabajo se puede apreciar en el Poliforum Siqueiros, la Iglesia de San Agustín en Polanco, San Nicolás de Tolentino y Santa Rita de Casia en El Rosario, en la Ciudad de México, en la Casa Hogar Refugio de María en Toluca y en Claustro de Sor Juana, entre otros recintos.

“Tengo toda una vida entregada a México, en gratitud por lo que ha hecho por nosotros. Éramos mil 500 personas, entre ellas 450 niños huérfanos, que nos dieron permiso de vivir aquí hasta el fin de la guerra, pero solo 40 regresaron a Polonia, la mayoría nos quedamos, otros se fueron a Canadá, Estados Unidos y Argentina. Yo soy mexicana y he sido feliz aquí”.