AFTEROFFICE
fiesta brava

La ambición y la bravura, las claves del triunfo

Mario Aguilar y Arturo Saldívar, de Tauromagia Mexicana, fueron dignos representantes de un gran proyecto que ha dado magníficos frutos. Y hoy en la Plaza México no sólo rivalizaron entre sí mismos, sino que también entró en competencia Fermín Rivera.
Juan Antonio de Labra
07 diciembre 2014 22:47 Última actualización 07 diciembre 2014 22:52
Una aparatosa voltereta, de la que sacó una herida en la axila derecha, no fue impedimento para que se levantara Fermín Rivera. (Eladio Ortiz)

Una aparatosa voltereta, de la que sacó una herida en la axila derecha, no fue impedimento para que se levantara Fermín Rivera. (Eladio Ortiz)

Aunque la salida obligada de Sergio Flores del cartel frustró el reencuentro de los tres toreros de Tauromagia Mexicana, dos de sus integrantes, como es el caso de Mario Aguilar y Arturo Saldívar, fueron dignos representantes de un gran proyecto que ha dado magníficos frutos.

Y hoy no sólo rivalizaron entre sí mismos, sino que también entró en competencia Fermín Rivera, el primer espada de una interesante combinación que enfrentó un encierro de Xajay bien presentado y en el que hubo tres toros de nota alta.

Es verdad que la asistencia de público bajó un poco con respecto de tardes anteriores, pero ahí está la prueba de que sí se pueden confeccionar carteles atractivos, integrados únicamente con toreros mexicanos, como fue el caso de esta séptima fecha de la Temporada Grande de la Plaza México.

La tarde comenzó a pedir de boca con una faena recia y torera de Fermín Rivera ante un toro bravo, exigente, con el que el potosino se plantó muy de verdad para sacarle pases de mérito en los que brilló su fidelidad a un concepto clásico y elegante, que hoy tuvo mayor vibración.

Una aparatosa voltereta, de la que sacó una herida en la axila derecha, no fue impedimento para que se levantara y siguiera en la misma cuerda de torería, antes de matar de una estocada muy trasera para que le entregaran la primera oreja de la tarde.

Acto seguido, Mario Aguilar se contagió de esa raza de Rivera y rayó a gran nivel con otro toro bueno, con un excelente pitón izquierdo de calidad, que le permitió prodigarse en naturales de estupendo acabado. Muy asentado siempre, el hidrocálido consiguió trazos impecables, ligados en un palmo, que calentaron al público.

Se notaba que Mario estaba a gusto delante del toro, que tenía un buen fondo de nobleza y le permitió proyectar este toreo de sentimiento que ha sido una constante en una carrera que no ha tenido la continuidad debida para que este torero llegue a escalar al sito que le corresponde.
La estocada con la que rubricó su trasteo fue un digno colofón a la expresión que había manifestado y fue así como volvió a sonreír tras haber conquistado una oreja valiosa.

Al igual que sus compañeros de terna, Arturo Saldívar salió muy decidido a torear de capote al tercero, un toro castaño que fue deslucido y con el que estuvo inteligente, pero sin conseguir conectar demasiado con la concurrencia.

Los toros corridos en cuarto y quinto lugares fueron complicados. El de Rivera cambió de lidia en los primeros compases de la faena y acabó siendo incómodo, mientras que del de Aguilar, desarrolló sentido y lo obligó a estar valiente y técnico, jugándose el físico en todo momento.

Ya cuando la corrida había caído en un paréntesis de desánimo, saltó a la arena el sexto, un toro de nombre “Nuriesco”, que tenía preciosas hechuras –por armonioso y serio– y que embistió humillado y con clase hasta el final.

Arturo Saldívar lo recibió con unos mecidos lances a pies juntos y luego le hizo un vistoso quite por chicuelinas que mantuvo el ánimo del público, sobre todo porque el de Aguascalientes comenzó la faena con un ramillete de variados muletazos ante un toro que se arrancaba de largo y acudía a la muleta con mucho ritmo y recorrido.

Después de este inicio trepidante, Saldívar alcanzó los mejores instantes de la faena toreando por ambos pitones. Seguro, despatarrado, gustándose, le engarzó muletazos tersos que constituyeron una obra destacada, hasta que el viento comenzó a molestarlo un poco y el trasteo siguió por otros derroteros menos artísticos pero igualmente espectaculares.

Las dosantinas encadenadas en redondo y las bernardinas con las que abrochó la faena, tuvieron más enlace con el inicio y no con la parte medular del trasteo, lo que de ninguna manera menguó el entusiasmo de un público que sí le protestó la concesión de una segunda oreja, quizá por la falta de contundencia a la hora de matar, pues colocó tres cuartos de estocada trasera y desprendida.

Ojalá que los distintos jueces de plaza de La México pudieran normar un criterio más serio a la hora de conceder trofeos, pues entregarlos sin un punto de mayor exigencia termina por revertirse cuando el público protesta la concesión desmedida de aquellos apéndices que abaratan, de manera innecesaria, los triunfos de los toreros.

Al final del festejo el ganadero Xavier Sordo fue izado en hombros en compañía de Saldívar, mientras que Rivera y Aguilar abandonaban la plaza por su propio pie. Pero independientemente de esta imagen postrera.

Quizá lo más relevante fue que los tres espadas consiguieron triunfar, cada uno con su estilo, con los tres toros buenos de la ganadería queretana que volvió a demostrar que su meta es mantenerse en la búsqueda de la bravura, un bien escaso en muchas de las ganaderías mexicanas que suelen elegir las figuras extranjeras.

FICHA
México, D.F.- Plaza México. Séptima corrida de la Temporada Grande. Poco menos de un cuarto de entrada (unas 10 mil personas) en tarde agradable. Toros de Xajay, bien presentados, de hechuras, capas y juego variado, de los que destacaron 1o. y 2o. por su bravura y el 6o. por su clase, premiado con arrastre lento. Pesos: 497, 530, 500, 490, 495, 495 y 503 kilos. Fermín Rivera (lila y oro), que sustituía a Sergio Flores: Oreja y silencio tras aviso. Mario Aguilar (obispo y oro): Oreja y silencio tras aviso. Arturo Saldívar (tabaco y oro): Silencio y dos orejas con protestas. Destacaron en banderillas Alejandro Prado y Diego Martínez, que saludaron. Incidencias: Rivera sufrió una aparatosa voltereta en el 1o., de la que sacó una herida de cinco centímetros en la axila derecha. Pasó a la enfermería, donde le dieron varios puntos de sutura y salió a matar al 4o.Destacaron en banderillas Alejandro Prado y Diego Martínez, que saludaron. Al final del festejo Arturo Saldívar y el ganadero de Xajay, Xavier Sordo, salieron a hombros.

http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21172