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La Ali-Foreman, el gran golpe de Don King

El promotor de boxeo Don King tenía entre manos un golpe casi imposible, que, de lograrse, dejaría millones de billetes grandes a todos los que participaran en él. Sabía que los grandes duelos sirven para tejer el futuro y enriquecer el pasado. Este jueves se cumplen 40 años del mítico encuentro.
Mauricio Mejía
29 octubre 2014 18:34 Última actualización 29 octubre 2014 20:6
El gran golpe se dio. Ali derrumbó a Foreman en el octavo de aquel 30 de octubre de 1974. (AP)

El gran golpe se dio. Ali derrumbó a Foreman en el octavo de aquel 30 de octubre de 1974. (AP)

Como casi todo, este relato comienza con Shakespeare. Don King (cuyo peinado -según Norman Mailer- parecía electrificado por un ascensor que descendiera perpetuamente: el cabello subía y las palabras bajaban), iba vestido como si fuera a la ópera, el clásico smoking, camisa de pechera rizada y corbata de lazo. Comenzaba a abrirse paso como promotor de boxeo y, fiel a su estilo, lo haría a lo grande. Había sido jugador profesional en Cleveland después de abandonar sus estudios en la Kent State. Había hecho negocios (tan oscuros como él) en la lotería manipulando números y se había tomado cuatro años sabáticos en la cárcel después de un pleito de mala monta.

King era, sin embrago, un hombre con muchos talentos. No sólo tenía agallas para enfrentar a los apoderados blancos que dominaban la escena. También leía poesía y dramas de alto calibre. Tenía entre manos un golpe casi imposible, que, de lograrse, dejaría millones de billetes grandes a todos los que participaran en él. Sabía que los grandes duelos sirven para tejer el futuro y enriquecer el pasado. Aquiles-Héctor; Darío-Alejandro; Fischer-Spassky. El don llegó a ver a Muhammad Ali para sentarlo a negociar la pelea contra Foreman por el mundial de los pesados.

Ali –quien había perdido casi 10 millones de dólares por su decisión de no enlistarse al ejército- contaría después la impresión que le dejó el osado padrino: “Hablaba como un libro”. King le dijo, como si saludara al César: “¡Vive Dios! Después de la pelea (ante Frazier) el campeón necesita algo que le deleite el ojo y descanso del alma. El vasto panorama enaltece su triunfo”. Persuadía a Ali, con el gancho que a éste le fascinaba, el lenguaje. El carismático boxeador se dejó llevar. Respondió que George Foreman no aceptaría el duelo en Zaire. “Yo puedo convencerlo sin la menor duda”, respondió King. Y citó a Shakespeare como si bailara en el ring. Las palabras correspondían al Julio César: “Si el triunfo no se aprovecha en todo el viaje de su vida, conduce a bajíos y miserias”.

Luego, en secreto, dijo a uno de sus acompañantes. “Ali debe aprovechar la oportunidad, es la última. Ningún otro puede ofrecérsela”.
Foreman, por su parte, quería cobrar más que Ali para aceptar el pacto. 

A ambos les ofreció cien mil dólares en el momento de la firma. Y cien mil 15 días después. Y cinco millones en total. King, astuto, tenía un as bajo la manga. Convenció a Mobuto Sese Seko, líder de Zaire, de patrocinar la pelea para fomentar el turismo. Así pudo cumplir con las sumas. El gran golpe se dio. Ali derrumbó a Foreman en el octavo de aquel 30 de octubre de 1974.

Pero, diría el mismo Shakespeare (Macbeth): “Las palabras dan un soplo frío al calor de los hechos”.