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Kristaps Porzingins: la esperanza que llegó de Letonia

El jugador superó una anemia severa para convertirse en la estrella de los Knicks de Nueva York, que no llegan a playoffs desde la campaña 2012-13.
Alain Arenas
06 noviembre 2017 21:53 Última actualización 07 noviembre 2017 5:0
Letonia

(Especial)

La salida de Carmelo Anthony de los Knicks de Nueva York, previo al comienzo de la actual temporada, suponía un duro golpe para la organización. Fue el líder anotador en las últimas seis campañas y el emblema del equipo durante el último lustro. Pero la escuadra no resintió su salida, gracias a las buenas actuaciones del letón Kristaps Porzingins, quien ocupó su lugar en la quinteta titular y es el segundo mejor anotador de la NBA en lo que va del año, al promediar 30.2 puntos por partido, sólo por debajo de Giannis Antetokounmpo, de Milwaukee (31.0).

El scout Salvador Méndez supo de él en 2009 en Sevilla, cuando tenía 14 años. Medía 2.02 metros y pesaba 62 kilos. Recuerda que Sandis Vaskimisius –un antiguo amigo que vivía en Letonia– le mandó unos videos de los jugadores juveniles del BK Liepajas, el equipo más popular de aquel país y en el que Porzingis jugaba en la adolescencia. Su estatura y su buen tiro de tres puntos le llamó la atención. Poco tiempo después se conocieron.

“Había algo raro en él. En los videos se apreciaba que no jugaba muchos minutos pese a tener buenas cualidades”, comparte Méndez en entrevista para El Financiero.

El visor le consiguió una prueba con el Real Betis, de la Liga Endesa de basquetbol profesional de España, pese a que los directivos del club no lo conocían. Recuerda que sólo pudo entrenar 10 minutos. “Luego se detuvo, vomitó en la duela y nos hizo señas de que no podía seguir en el entrenamiento”.

Pese a su corta actuación, destacó por su presencia física bajo el tablero. Fue invitado a entrenar el resto de la semana con el equipo juvenil. Pero el agotamiento físico volvió a aparecer. Durante los siguientes días sólo pudo practicar aproximadamente 15 minutos, porque sufría mareos y vómitos. Los directivos dudaron si tenía el nivel para ser un buen prospecto. Le pidieron que regresara a Letonia y que en los siguientes días le comunicarían la decisión si se quedaba o no en el plantel. Parecía que el sueño americano del muchacho se diluía.

“Pero Juan Llaneza –entonces director deportivo del club– convenció al resto de los directivos de que tenía mucho potencial. Lo llamó, regresó al equipo y firmó un contrato. Juan estaba convencido que si se encontraban las razones de sus problemas físicos tendrían a una futura estrella”, cuenta Méndez.

Los doctores del Betis le hicieron todo tipo de pruebas médicas: radiografías, electrocardiogramas y exámenes de orina. Ninguno daba con la causa de su padecimiento, hasta que en una de las varias muestras de sangre que le sacaron le detectaron niveles bajos de hierro y ácido fólico. Sufría de un cuadro severo de anemia.

Los médicos lo sometieron a una dieta de verduras, carbohidratos y proteínas para curar el mal. Inmaculada Avivar –nutrióloga del equipo– le recetó un suplemento alimenticio que le ayudó a subir de peso. Funcionó a la perfección. En pocas semanas ya pesaba 100 kilos y medía 2.16 metros, afirma Méndez. Eso le permitió debutar con el equipo de cadetes en la temporada 2010-11. Dos campañas más tarde fue ascendido al primer equipo.

“La primera campaña en el equipo mayor tuvo un buen nivel, pero en la segunda se convirtió en un jugador dominante. No había quien le ganara en el tablero, tenía buen tiro de media distancia y comenzaba a clavar el balón. Muchos equipos de la NBA ya lo seguían. En los dos años que estuvo en la Liga Endesa fue incluido en el equipo ideal”, añade Méndez.

Porzingis dio el salto a la NBA en el Draft de 2015. Fue elegido por los Knicks como la cuarta selección global. Cuando se acercaba a recoger su jersey los aficionados de los neoyorquinos lo abuchearon al igual que a Phil Jackson –entonces presidente de operaciones del equipo–, quien fue el encargado de concretar su fichaje, al que veían como un disparate.

El letón cayó las críticas desde su temporada debut (2015-16). Se convirtió en el único jugador en la historia de la Liga en registrar más de mil puntos, 500 rebotes, 75 triples y 100 bloqueos. En su segundo año registró 18.4 puntos por encuentro, actuación que fue opacada por el mismo Carmelo Anthony, quien todavía era la estrella del equipo y registró 22.4 por cotejo. Sin él en la plantilla, el letón asumió el rol protagónica en la franquicia, que busca romper su mala racha de no calificar a playoffs en las últimas cuatro temporadas y que no levanta el título desde la 1972-73.

“Tomó clases de inglés en Letonia, por lo que no le costó trabajo adaptarse a Estados Unidos. Absorbe muy bien los consejos de sus entrenadores y ofensivamente no hay cómo detenerlo por sus capacidades físicas. El único aspecto en el que podría mejorar es su defensiva, la cual debe ser más fuerte. Si lo logra, tiene las características para convertirse en uno de los mejores jugadores europeos de la historia”, asegura Méndez